22 septiembre 2020
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Los efectos de la crisis: El Comedor de los Pobres abre en agosto por primera vez en su historia

La organización descarta el cierre este mes por la imposibilidad de derivar a 250 usuarios a los que da menús diarios

09 ago 2020 / 10:02 H.

El Comedor de los Pobres no cerrará este mes debido al incremento de usuarios y a las necesidades urgentes que no pueden derivar a otros recursos de atención. Por primera vez en su historia en los 25 años de creación de la ONG de la Misión del Silencio abrirá de manera ininterrumpida para atender a las 250 personas a las que se reparten menús diarios, junto a las personas sin hogar y a las que se da el reparto de productos no perecederos con lo que la cifra supera los 300.

A diferencia de otras organizaciones, la principal característica del Comedor de los Pobres es que facilita las comidas ya preparadas para que las familias solo tengan que calentarla en casa. Por esta razón los principales beneficiados suelen ser familias con menores a cargo. La pandemia ha provocado que el perfil ya no sea tan monolítico.

Entre los afectados, según describe Rocío Ledesma, coordinadora de la ONG, se encuentran personas que recurren a la organización por primera vez debido a que tenían empleos precarios y tuvieron dos destinos tras la pandemia: despedidos o en ERTE que no han cobrado o lo que reciben es tan bajo que no les permite conciliar el pago de un alquiler con la compra de una alimentación saludable.

El aumento de necesidades ya obligó a la organización a lanzar la campaña “El hambre no se confina” con una importante respuesta de empresas y particulares, así como de las cofradías que organizaron diferentes iniciativas solidarias para recoger alimentos, la mayoría en torno a la celebración del Corpus Christi con motivo del Día de la Caridad.

Una de las principales novedades que el Comedor de los Pobres incorporó durante la pandemia fue la recuperación de un local en el paseo de la Estación para que las personas sin hogar pudiesen comer bajo un techo. Hasta ahora, con las limitaciones del coronavirus, la única opción que tenían era llevarse los envases y comerlo en la calle. Con esta opción pueden comer caliente con estrictas medidas de seguridad.

Otra de las preocupaciones contra las que ha tenido que luchar el Comedor ha sido no poder contar con los voluntarios mayores de 60 años, que componían el grueso de los colaboradores de la organización. Ante esta situación, han contado con la cooperación de jóvenes y personas desempleadas aunque señalan que la ausencia de jóvenes universitarios durante la pandemia también les lastró de manos.

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