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La modista Cristina Domínguez ultima los detalles de un hábito en su taller de costura. Almeida
Tras el telón de la Semana Santa: la aguja de las modistas no descansa

Tras el telón de la Semana Santa: la aguja de las modistas no descansa

Ángela y Cristina son dos de los rostros que se esconden tras millones de puntadas en las telas de la semana de pasión salmantina: «Estamos durmiendo diariamente dos horas, pero lo hacemos con ilusión», afirman

María Regadera

Salamanca

Jueves, 28 de marzo 2024, 11:26

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En un taller repleto de rasos y terciopelos en el que no cabe ni una sola estampa más de las tallas salmantinas que han acompañado a generaciones y generaciones de salmantinos. Al fondo, Cristina Domínguez, conocida por muchos 'la modista cofrade', traspasa con su aguja y con delicadeza un capirote bordado. Sus ojos cansados denotan el sueño acumulado de semanas y recibe a LA GACETA con un «aquí llevamos toda la noche». Después de cuarenta años trabajando, la modista traspasa las fronteras del mundo cofrade salmantino. Este año ha trabajado para las hermandades de «El Baratillo», San Gonzalo y la Macarena de Sevilla.

«Estos días no tenemos horarios. El Domingo de Ramos salí con la Hermandad del Despojado y vine al taller después. A las cuatro de la mañana me fui a dormir y a las seis estaba de nuevo en el taller. Estos días estoy durmiendo dos y tres horas diarias», explica. Muchos salmantinos depositan la confianza en las manos de la modista para la elaboración de sus hábitos. Pero también las hermandades acuden a ella para materializar sus anhelos antes de su gran día. «De este taller saldrán este año los faldones del Pasión de la Hermandad Dominicana. También me han encargado elaborar las balconeras que lucirá la calle Rúa», afirma.

La hija de Cristina ultima los detalles para las salidas procesionales de estos días.
La hija de Cristina ultima los detalles para las salidas procesionales de estos días. Almeida

La modista comenzó a realizar los trabajos para Semana Santa en enero, al día siguiente de Reyes. «Mucha gente cree que basta con venir al taller de Cristina unos días antes. Trabajamos a contrarreloj para que todo este listo, pero hay que seguir unos estándares muy altos de calidad y en este trabajo se echan muchas horas», asegura. El momento más gratificante para ella en cada Semana Santa es poder ser partícipe de los cortejos de las hermandades a las que pertenece y ver en la calle el fruto de su trabajo: «La amistad que ganas con las personas y las relaciones que creas es lo más bonito. He hecho hábitos a niños pequeños que hoy son padres de familia. Yo he pasado ya tres generaciones», reconoce.

Un capirote de la Hermandad Dominicana.
Un capirote de la Hermandad Dominicana. Almeida

La remuneración económica en este tipo de trabajos no llega a cubrir el tiempo empleado en ellos: «Todos los años me puede la situación. Son muchas horas las que echamos y lo que termina compensando es la ilusión. La Semana Santa es un sentimiento y si no lo trabajas tal que así, no lo trabajas. Cualquier cosa que hagas es más rentable», afirma. A pesar de que las telas han aumentado sus costes, ella ha seguido manteniendo sus precios habituales.

Ángela Hernández trabaja de sastre, costurera, modista y diseñadora en un taller del barrio del Oeste. Trabaja desde hace diez años con algunas de las hermandades salmantinas. «Cuando trabajas con ellas de forma cercana conoces sus prioridades, intentas equilibrar la carga de trabajo con la cantidad de cofrades a los que tienes que vestir y comienzas en enero a organizar todo el trabajo», explica. La modista reconoce a este periódico que cada hábito nuevo se tarda en elaborar un total de siete horas: «El cliente llega al taller. Tienes que probar, tomar las medidas, cortar y lo que más tiempo lleva es rematar».

Ángela Hernández en su taller del barrio del Oeste.
Ángela Hernández en su taller del barrio del Oeste. Almeida

Ángela ha percibido este año la subida generalizada de las materias primas que utiliza en la elaboración de los hábitos. «Ha subido la luz que usamos para las máquinas, el transporte de las telas y el precio del algodón entre muchas otras cosas. Hay comentarios y situaciones en las que ves que hay personas que no valoran tu trabajo porque desconocen todo el trasfondo», afirma.

Ángela plancha uno de los trajes.
Ángela plancha uno de los trajes. Almeida

Hace especial hincapié en que «la correcta puesta en escena de una procesión es lo más importante. Cada persona tiene la responsabilidad de dar una imagen en la calle». El momento que más disfruta cada año es cuando sale a la calle y reconoce sus trabajos y cuando sale junto a su familia junto al Cristo Yacente, una devoción que le ha acompañado toda la vida.

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