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La turronera de la Alberca Paula Mancebo muestra un par de turrones artesanales en los soportales. almeida

Una tradición de cuatro generaciones en peligro: «Mi madre venía aquí ya durante la Guerra Civil»

Los soportales de la Plaza Mayor acogen esta tradición artesanal que han mantenido cuatro generaciones de familias de La Alberca, como es el caso de Paula Mancebo con 35 años de oficio

M.B.

Martes, 2 de diciembre 2025, 07:15

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Los soportales de la Plaza Mayor de Salamanca vuelven a llenarse estos días del aroma a miel y almendra tostada que anuncia la llegada de las turroneras de La Alberca, una estampa que forma parte del invierno salmantino desde hace más de un siglo. Cada temporada, sus puestos artesanos atraen a vecinos y visitantes, aunque hoy son solo cinco las mujeres que mantienen viva una tradición que antiguamente ocupaba casi todas las columnas de estos arcos de la Plaza.

Entre ellas está Paula Mancebo, que lleva 35 años vendiendo turrón en el mismo lugar donde ya se instalaban su madre y su abuela. «Mi madre venía en el 36, durante la Guerra Civil, y antes que ella ya estaba mi abuela», explica, subrayando la larga trayectoria familiar. A unos metros, Ana García también representa un linaje de cuatro generaciones dedicadas a este oficio. Con entre 20 y 25 años de experiencia en la Plaza Mayor, recuerda que su madre, su abuela y su bisabuela ya elaboraban y vendían turrón «mucho antes» que ella.

Ambas coinciden en que el relevo generacional está en peligro. «Esto se acabará. En La Alberca quedamos cuatro familias turroneras y no hay relevo», lamenta Paula. Ana, que no tiene hijos, admite que con ella podría terminar la tradición en su familia. Las nuevas generaciones han seguido otros caminos laborales, más estables y compatibles con la vida personal, y el oficio corre el riesgo de desaparecer cuando las actuales turroneras se retiren.

El trabajo, explican, es duro y exigente. Sus jornadas comienzan a las nueve de la mañana y terminan a las nueve de la noche, al aire libre y soportando el frío propio del invierno salmantino. «Cuando la gente disfruta de su tiempo libre es cuando más tenemos que trabajar», señala Paula. Fines de semana, festivos y vacaciones son precisamente los días de mayor venta, lo que dificulta mantener una vida familiar y social normal. «Es sacrificado, pero es lo que hemos hecho siempre», finaliza esta turronera de la Alberca.

Pese a ello, su producto sigue siendo tan apreciado como antaño. El turrón artesano de La Alberca se elabora con miel, almendra, azúcar y clara de huevo, siguiendo la receta tradicional, sin aditivos ni atajos. Las tabletas, cortadas a mano, se venden desde 6 hasta 24 euros según el peso. El turrón de almendra es el más demandado, pero también triunfan variedades como el turrón de nuez y las almendras garrapiñadas, finas y crujientes, que «vuelan» en cuanto se colocan sobre la mesa. A ello se suman mieles de la Sierra de Francia, que completan un surtido plenamente artesano y ligado al territorio.

Quienes pasean por la Plaza Mayor quizás no sepan que detrás de cada tableta hay historias de madres, hijas, abuelas y bisabuelas que, generación tras generación, han mantenido viva una tradición que forma parte de la identidad cultural de la ciudad. Hoy, esa herencia se sostiene gracias a la dedicación de las últimas turroneras, que continúan trabajando con orgullo y esfuerzo, aunque con la incertidumbre de no saber si esta estampa centenaria seguirá formando parte del invierno salmantino en las próximas décadas.

Con cada invierno que pasa, el futuro de las turroneras en los soportales de la Plaza Mayor parece más incierto, pero su presencia sigue siendo uno de los símbolos más auténticos del paisaje navideño salmantino. Mientras queden manos dispuestas a remover la miel, cortar el turrón a cuchillo y aguantar jornadas interminables la tradición seguirá viva. Y quizá, gracias a ellas aún haya esperanza de que esta dulce herencia centenaria no se pierda.

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