04 agosto 2020
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Los vándalos regresan a los baños de la nueva estación de autobuses

El gerente de la estación de autobuses lamenta que tras tres meses con las instalaciones inmaculadas, se han encontrado pintadas incívicas en los baños de la nueva estación. “Te entran ganas de llorar”, exclama

14 jul 2020 / 19:13 H.

Los 100 días del estado de alarma han supuesto un alivio en la acción de los gamberros sobre la estación de autobuses. Pero el regreso a la ‘nueva normalidad’ también ha supuesto el regreso de los gamberros y los vándalos a la estación. “Estaba toda la estación impecable y reluciente. Daba gusto porque así pensábamos todos los empresarios que debería estar todo el año”, explica el gerente de la estación de autobuses, Andrés Sánchez. Sin embargo, como si del despertar de un sueño se tratase la semana pasada se encontró de nuevo con los baños destrozados, una situación que ya había vivido nada más estrenarlos en el mes de septiembre del año pasado.

Sánchez lamenta que en el momento de reactivarse la actividad se encontraron los lavabos “completamente pintados”. “Es una verdadera pena. Ya los hemos limpiado pero dejan una imagen muy fea de la estación después de tanto trabajo y la millonada que se ha invertido”, reconoce el gerente. En este sentido, lamenta la dificultad para hallar los culpables ya que no se pueden colocar cámaras en el interior de los aseos y resulta muy difícil controlar a todos aquellos que acuden a los lavabos de las dársenas. Salvo que se les ‘pillara’ en el acto, localizarles después resulta una tarea prácticamente imposible. “Te entran ganas de llorar o de cualquier cosa. Pero sobre todo da asco como hay gente que se dedica a destrozar lo que tanto esfuerzo cuesta simplemente por vicio”, señala.

Por ello, vuelve a insistir en mandar un mensaje a la ciudadanía de que si observa un comportamiento incívico lo denuncie al instante para que se localice a los culpables. Las pintadas se limpiaron al día siguiente, pero no el cabreo por la sucesión de gamberradas. Hay que recordar que nada más renovar los espacios se encontraron con la rotura de los inodoros y lavabos y el robo de la grifería, los detectores de presencia y las luces halógenas. La gerencia señala que se trata de incrementar la presencia de los vigilantes de seguridad en las zonas más complicadas, aunque señala que la primera actitud debería ser “acabar con el incivismo”.

Las nuevas instalaciones sufrieron a principios de año goteras y roturas en las puertas de los andenes

A pesar de que las obras de la estación de autobuses se podían dar prácticamente por concluidas en el verano del año pasado, la sucesión de incidencias no ha permitido que estuviera a punto al 100%. A principios de este año, la Junta tuvo que intervenir y pedir a la empresa adjudicataria que resolviera varias incidencias como la aparición de goteras o fallos encontrados en los mecanismos de algunas puertas. En el caso de las humedades se debió a las perforaciones que se realizaron para la instalación de los diferentes sistemas de ventilación y climatización de la cubierta.

Retrasos y aplazamientos de las obras. Las obras de la estación de autobuses supusieron un verdadero quebradero de cabeza para empresarios y usuarios del transporte. Aunque la intención de la Junta de Castilla y León siempre fue facilitar la conciliación entre el mantenimiento de los viajes con la reforma, en la práctica supuso un trastorno e incomodidades para trabajadores y viajeros. El primer verano de los trabajos se estrenó con retrasos evidentes y con el ruido de talados y excavadoras entre el trasiego de los visitantes. “Lamentamos las incomodidades y trataremos de reducirlas lo antes posible”, se convirtió en un mensaje repetido a modo de mantra por la Consejería de Fomento, consciente de los problemas que ocasionaban los trabajos hacia el objetivo de crear una estación de autobuses más moderna y eficiente frente al envejecido edificio inaugurado por Salvador Sánchez-Terán en el año 1975.

Con el final de la obra prácticamente finiquitado se sucedieron los retrasos. Primero, los dos nuevos negocios que obligaron a modificar el plan de obra inicial. Posteriormente, los problemas con la incorporación de un transformador de la electricidad, no previsto. El plazo final de junio de 2019 no se cumplió, según justificaba Fomento, por la “necesidad de paralización de las obras en momentos de máxima afluencia de viajeros a las instalaciones”. Tras muchas demoras, el objetivo es que las gamberradas desaparezcan y que la inversión de 4,2 millones se traduzca en una estación moderna, eficiente y con un sistema de seguridad para los viajeros.

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