14 agosto 2020
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Luis Ángel González, gerente del Complejo Asistencial de Salamanca: "Hemos aprendido que debemos seguir con la restricción de acceso al Hospital"

21 jun 2020 / 18:10 H.

Luis Ángel González refleja dolor cuando recuerda los peores momentos de la pandemia. Dolor por las personas que han fallecido, dolor por cómo ha afectado a sus compañeros y dolor por no saber en esos momentos lo que se conoce tres meses después sobre el temido virus. El gerente del Hospital, licenciado en Medicina en Cirugía por la Universidad de Salamanca, también se siente orgulloso porque se anticiparon a los planes y nunca se vieron desbordados y sin camas, sin puestos de UCI o sin material de protección, aunque debido a los robos, los primeros días también escaseó.

–¿Vieron en los meses de enero y febrero extrañas neumonías que podrían ser COVID?

–Estábamos en plena fase de epidemia de gripe y el feedback que teníamos del Ministerio y de organizaciones sanitarias no era alarmante. Tampoco podíamos tomar nosotros las decisiones de analizar los casos porque los primeros protocolos que nos enviaron nos obligaban a pedir permiso a Epidemiología y Salud Pública, para ver si el caso entraba dentro de estudio y se le podía hacer la PCR. Bajo mi punto de vista teníamos que haber empezado a analizar ya esos casos. Lo digo a toro pasado, pero sí que tuvimos casos y declaraciones del personal de Urgencias o Neumología de que veían neumonías complejas que seguramente serían casos COVID porque el origen no era el habitual, el comportamiento tampoco y la evolución era agresiva. Hablamos de febrero.

–¿Cómo ha quedado el Hospital tras la pandemia?

–Percibo cansancio físico y psicológico, pero también responsabilidad de que debemos seguir dando asistencia al área de salud de Salamanca y a las zonas para las que somos referencia. La vuelta a la normalidad está siendo compleja porque nos obliga a cambiar la forma de trabajar. En nuestro hospital, arquitectónicamente, es muy difícil lograr ese doble circuito y tener un microhospital COVID dentro del mismo edificio.

–Precisamente por eso, ¿van a limitar las visitas de nuevo?

–Tengo claras las cosas que hay que aprender de esta crisis y una de las cosas que se hacían mal era la afluencia masiva que se daba al hospital. Lo bueno es que eso no va a ocurrir en el nuevo Hospital porque tiene muy clara la definición de circuitos de pacientes por un lado, y por otro de visitas. El acceso a zonas críticas está totalmente bloqueado. No se puede entrar salvo que desde el control de Enfermería lo permitan. La información a familiares ya se va a dar fuera de la zona de hospitalización y en ningún momento los circuitos de pacientes y profesionales se mezclan con el de las personas. En la desescalada se contempla la restricción de acceso y movilidad en el Hospital. De cara al futuro lo vamos a mantener desde el equipo directivo. No podemos volver para atrás y debemos usar otro sistema de información para los familiares.

–Hay especialidades que han cargado con gran parte del peso de la pandemia, mientras otras lo han visto más desde la barrera. ¿Puede generar eso resquemores internos?

–Nosotros teníamos un hecho epidemiológico ligado a un cuadro infeccioso que genera una clínica que debe ser asumida por Medicina Interna o Infecciosas. Este servicio ha entrado en bloque. Después intervinieron otros servicios por ese cuadro, como Neumología u otras especialidades que han contribuido a los equipos COVID. Dentro de ese equipo estaba la parte de apoyo que eran los MIR de último año o especialidades quirúrgicas con menos experiencia en este tipo de patología que hacían labores de apoyo en comunicación con pacientes o coordinación con Enfermería. Todo estaba planificado y lo estructuraron bien porque en un día tuvimos hasta 57 ingresos. Eso es abrir en 24 horas tres plantas. Nos obligaba a generar más grupos COVID y ocasionaba distorsiones al repartir efectivos, pero son distorsiones como que en un grupo podía haber predominio de MIR y no de adjuntos, pero rápidamente se corrigió. Fuimos mucho a UCI y a las plantas, sobre todo el director médico Pedro Gómez de Quero, que prácticamente trasladó su casa al Hospital, y nunca percibimos esa sensación.

–Se habilitaron más de 90 puestos UCI, aunque algunos respiradores eran para salir del paso.

–Además de los respiradores que tenemos, manejábamos en nuestro plan saltar a la REA, donde hay equipos de soporte que mantienen a los críticos aunque quizás no tan especializado. También estaban los quirófanos, que todos tienen un equipo de anestesia para intervenciones de varias horas, pero es que dentro del triaje que se hace a los críticos, no todos los cuadros son de igual intensidad. Para un tipo de cuadros el respirador puede no requerir características tan complejas. Ahora ese problema está resuelto porque ya tenemos toda la dotación de UCI del nuevo Hospital. Fue una lucha en la fase crítica porque teníamos casi 30 respiradores adjudicados a General Electrics, pero coincidió con el bloqueo de aduanas de Estados Unidos y aquí tuvo que intervenir hasta el presidente de la Junta para desbloquear esos respiradores que eran nuestros, y los queríamos aquí ya. Ya están aquí y también toda la monitorización en UCI. Si hubiera un rebrote estaríamos mejor equipados que hace meses.

–¿Y en cuestión de personal?

–Tenemos previsto un refuerzo de plantilla y prácticamente todos los contratos que hicimos por el COVID, que fueron 629 -un 25% más de plantilla-, han renovado el contrato hasta octubre. Nos ha venido bien para que los profesionales puedan descansar. Estos contratos llegan casi todos hasta octubre, cuando tendremos una referencia más o menos clara de la posibilidad de sufrir un rebrote.

