15 enero 2021
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“Matemos a los obispos”. La persecución de los curas en Filipinas, por un misionero salmantino

Dario Marote relata la persecución y asesinatos que sufren los sacerdotes en Filipinas por defender a los jóvenes que son acribillados por los escuadrones de la muerte. El presidente Duterte les tiene en la diana

Arquitecto, artista, sacerdote y misionero. Darío Marote podría representar en pleno siglo XXI el paradigma de hombre del Renacimiento. Vuelve a su ciudad natal con una exposición en la iglesia de la Purísima que durante todo el mes de diciembre (de lunes a sábado de 11 a 14 y de 17 a 20 horas y los domingos en horarios de misas) tratará de recaudar fondos para ayudar a los jóvenes de Filipinas a salir de la calle. Un lugar donde literalmente se juegan la vida tanto ellos como los sacerdotes que les defienden, entre los que está Darío.

“En nuestra archidiócesis fueron asesinados tres sacerdotes”

El presidente Rodrigo Duterte ha lanzado una ofensiva contra la Iglesia católica, credo al que pertenecen la mayoría de sus habitantes. “Lanza misivas del calibre «Matemos a nuestros obispos» que desgraciadamente no son solo palabras. En nuestra archidiócesis de Pangasinán fueron asesinados tres sacerdotes. Los sacerdotes y religiosos somos perseguidos y asesinados solo por criticar y denunciar a los escuadrones de la muerte que matan a jóvenes de la calle a sangre fría”. El misionero salmantino describe con perfecta nitidez la forma de actuación de un tipo de grupos paramilitares que siembran el pánico por donde pasan. “Van en motocicletas con metralletas y sin ningún tipo de juicio, declaración o arresto asesinan a sangre fría a jóvenes. Hemos visto y sufrido a jóvenes que han sido matados y asesinados en nuestras propias casas, igual que sacerdotes y obispos que lo han defendido”.

“Los escuadrones de la muerte van en motocicletas con metralletas y sin ningún tipo de juicio asesinan a sangre fría a jóvenes por la sospecha de que consumen droga”

Mientras esta situación se mantiene, los traficantes de la droga continúan sin freno. “Con la sola presunción de ser sospechosos de consumo de droga, miles de jóvenes están siendo asesinados por estos escuadrones de la muerte sin previos juicios, mientras vemos como los grandes traficantes de droga quedan impunes”, relata. El arzobispo de su archidiócesis, durante años presidente de la Conferencia Episcopal de Filipinas, fue duramente amenazado “por definirse en contra de estas matanzas organizadas por el gobierno”. “La Iglesia trata de vivir su compromiso misionero como defensora de la dignidad y los derechos humanos y denunciando las injusticias para ayudar a superar la situación opresiva en la que viven tantas personas”, incide. “Solo en nuestra archidiócesis fueron asesinados tres sacerdotes”.

El surgimiento del terrorismo yihadista

La violencia también tiene en el yihadismo islámico una de sus fuentes más importantes. En Mindanao ha entrado el ISIS y con ellos una ola de terrorismo que también está repercutiendo en los sacerdotes. “Hay una escalofriante escalada de violencia. En 2018 fue declarado el estado de sitio en Marawi donde fue prácticamente destruida la ciudad en respuesta a los ataques de los grupos islamistas. 2019 tuvo el atentado a la Catedral de Jolo en Zulu donde murieron 27 personas”.

