26 enero 2022
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La voluntaria que salvó la vida de una mujer en el Multiusos: “Aún sueño con ella, le veo la cara”

Laura Boyero ha recogido la mención especial del Ayuntamiento a voluntarios por salvar la vida a una mujer que sufrió un infarto cuando iba a vacunarse. No dudó en reanimarla y recuperó el pulso

03 dic 2021 / 17:12 H.
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Laura Boyero recogió este jueves la mención especial que el Ayuntamiento de Salamanca ha incluido de forma extraordinaria este año en los premios anuales al voluntariado salmantino. En este caso es tan importante el por qué del premio como el ejemplo de vida de la voluntaria de Protección Civil, el esfuerzo diario para cumplir con su labor y ayudar a la sociedad. Este jueves recibió entre entusiasmada y tímida la estatuilla conmemorativa de manos del alcalde, Carlos García Carbayo, en el pomposo salón de recepciones del Consistorio “por su implicación en la vacunación que salvó vidas”. Ese es el titular, pero el texto contiene la experiencia que vivió una tarde del pasado 30 de abril.

“Estábamos en la carpa de Protección Civil del Multiusos durante las vacunaciones cuando nos avisan de que hay un problema con una señora de entre 80 y 85 años. Fuimos corriendo y comprobé que respiraba, pero no respondía a los estímulos. La puse en modo de seguridad, de lado, pero seguía sin responder”, relata Laura. Entonces la mujer “dio un suspiro”. Nunca pensó que fuera un infarto, hasta ese momento. “Empezamos ha practicarle la reanimación cardio pulmonar (RCP) y solicitamos ayuda a los sanitarios”, continúa la joven. Cuatro de sus 34 años los ha dedicado a Protección Civil, donde ha recibido cursos de Primeros Auxilios, pero la teoría no es igual que la práctica. Y allí estaba Laura, intentando salvar una vida.

“Comprobé que respiraba, pero no respondía a estímulos. La pusimos de lado, pero siguió sin responder”

“Llegaron los médicos, las enfermeras y el desfibrilador en segundos. Le pusimos suero, le aplicamos las descargas y hasta adrenalina”, relata con todo lujo de detalles, como si hubiera sido ayer, aunque ya han pasado ocho meses. En minutos la mujer recibió asistencia en el vacunódromo como si estuviera en el mismísimo hospital.

A los 20 minutos recuperó el pulso, pero seguía inconsciente”, recuerda la voluntaria que, una vez que evacuaron a la señora en la UVI móvil no ha vuelto a saber nada más de ella. Pasado el momento crítico, Laura se rompió. “Lloré mucho, tras la presión mi cuerpo se relajó y no podía parar de llorar. Me retiré junto a mi jefa para aislarme un poco y cuando me calmé, continué trabajando hasta que se acabó la jornada”.

Lo cuenta así, como si fuera una anécdota sin importancia, pero reconoce que fueron momentos de muchos nervios e inquietud. “Nunca me había enfrentado a una situación de este tipo. Te preparan para ello, pero hay que afrontarlo”. Lo cierto es que Laura se topó con uno de los momentos más difíciles a los que se ha tenido que enfrentar Protección Civil en Salamanca, al menos sus compañeros. “Supimos reaccionar los primeros dos minutos de plazo imprescindibles en estos casos”. Después supo por la cuidadora de la mujer que tenía problemas cardiacos. “Por momentos pensé que no salía adelante”, confiesa.

A los 20 minutos la mujer, de 80 años, recuperó el pulso. “Lloré mucho, no podía dejar de llorar”, confiesa Laura

“Aquella noche fue muy dura. Continuamente se me venían imágenes de lo que había vivido. Aún hoy sueño con ella, le veo la cara. Nunca se me va a olvidar su cara”. Nunca supo si la mujer se recuperó en el hospital. “Si sobrevivió, me gustaría verla o tenderle la mano a algún familiar”, afirma la voluntaria.

Hace un mes participó junto al resto de miembros de Protección Civil en un curso de recuerdo sobre Primeros Auxilios con Cruz Roja. “Cuando lo estábamos impartiendo pensaba qué podíamos haber hecho mejor en aquel momento”, señala, a pesar de que la señora recuperó el pulso tras casi media hora de trabajo incansable.

Sin duda este ha sido uno de los hitos más importantes en la vida de Laura, pero todos sus días son una auténtica conquista que no se difunde y por la que no recibe premios. Su labor como voluntaria supone un esfuerzo añadido por pura generosidad. Es propietaria de una empresa de limpiezas y se levanta a las 4:30 horas para iniciar su jornada. “Tengo una niña pequeña, de dos años y medio, cuando llego a casa le doy de comer y la acuesto. Me ducho para ponerme el traje y afrontar las tareas de Protección Civil. Entonces era acudir todas las tardes a las vacunaciones del Multiusos”. De hecho el próximo sábado estará allí ayudando y guiando a los salmantinos de 66 a 69 años en la inmunización con la tercera dosis. “Mi familia está muy orgullosa de lo que hago, pero es cierto que me reclaman más tiempo”, apunta Laura.

“Si sobrevivió, me gustaría verla o, de lo contrario, tenderle la mano a algún familiar. No he vuelto a saber nada”

Su vida es un ejemplo de entrega, de dedicarse a los demás, pero no todo el mundo está dispuesto a dar tanto. “La gente de mi entorno admira lo que hago, pero comprendo que para ellos es muy difícil iniciarse como voluntarios porque no tienen tiempo”, admite la mujer, ya con la estatuilla conmemorativa en su poder: una mano y un corazón, dos símbolos de entrega desinteresada a los demás y, en su caso, de ayudar a que alguien tenga una segunda oportunidad.

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