06 agosto 2020
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Los emotivos reencuentros entre familiares en las residencias salmantinas después de tres meses

Elena, María y Paco han podido volver a visitar a sus padres | La emoción a dos metros tras un cordón de seguridad suplió la ausencia de abrazos

18 jun 2020 / 17:15 H.

A veces. Solo a veces y bajo circunstancias muy excepcionales una mirada puede cubrir un beso. Incluso un abrazo. Elena llevaba preparándose para este momento tres meses. Su madre, Pepita Martín, había cumplido por primera vez años sin el calor de sus nietos. No se acuerda de sus nombres y apenas recuerda que todos juntos le enviaron besos a través de una pantalla y soplaron las velas en la distancia. Ayer volvieron a verse cara a cara. A dos metros de distancias, sin abrazos y bajo un importante protocolo de seguridad. Elena lanzaba los besos y Pepita los recogía. "Me tiraría a abrazarla y la comería a besos ahora mismo. No quiero saber cómo va a ser cuando pueda abrazarla", expresa la hija en una pequeña pausa de los 30 minutos que tiene para estar con su madre.

Pepita apenas habla y responde con titubeos a las preguntas. Elena se siente satisfecha con la mirada y que aún reconozca que es su hija la que viene a verla. "Es el momento más bonito que he vivido en estos tres meses", confiesa la hija mientras saca fotos de los nietos y le recuerda que, a través de vídeo llamada, han estado muy presentes durante el confinamiento. "Solo con la mirada es suficiente. En sus ojos está la vida".

Para María Leonides también era la primera vez que podía ver a su madre. La última vez fue a finales de febrero y recuerda como la Residencia Fidalgo Morales se adelantó interrumpiendo las visitas. "Lo más importante es que están sanos". Al igual que Pepita, Isidora Calzada también tiene un importante deterioro cognitivo. Apenas habla, aunque reconoce la llegada de su hija. "Lo hemos pasado muy mal porque las primeras llamadas nos decía que si nos habíamos olvidado de ella", reconoce. "Te queremos mucho", le repite apoyada en el banco que sirve de separación. "Estás como un sol de guapa", le repite mientras le dice lo que toda la familia "le ha echado de menos". "Esto pasará pronto", le reconoce. Los terapeutas reconocen que los residentes echan de menos el contacto físico. "Están acostumbrados a tener la mano cogida del familiar durante todo el tiempo que les visitaban".

Durante meses, Paco se ha apoyado en la verja del exterior de la residencia para poder ver a su madre. "Tuvo un ictus y a veces no recuerda las cosas o tiene cambios de humor, pero hemos venido a verla desde el exterior", reconoce. Su madre, Irene Calzada, lo asume. "Todos los días han venido. No han faltado ni uno". Aunque a veces la demencia hacía que las respuestas no fueran las esperadas y estuviera "cabreada".

No todos han podido recibir la primera visita. Juan Francisco García ingresó en la residencia solo un mes antes de que la pandemia hiciera efecto. Aunque hoy recibirá la visita de su hermana, su sobrino, Lorenzo, le espera apoyado en la verja del exterior para charlar un rato con su tío. "Estoy deseando poder salir a pasear porque se me está haciendo un poco largo y poder ver a los míos". Su sobrino le pone al día. También a Germán Tabernero y a Serafina Laso les visitarán hoy sus familiares. El matrimonio ha vivido conectado con sus parientes a través de la 'tablet' y las vídeoconferencias. "Les echo mucho de menos", confiesa Serafina que lamenta no haber podido acudir al funeral de su hermano, fallecido durante la pandemia. "Sabemos que están bien y nosotros también lo estamos que es muy importante", confiesan. La media hora pasa volando. Elena lanza un abrazo. Pepita lo recoge. El día que hubo cien besos en una mirada.

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