01 marzo 2021
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Los centinelas nocturnos de las personas sin hogar en Salamanca

Alejandra, Olga y Javier son tres de los voluntarios de Molokai que ‘patrullan’ las calles salmantinas para encontrar a aquellos que duermen a la intemperie. Su labor se ha intensificado durante la ola de frío

“Ya no veo Salamanca con los mismo ojos. Hay sitios que no son sitios, sino que son personas”, relata Alejandra Polo, de 28 años, que desde hace casi seis es una de la treintena de centinelas voluntarios de Molokai que “patrullan” las calles durante la noche salmantina en busca de personas sin hogar. Como ella, Olga García Mochales y Javier Bernal, que con apenas 22 años, llevan cuatro y seis realizando esta misma actividad. Ellos tres son algunos de los rostros de la faceta más desconocida de la juventud de la capital. Una práctica se ha intensificado mucho tras el temporal Filomena y con la posterior ola de frío, en la que han ido localizando a casi una veintena de ciudadanos que duermen en las calles de la capital.

”El pasado jueves cuando salí una persona que llevaba seis años en la calle aceptó irse a dormir a cubierto. Este es uno de nuestros mayores logros”, explica con satisfacción Alejandra, que puntualiza que estos grupos salieron a recoger a gente que estaba a la intemperie el mismo sábado de la nevada -el pasado 9 de enero-. “Mi madre salió ese día con dos palos de trekking para no caerse”, confiesa Javier -su madre también participa como voluntaria en esta iniciativa-.

“Al conocer de primera mano la historia de estas personas nos hacen ver que nos puede tocar a todos”

La pandemia ha alterado un poco sus rutinas: “Tenemos que tener cuidado para no contagiarles a ellos”, confiesa Javier-. Efectivamente, ya no se pueden acercar tanto como antes y lo hacen cumpliendo de forma escrupulosa todas las medidas anti-COVID, pero la esencia se mantiene. “Ahora salimos a partir de las 22:00 horas y recorremos la ciudad de punta a punta buscando a las personas que duermen en la calle”, explica Alejandra, que además trabaja como psicóloga en el centro Ranquines de Cáritas. Pero no se limitan a convencerles para que acepten dormir bajo techo. “Muchas veces nos acercamos a ellos con un café y con solo preguntarles: ¿Cómo estás? Lo que más agradecen es que alguien les escuche”, relata Alejandra. “Muchas veces son las personas sin nombre, invisibles cuando todo el mundo está en la calle y con el simple gesto de agacharse a escuchar y ponerse a su altura. Este es nuestro propósito”, sostiene Olga. “Álvaro, Miguel, Laura pasan a ser personas con historias”, expresa Javier. Quién confiesa que, incluso cuando no le toca turno de voluntariado, pasea por la ciudad para localizar a las personas sin hogar y avisar a sus compañeros.

“Que una persona que dormía en la calle desde hace seis años acepte nuestra ayuda, es una satisfacción”

Estas quedadas de voluntarios muchas veces se prolongan más de lo esperado y ahora les obliga a ‘incumplir’ el toque de queda. “A veces acabamos hacia medianoche, pero recuerdo un día que eran las dos de la madrugada y me paró un policía pensando que me estaba saltando el toque de queda”, recuerda Javier. “Pensaba que volvía de una fiesta y tenía la intención de multarme”, cuenta de forma anecdótica el joven. Por suerte, la Policía está informada de esta iniciativa y dispone de una relación de los nombres que participan en el voluntariado. “Sí, nos saltamos el toque de queda, pero esto es una urgencia”, asevera Olga.

Los tres comentan que ya venían haciéndolo en otras actividades sociales del centro Padre Damián de Cáritas. Olga, graduada en Filosofía el año pasado, explica que sus primeros pasos en el voluntariado los dio sirviendo cenas en dicho centro. Un poco más precoz fue Javier. Este ingeniero informático, que lleva desde los 16 saliendo - “es una experiencia fuerte”, reconoce- , confiesa que su vocación por ayudar a los demás empezó “siendo pequeño”, cuando acudía al barrio de Pizarrales para pasar tiempo con niños.

“Es una experiencia que te hace poner los pies en la tierra. Cualquiera puede estar así”

Al preguntarles sobre qué han aprendido, llama la atención la contundencia de la respuesta de Olga: “Es una experiencia que te hace poner los pies sobre la tierra. Cualquier persona puede estar en esa situación”. “A mí me ha enseñado a no juzgar a nadie sin saber su historia”, expresa Alejandra, que confiesa: “Ahora cuando voy por la calle, las personas sin hogar son mis amigos y nos saludamos”. Javier, por su parte, eplica que esta forma de ayudar le permite “contactar con la realidad” de su ciudad. “El saber que puedes ofrecer algo a una persona cuando está tan mal, siempre reconforta”. Y recuerda la historia de un hombre que un mes antes estaba en casa con su mujer y sus hijos, y por mala suerte en los negocios, había acabado en la calle. “Estas situaciones nos hacen ver que nos puede tocar a todos”, concluye Javier.

Tres rutas

Las salidas nocturnas que organizan desde Molokai se organizan en tres rutas que tratan de cubrir el mayor número de calles de Salamanca. La primera de ellas rastrea el área de la estación de autobuses, la hospitales y Carmelitas. La segunda trata de abarcar las calles del centro de la capital y por último, la tercera ruta se dirige hacia María Auxiliadora, La Alamedilla y Paseo de la Estación. No obstante, estos recorridos son orientativos, ya que es probable que si saben del paradero de alguna de las personas sin hogar en otro punto de la ciudad, se desplazan hasta allí.

Laura y Felipa salieron con Alejandra el sábado.
Laura y Felipa salieron con Alejandra el sábado.

Hasta 10 personas

En cuanto a la forma de organizarse, Alejandra cuenta que el coronavirus les ha obligado a realizar un planteamiento diferente: “Nos dividimos en más grupos por el tema de las medidas de seguridad”. A día de hoy, cada noche se movilizan una decena de personas: en torno a ocho salen a la calle para cubrir las tres rutas, y otras dos se quedan gestionando para poder trasladar a estas personas a los lugares habilitados por el Ayuntamiento. En total, esta iniciativa cuenta con casi una treintena de voluntarios.

El joven ingeniero Javier Bernal.
El joven ingeniero Javier Bernal.

Jóvenes voluntarios

Molokai es una agrupación de jóvenes voluntarios que pertenece a Cáritas Salamanca y ofrece a este colectivo la posibilidad de realizar diferentes actividades de ayuda a los demás, como por ejemplo, acudir al centro de acogida Padre Damián para dar desayunos o cenas, o ir a limpiar las laderas del río Tormes.

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