–¿Se han tenido que tomar en Salamanca decisiones sobre atender a un paciente u otro?

–Es un tema que desde el punto de vista social genera mucha sensibilidad. Se tuvo en cuenta, además de los documentos de triaje y derivaciones, unos protocolos ajustados a evidencias científicas. Era definir quién reunía las características, pero no solo por edad, que era un factor más dentro de los 6 u 8 elementos a tener en cuenta para decidir si una persona entra en un determinado tratamiento. Se siguió de forma estricta y no hubo que usar criterios más forzados porque en ningún momento nos quedamos sin puestos. En todo caso, hemos tenido a muchísimos pacientes de residencias en UCI. Si alguien tenía que pasar a UCI no se miraba si venía de residencia, sino los criterios de ingreso. Si se ajustaban pasaba y si no, no.

–¿Creen que existe riesgo de reinfección en pacientes COVID?

–Pues es una de las grandes preguntas y sí hemos tenido algún caso. Que yo sepa han sido dos, pero son casos de gente que habría desarrollado anticuerpos y luego ha vuelto a presentar un cuadro COVID o ha vuelto a dar PCR positiva. Se tiene que investigar más y además todos los servicios que han estado en primera línea están desarrollando proyectos de investigación. En otros tipos de coronavirus la inmunidad perdura en el tiempo pero se está analizando y deseo que esta sí perdure.

–Desde el inicio quedó la sensación de que en Salamanca se hacían menos PCR que en otras provincias.

–Es que la gente debe tener claro qué es cada prueba y para qué sirven. Nosotros empezamos haciendo PCR, que tenían que ser autorizadas y que no las hacíamos nosotros, sino que las enviábamos a Majadahonda. Cuando Majadahonda no podía más se habilitó a otros hospitales. Uno de los mayores problemas fue fiarnos en exceso de la PCR. Si era negativa, dábamos por hecho que no tenían COVID. Eso es mentira porque a lo mejor la prueba se hizo mal. Para la toma hay que meter el hisopo a fondo y es doloroso. Si el paciente se queja a lo mejor no seguían más, pero es que había seguir. Eso nos ha pasado. Entraron pacientes con PCR negativos y parecía que había tranquilidad. Luego debutaban con COVID positivos y teníamos que aislar a 20 positivos. Después pasamos a los anticuerpos totales, a los test de cribado rápidos y a la técnica ELISA. El Hospital tiene una capacidad para hacer entre 800 y 1.000 pruebas ELISA si tenemos reactivos, porque hemos tenido problemas de suministro. Nuestro jefe de servicio es muy meticuloso y ahora tiene ya un remanente de PCR y de test ELISA bastante importante. El mayor o menor empleo de PCR en Salamanca vino marcado por los protocolos que desde Sanidad nos suministraron. Los seguimos a rajatabla. Después, a mediados de marzo, se empezó a abrir el abanico. Tendríamos que haber abierto ese abanico mucho antes. Nos tendríamos que haber fiado más de la clínica y la evolución de los pacientes, que de los protocolos: “Si no has estado en Wuhan o Lombardía es que no”.

–¿Cuántas mascarillas fueron robadas del Hospital?

–Pues aproximadamente el 40% del stock que teníamos. Me acuerdo perfectamente porque fue uno de los peores días que he tenido. Yo no era capaz de entenderlo. El miedo es libre, pero que en un fin de semana desaparezca el 40% de la dotación de EPIs de un hospital... Es verdad que el sistema de gestión de EPIs que teníamos, que ya lo hemos cambiado, tenía un pacto de consumo para que se pudieran coger las que necesitaban y se iban reponiendo. Pero ese fin de semana fue algo increíble. No eran tres en un bolsillo, sino miles en cajas y cajas. Aquello provocó un problema de gestión que fuimos arrastrando hasta el 18 de marzo, cuando se empezó a reestablecer el suministro. Nos generó un déficit de recursos pero nunca nos quedamos en ‘cero’ EPIs. Hubo escasez y eso no se puede negar. Por ejemplo, en cocina se recepcionaban los platos de la gente de planta. Tuvimos que cambiar: decidimos usar platos de usar y tirar para que no lleguen a cocina y así podemos lograr que estos profesionales, que ahora ya sí están con EPIs, no los necesitaran en ese momento. Luego ya reestablecimos el tema de la vajilla, pero tuvimos que inventar muchas fórmulas.

–Se ha garantizado que, si hiciera falta, se usaría la UCI del nuevo Hospital, pero ¿habría camas también para hospitalizar?

–Al nuevo Hospital le falta el plan de dotación, sistemas básicos de control, etc..., pero una cosa es no poder meter ya a pacientes y otra cosa es una situación de emergencia. Garantizo que ningún paciente de esta área de salud habría ido a una tienda de campaña, sino que habría tenido su puesto UCI o su habitación en el nuevo Hospital. En una situación de desbordamiento los permisos y las licencias son tan fáciles como decirle a quien tenga que dar el permiso: ¿Usted prefiere tener al paciente en la explanada de Enfermería o en un edificio aunque aún no está completo? Teníamos 130 camas preparadas gracias a que hace unos años se renovaron las del Clínico y las que se sacaron se dejaron almacenadas. Estaba previsto que si hubiese sido necesario, la planta 5ª y 6ª del ‘bloque A’ habrían sido habilitadas.