“Muchas personas viven en la miseria más absoluta ‘sobreviviendo en basureros”

El misionero salmantino no duda cuando le preguntan por la imagen más impactante que vivió en una rutina que provoca que por momentos se le quiebre la voz. Acababa de llegar a Filipinas y pudo comprobar como los basureros de la metropoli de Manila eran el hogar de miles de personas. “En los alrededores portuarios hay miles de familias hacinadas en basureros que literalmente comen y beben de la basura. Sobreviven, si se puede emplear ese término, entre los margenes de los railes de los trenes o de los puertos y mueren hacinados cuando todas esas montañas de basura se derrumban por un tifón o una catastrofe”. Precisamente, esos núcleos de población son también los afectados por las organizaciones criminales para captar jóvenes e incluso por los grupos del gobierno. En esos puntos también trabaja Marote junto a otras muchas organizaciones para tratar de dar un futuro a unos niños “completamente desamparados”. “Es la Iglesia la que se ocupa de esos niños y jóvenes en sus mismos círculos”.

Fondos para becas de estudio para los jóvenes

Los fondos obtenidos con los cuadros realizados por el misionero salmantino irán dirigidos a crear becas de estudio para los más jóvenes. En la zona donde están trabajando en la actualidad basa su economía en el arroz. Las familias que pueden llegar a tener hasta quince hijos no pueden permitirse pagar la educación de todos sus hijos, por lo que la dinámica habitual es que uno de los jóvenes salga del país y ayude económicamente a su familia. Para tratar de ayudar a la educación de los jóvenes estas becas tratan de facilitar la vida normalizada de la mayor parte de estos jóvenes. “Trabajan de sol a sol en los campos de arroz por menos de 65 pesos (lo equivalente a un euro) haciendo cestos con cañas de bambú. Todo lo que obtengamos además sirve para que podamos ayudar a que tengan unos servicios mínimos”.

“El país de las mil pandemias”

La crisis mundial del coronavirus ha sido la puntilla para un país al que castigan todas las pandemias. “Yo mismo he tenido dos veces el dengue hemorrágico que si no te lo cogen a tiempo corres el riesgo de morir. En Filipinas hay dengue, tifus y también coronavirus. En un país donde si no hay recursos tienes que llevar hasta las bolsas de sangre para la operación, se pueden imaginar como es la sanidad”. Uno de los ejemplos es el pozo de agua potable que tardaron en construir dos años y que fue un sustento para miles de personas que hasta entonces tenían riesgo de contraer muchas enfermedades por la ausencia de agua potable.

“No tengo miedo, nuestra vida está para entregarla”

Tras el tiempo que pasará en Salamanca, Marote regresará a Filipinas donde ha permanecido gran parte de su etapa misionera. A la pregunta de si tiene miedo a volver con las circunstancias actuales del país, no duda. “No tengo miedo. Es nuestra misión y nuestra vida está para entregarla. Somos misioneros y queremos seguir viviendo siendo misioneros”, reflexiona a sus 66 años, consciente de los riesgos: “A veces, los misioneros viven una muerte cruenta, otros entregan su vida en silencio...”

“En los alrededores portuarios hay miles de familias hacinadas en basureros que comen y beben de la basura. Cuando estas montañas caen, mueren hacinados”

Trabajando junto al Papa Francisco en Argentina

Los estudios de Arquitectura le obligaron a trasladarse a Madrid cuando concluyó el primer COU mixto en el instituto Lucía de Medrano. Abrió su horizonte con los viajes del interrail a través de Italia, Grecia, Turquía y Europa del Este. Comenzó su vocación a través de la fraternidad misionera ‘Verbum Dei’ donde se formaría en centros misioneros españoles y en Roma. Tras participar en la Jornada Mundial de la Juventud más masiva que se recuerda, pasó siete años en la isla de Cebú preparando una nueva generación de misioneros de distintas partes de Asia, Japón, Malasia, Singapur, India y Australia. El siguiente pasó le llevó a Argentina donde coincidió con el arzobispo Bergoglio, el actual Papa Francisco. “Todas las líneas maestras que lanzó en su pontificado para proponerlas al servicio de la Iglesia universal se fueron gestando entre la gente pobre. Allí aprendí a evangelizar con ellos en un corazón pobre”. En el año 2015 volvió a Filipinas donde desarrolla su misión. El reto se encuentra en “recuperar la dignidad del ser humano”.

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