31 mayo 2020
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Primera misa en la Catedral: hidrogel a la entrada, yincana entre bancos y comunión con mascarilla

La Catedral Vieja reabrió este lunes tras dos meses de espera por la pandemia sanitaria

18 may 2020 / 20:02 H.

La Catedral Vieja reabrió tras dos meses de espera por la pandemia sanitaria. Las campanas avisaban con fuerza. Veinte minutos antes de las doce, dos operarios de la basílica abrían la puerta de Santa Lucía, la más cercana a la entrada de Ieronimus, y sacaban un enorme letrero que separaba la entrada y la salida y recordaba el uso de mascarilla, el gel hidroalcohólico que un empleado echaba a los feligreses o que solo un gesto cuenta para dar la paz. En el interior, solo el retablo y las obras de arte recordaban a la antigua Catedral. La mayoría de los bancos precintados, y previamente desinfectados, y apenas 30 plazas señalizadas para que se sienten los feligreses de la ocupación total de 400 que permite el antiguo monumento catedralicio.

El Cristo de las Batallas, protector ante las epidemias, presidía el altar en una primera misa a la que María Humildad Tejerina fue la primera en llegar y sentirse "feliz" por volver a la Catedral Vieja, al igual que Yolanda García que confesaba que tenía "muchas ganas" de poder celebrar una misa de forma presencial. "En casa rezas igual, pero no es lo mismo...", razonaba mientras detallaba que mañana (por hoy) también traerá a su madre viendo que al menos el primer día no ha habido aglomeraciones. Siete fieles fueron los que estrenaron las misas en la Catedral, que serán todos los días a las 12 horas. La eucaristía no se alargó más de media hora y el deán, Florentino Gutiérrez, concelebró junto a otros canónigos manteniendo en todo momento la distancia social. Los cambios de la pandemia se mantenían durante toda la celebración: el lavado de manos con agua y jabón, sustituir el saludo de la paz por un gesto o acercarse a tomar la comunión en silencio y respetando la distancia de seguridad. El deán recordó que las puertas de la Catedral volvían a abrirse para escuchar la palabra de Dios y comer el cuerpo de Cristo, así como tuvo un recuerdo por todos los fallecidos por la pandemia y los 14 sacerdotes que han perdido la vida. "El Señor no nos ha olvidado", pronunció a modo de mantra.

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