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Ana Hernández, en el Teatro Liceo ante la imagen de Jesús Flagelado. ALMEIDA

El pregón reivindica a los jóvenes que creen sin complejos en la Semana Santa

Ana Hernández traza un pregón cargado de sentimientos que sortea la indiferencia

Martes, 19 de marzo 2024, 23:30

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Ana Hernández se ha plantado sobre el escenario del Teatro Liceo igual que hacía cuando con 12 años se ponía por primera vez el uniforme para desfilar por primera vez con la Banda de Música en Ciudad Rodrigo. Lo hizo con los mismos nervios, tal y como dijo, pero que nunca mostró sobre unas tablas llenas para escuchar a la periodista anunciar una Semana Santa en la que reivindicó «lo importante».

Lo hizo en un recorrido que comenzaba con el acompañamiento a La Soledad junto a su madre. «Siempre había algo por lo que pedir, algo por lo que dar gracias». Volvió a aquella España de la «dura primera mitad del siglo XX» para recordar como su madre llegó a Salamanca a servir «en una lucha diaria por salir adelante en la que la Semana Santa le aportaba esperanza y consuelo». «Aquella chavala luego nos contó —en referencia a su madre— que, en esas noches de Viernes Santo, teñidas de negro, se sentía menos sola, y un poco menos abandonada». Con ello reivindicó una Semana Santa que lucha contra la «soledad» y que sirva para hacernos «más humanos».

La pregonera se sirvió del testimonio de cofrades como guía a través de su discurso. Lo hizo a través de Tomás para traer al joven de la Vera Cruz que ha recibido la tradición y la traslada para llevar en silencio al Cristo de los Doctrinos. O el de Carmen, la cofrade de acera que va a todas las procesiones sin ser hermana porque le gusta el olor a incienso y cera mientras ve en la calle a sus imágenes. O el de Julio, José Javier, Vera, Andrea y Marco, ejemplos de jóvenes de los que puso de modelo para reivindicar una generación que «cree sin complejos en la Semana Santa». «Su manera de relacionarse se desenvuelve en un mundo digital. Son ellos y sus teléfonos inteligentes como una extensión del cuerpo. Dominan las redes y parece que siempre persiguen la inmediatez. Son universitarios. Yson cristianos. Ytienen fe», defendió con orgullo frente a los que tachan a su generación de «irreverente» y «egocéntrica».

Hernández invitó a descubrir una Semana Santa que es un antídoto contra la indolencia. «Nuestra Semana Santa acoge al cristiano convencido que se reafirma en sus creencias, y acepta a esas personas con fe vacilante, pero que no deja indiferente a quienes se dicen ateos o agnósticos. No dejara indiferentes a quienes se han olvidado de la existencia de Dios».

Con la imagen de Jesús Flagelado resurgiendo en el centro del escenario, la periodista reivindicó la diferencia de estilos en una Semana Santa que «ha encajado bien los contrastes». «La fe y la devoción no se miden según el tejido del que está hecho el hábito que se viste o el zapato que se calza». Yasí, recordó como la Pasión salmantina acoge desde la emoción que cala al ritmo de cornetas y tambores, a la banda de música o a la que se mece a través de un silencio «que convierten en oración y altavoz su fe» o «voces que levantan el ánimo como si buscaran un eco en el cielo con golpes de capataz».

Antes de ponerse el hábito, la pregonera invitó a «ponerse en el lugar del otro, del diferente», el poder de la fuerza de la hermandad, el encuentro, el perdón y a utilizar el antídoto de la humildad contra la soberbia y la arrogancia. Para ello, vio los 360º de la imagen de Jesús Flagelado: «Su espalda está desangrada por los golpes del látigo; pero a pesar del martirio desprende una enorme sensibilidad y dulzura que nos consuela. Como si quisiera calmar nuestra inquietud». El poema de Charo Ruano 'Ten cuidado hijo mío' puso fin a un pregón para dar voz a la madre que sufre y padece por el hijo y el amor del encuentro con el padre.

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