25 enero 2022
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Las leyendas de las figuras atormentadas de este palacio salmantino

La sede de la Diputación, joya del plateresco, cuenta con un fascinante patio abierto al público | Tiene medallones con los posibles retratos de sus primeros propietarios

10 nov 2021 / 17:07 H.
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El Palacio de La Salina, sede de la Diputación de Salamanca, cuenta con un fascinante patio abierto al público de forma gratuita y en horario continuo de lunes a domingo de 10:00 a 21:00 horas.

Los medallones del arco interior del patio, apunta el fallecido Julián Álvarez Villar en el libro “El Palacio de La Salina de Salamanca”, son posibles retratos de don Rodrigo de Messía y doña Mayor Fonseca, el matrimonio que mandó construir esta casa-palacio en 1538, una joya del plateresco salmantino.

En el patio también llaman la atención las figuras atormentadas de las ménsulas, humanas y monstruosamente quiméricas, que para el autor de “El Palacio de La Salina de Salamanca” encajan perfectamente con el repertorio plateresco presente en las zapatas y capiteles del convento de Las Dueñas.

Este espacio está unido a las leyendas, que invitaron a creer que los personajes de las ménsulas que soportan la galería son los nobles que rechazaron dar hospedaje a María de Ulloa, La Salina, amante del arzobispo Fonseca, y por ello fueron condenados a ese esfuerzo permanente de soportar el edificio. En el libro de Álvarez Villar se echa por tierra estas fantasías.

La fachada de la calle San Pablo, que da acceso al patio, cuenta con un pórtico de cuatro arcos, destacando el derecho por ser manifiestamente más estrecho, como señala Julián Álvarez Villar en el libro “El Palacio de La Salina de Salamanca”, un trabajo donde establece conexiones de este edificio con palacios italianos boloñeses. La fachada está decorada con medallones, escudos, y un alero con querubines. Se atribuye a Rodrigo Gil de Hontañón, arquitecto que coronó el último cuerpo mediante una galería de ocho arcos de medio punto que repiten la organización y decoración del Palacio de Monterrey.

El Palacio de La Salina es la sede de la Diputación Provincial desde el 11 de noviembre de 1881, cuando se entregaron a sus propietarios 32.500 pesetas, aunque se sometió a obras de adaptación hasta 1884 con José Secall como arquitecto. El edificio había dejado de ser almacén de sal, uno de sus usos cuando este producto estaba monopolizado por la Corona y que quizás contribuyó a mezclar el relato legendario de la dama ofendida por los nobles salmantinos con la realidad, según se recuera en el libro “El Palacio de La Salina de Salamanca”.

El 30 de enero de 1882, según recoge el libro de Álvarez Villar, aparece la inscripción en el Registro de la Propiedad: “... la casa sita en la calle de La Salina, hoy de San Pablo... que se conoce por La Salina... de doña María del Rosario Arteaga Martínez autorizada por su esposo don Mamés Esperabé Lozano, Rector de la Universidad, que venden la referida finca a don Miguel Hernández Balmaseda, Gobernador Civil en representación de la Excma. Diputación Provincial”.

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