29 octubre 2020
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Los turistas que han disfrutado de una Salamanca con los monumentos vacíos

Residente en Zamora, Héctor viajó el viernes para ver a Verónica, que estudia en Salamanca. Aprovecharon para hacer turismo y disfrutar de una ciudad desconocida

Apenas había vida este sábado más allá de la Plaza Mayor de Salamanca. Solo había que pasear por la Rúa, llegar a la plaza de Anaya y recorrer las calles Libreros o Compañía para darse cuenta que con el confinamiento han caído en picado los turistas. La puntilla para un sector muy perjudicado que no ha conseguido levantar cabeza.

El viernes, antes de que se produjera el “cerrojazo” de la ciudad, Héctor viajó desde Zamora para encontrarse con Verónica, que estudia en Salamanca, y disfrutar juntos del fin de semana. Probablemente este será el último sábado que pasen juntos hasta el 31 de octubre. “Me voy hoy mismo por si luego no puedo”, decía con miedo Héctor, e insistía en que el lunes tenía que trabajar en Zamora. Los dos jóvenes reconocían que estaban asombrados por lo vacío que estaba el casco histórico de Salamanca, aunque a ellos les beneficiaba que no hubiera apenas gente porque así podían disfrutar casi en exclusiva de su paseo turístico por la ciudad.

Este sábado lucía solitaria la visitadísima fachada de las Escuelas Mayores de la Universidad de Salamanca y raro era encontrarse con turistas en el recorrido por Ieronimus. Apenas una veintena de personas ascendió a las terrazas de la Catedral en la mañana de este sábado. En ese grupo reducido estaba una pareja de turistas de Zaragoza. De los pocos que se atrevieron a venir en estas condiciones. Tenían planeado el viaje desde hace tiempo y decidieron no cancelarlo pese a las restricciones ya que el hotel que tenían reservado estaba dentro de la ciudad y, por lo tanto, podían moverse por ella sin problema.

Una pareja de Zaragoza estaba entre los pocos visitantes de Ieronimus, donde había más de un salmantino

Sara y Carlos también pasearon ayer por Ieronimus como dos turistas más aunque reconocían que eran salmantinos. “Pensamos en hacer un plan diferente ya que no habíamos venido nunca”, comentaron a la vez que mostraban su sorpresa por ver la Catedral prácticamente vacía.

Casi desierta también estaba la plaza de Anaya. Aunque el sol del mediodía animaba a disfrutar de la dorada piedra de Villamayor desde las terrazas de la zona o de paseo, pocos eran los que se animaron. “Hay muy poca cosa, pero es lo que nos queda”, lamentaba una comerciante de una tienda de regalos de la Rúa, que no podía ocultar su preocupación porque este confinamiento es la gota que colmó el vaso.

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