01 diciembre 2021
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¿Qué va a pasar con nuestro hijo con parálisis cerebral? La desgarradora historia de estos padres salmantinos

Meyos y Fernando tuvieron a David en un parto con mellizos | Recibieron con el alta un diagnóstico que les “sonó a chino”

07 oct 2021 / 17:49 H.
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Mientras los sindicatos luchan por recuperar la jornada de 35 horas semanales, los padres de personas con parálisis cerebral saben que a ellos no habrá sindicato ni gobierno que les libre de las 168 horas semanales.

Así llevan 29 años. David llegó en un parto de mellizos. Delicado, como todos, pero aquí algo no iba bien. “Pesó solo 1,5 kilogramos y lo tuvimos ingresado 47 días muy fastidiado. Cuando nos dieron el alta y los papeles nos comentaron que tenía parálisis cerebral y nos quedamos... ¡Es que nos sonaba a Chino! Hace 29 años ni sabíamos que había niños con parálisis cerebral”, reconocen Meyos y Fernando.

Con todo el desconocimiento del mundo se llevaron a un bebé con parálisis cerebral a casa. “Pasamos años tan duros... Bueno, la verdad es que los años duros nunca pasan, pero nos unimos a la familia de Aspace, que es lo mejor que nos ha pasado en la vida”, reza Meyos.

La vida, no es que les haya cambiado, es que tiene poco que ver con lo que los demás entienden por vida, aunque dentro de la dureza todavía se sienten afortunados. Dentro de la parálisis cerebral hay distintos grados de afectación. La de David le permite ser un “apasionado del Barça que no veas”, pero también tener un enfado importante “por lo de Messi”. “Claro que sabe que se ha marchado y no le ha gustado”, apunta Fernando.

Gracias al trabajo de Aspace David interactúa con su familia: “Se comunica con gestos y tiene hasta su móvil y su táblet con la que sabe escribir y luego tiene un adaptador que se comunica con voz”, celebra Meyos.

Son pequeños detalles que para las familias se consideran enormes logros. “Aquí la lucha es diaria y cada pasito que avanzas es todo un éxito”.

Si le preguntas a cualquier familia que tenga entre sus miembros a alguien con parálisis cerebral, coincidirán al responder sobre su mayor temor: “¿Qué va a pasar cuando nosotros no estemos aquí o seamos demasiado mayores”.

Meyos reconoce que lo piensa “a diario” y entiende que “será duro como fue duro para él cuando empezó el colegio”, pero respira aliviada porque sabe que su hijo tendrá una plaza en la residencia de Aspace.

Mañana será otro día. Otras 24 horas de dedicación que para la mayor parte del mundo pasan inadvertidas y que Aspace lucha por visibilizar. De eso se trata.

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