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Irene Gómez Cortijo, trasplantada de médula ósea tras ser diagnosticada con una leucemia linfoblástica aguda. CEDIDA
La salmantina a la que una donación le salvó la vida: "No tenía balas en la recámara"

La salmantina a la que una donación le salvó la vida: "No tenía balas en la recámara"

Irene Gómez Cortijo fue diagnosticada con una leucemia linfoblástica aguda en 2014. Fue trasplantada de médula ósea tras dos recaídas

Elena Martín

Salamanca

Jueves, 1 de junio 2023, 18:56

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Septiembre de 2014. La familia de Irene Gómez Cortijo recibe la peor de las noticias en forma de diagnóstico: sufre una leucemia linfoblástica aguda tipo B. Con apenas 14 años, tenía por delante el reto de asumir una batalla incesante. A su dolor y al de todas las personas que le rodeaban, se sumó el incómodo hecho de que toda la gente le miraba con cara de pena. Pese a ello, estaba segura de que no iba a morir.

«Como apenas tenía 14 años, no me daba cuenta de cuál era la gravedad del asunto. Lo pasé muy mal, pero el verdadero varapalo llegó a mi vida con la primera recaída. Tenía 18 años y había empezado a estudiar Enfermería. En ese momento, se me cayó el mundo encima. Tuve que dejar mi vida totalmente apartada», recuerda emocionada la salmantina Irene Gómez Cortijo, asegurando que, aquella vez, casi fue sometida a un trasplante, aunque los médicos apostaron por 'elegir' primero el tratamiento de quimioterapia o por un corticoides.

Pese a las numerosas horas de tratamiento a las que se sometió, no funcionó. En octubre de 2021, recayó por segunda vez y fue ahí cuando los médicos decidieron aplicarle una técnica de inmunoterapia Karp, la cual tampoco funcionó. «Al ver que ningún tratamiento funcionaba, sentí que no me quedaban balas en la recámara», rememora Irene Gómez, que, finalmente, fue sometida a un trasplante de médula ósea.

«En el momento del trasplante, sentí mucho miedo. Lo afronté como una cuestión de vida o muerte. Cada vez que veía a mis médicos, les decía que no quería morirme. Esperé por ese trasplante dos meses y medio y, entre medias, intenté congelar mis óvulos, aunque, debido a toda la quimioterapia que había en mi cuerpo, fue imposible hacerlo», afirma.

Después de haberse aferrado a la esperanza y de haber vivido todo lo que ha vivido, Irene Gómez Cortijo hace un llamamiento a todas las personas para que se animen a ser donantes de órganos: «Cuanta más gente se una a la red de donantes, mucho más probable es que una persona que esté buscando un trasplante lo encuentre. Yo estoy viva gracias a una persona. Cuantos más seamos, más vidas se salvarán».

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