25 enero 2021
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Los duros y trágicos momentos que se viven en un día en la UCI de la agonía

No va a quedar más remedio que bajarle a la UCI. Un enfermo COVID lleva horas con muchos problema para respirar. La neumonía empeora por momentos y hay que explicarle al paciente lo que le espera. Se trata de uno de los momentos más angustiosos por los que puede pasar un paciente.

“El impacto emocional es enorme. Los pacientes están solos y muchos no han podido ni despedirse de su familia cuando entraron en el Hospital. Si aún están despiertos la angustia se dispara cuando les dices ‘te vamos a dormir. Te vamos a poner un respirador y trataremos de despertarte en unos días. Tranquilo’. Es una carga muy fuerte porque ellos saben perfectamente que puede que no despierten”, explica Sandra Guillén.

Como el resto de enfermeras de UCI, Sandra lleva desde marzo en un bucle de días idénticos en los que no ven el final. “La primera ola fue dura y la segunda es casi peor porque ahora ya no sabes cuánto va a seguir durando esto”.

El turno de mañana entra a las 7:45 y comienza la meticulosa preparación antes de entrar en un espacio “con pacientes que tienen una carga viral muy alta y con los que trabajas sus vías respiratorias”.

En una sala anexa se enfundan un mono blanco, unas calzas para los pies, una mascarilla, otra mascarilla por encima... Se colocan doble guantes, una gafas especiales y una pantalla de protección facial. Un atuendo que ‘asusta’ al paciente y que asfixia al que lo viste.

Los duros y trágicos momentos que se viven en un día en la UCI de la agonía

“Intentamos organizar bien los turnos de descanso para que siempre haya gente dentro de la UCI y los trabajadores puedan salir cada cierto tiempo, pero depende de la carga de trabajo que haya puede que tengas que estar dos horas seguidas con ese traje o, incluso, hasta cinco horas”, explican.

El servicio funciona como un reloj — “Somos un gran equipo”, defienden—, pero en la UCI todo es imprevisible. Hay una lista de tareas fijas... si todo fuera bien, pero la realidad es que “estos enfermos son muy inestables” y la atención urgente va saltando de cama en cama. “Se ponen muy malitos, hay mucho movimiento de nuevos ingresos y la carga de trabajo es enorme”.

El Hospital de Salamanca llevaba trabajando en su plan de humanización de críticos desde antes de la pandemia. La primera ola sorprendió a todos, pero ahora mismo “se trabaja este aspecto desde el primer hasta el último profesional que está en UCI para reducir la ansiedad en un momento clave como el de despertar”.

No todos los enfermos de la UCI están sedados. Algunos despertaron hace días, pero todavía les queda una larga estancia hasta estar en condiciones de subir a la planta. “Hay gente que pasa mucho tiempo aquí y están muy solos. Intentamos ponerles algo de música que les guste, les ponemos alguna película y, sobre todo, hablamos con ellos. Hablamos de todo. Les preguntas por su vida, su historia, y te la cuentan”, apuntan desde la Unidad de Cuidados Intensivos.

Otro paciente ha despertado ya. Ha pasado mucho tiempo intubado y no puede comunicarse. Eso le angustia más. “Es muy duro abrir los ojos en un sitio desconocido”, enfatizan. “Cuando están ya más despejados hacemos una videollamada con sus familias, que en muchos casos les dejaron a la puerta de Urgencias, no le volvieron a ver y se han pasado días esperando que sonara el teléfono para que les informen de cómo está su ser querido”, relatan.

En las videollamadas lloran los pacientes, lloran las familias y lloramos todos. Estos pacientes no son números. Son cientos de historias diferentes, pero a veces parece que hemos perdido la sensibilidad al hablar de las víctimas como meras estadísticas”, critica la enfermera de intensivos, que se revuelve al oír hablar de salvar la Navidad.

A ella le tocará trabajar en Nochevieja. Cruzará el umbral del año rodeada de personas que están en otro umbral: el de la vida y la muerte. Entre pitidos de constantes vitales en lugar de campanadas. “¿Celebrarlo en la UCI? Al que esté despierto le haremos lo que se pueda. Intentamos transmitir alegría y esperanza como mejor sabemos”, pronostica la sanitaria. ¿Y al que siga dormido? A ellos les felicitarán también, como si lo pudieran oír, y les desearán con fuerza que el próximo año 2021 sea mejor. A poco.

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