08 marzo 2021
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La tristeza y soledad de los enfermos COVID en la UCI, relatada por una internista salmantina

“La mirada de ‘ya no puedo luchar más, me rindo’, esa es sin duda la que más impotencia y angustia genera en el personal sanitario”, asegura Cristina Carbonell Muñoz en un artículo para LA GACETA

Ante la ausencia de contacto físico y con media cara oculta tras la mascarilla, nos estamos haciendo expertos en leer miradas e interpretar silencios. Afortunadamente el contacto visual es fundamental en la emisión y transmisión de información.

Mirando a los ojos se puede saber si alguien muestra una sonrisa social o realmente es una expresión de alegría o júbilo. Lo mismo ocurre con la sorpresa, ese instante en el que ocurre algo no esperado. También la mirada de miedo, tristeza, o preocupación, que sin duda son muy difíciles de ocultar. Creo que a lo largo de estos últimos meses, es cuando más hemos dicho sin hablar nada. Y las miradas han transmitido todo. Entre el recorrido de vivencias en las plantas COVID, hemos sentido la mirada del paciente incrédulo: “esto no me está pasando a mi” o el clásico “solo nos hemos quitado la mascarilla para comer, es imposible habernos contagiado”.

La mirada de tristeza por la soledad, acentuada en un momento tan vulnerable como es la enfermedad. Solo. Sin el abrazo de sus seres queridos. En esos momentos, ante la clara necesidad de afecto, lo único que podemos hacer es, literalmente, coger la mano del paciente, y a veces la agarran con tanta fuerza que a pesar del cansancio, el calor por el traje, las gafas empañadas, y el ahogo por las mascarillas, solo puedes quedarte ahí, inmóvil, apretando su mano para que te sienta a pesar de los guantes, para que sienta que no está solo. La mirada de miedo, miedo por ver cómo baja al compañero de habitación a la UCI, miedo por ser el siguiente. Miedo por no poder esquivar a la parca que intenta alcanzarle. La mirada de “ya no puedo luchar más, me rindo”, esa es sin duda la que más impotencia y angustia genera en el personal sanitario.

Y no solo en la habitación del paciente, fuera de ella también encuentras otras miradas: el agotamiento, el estrés y el cansancio que vemos reflejados en los ojos de nuestros compañeros. No puedo dejar de mencionar, aunque sea muy difícil decir nada positivo de la pandemia, otras miradas, miradas de esperanza y alegría, al notar la mejoría y al escuchar el anuncio de “si seguimos así pronto estará en casa” o las miradas de ilusión al recibir cartas o llamadas de sus familias.

Las miradas de mis compañeros que traducen un “venga, que ya queda menos” y “podemos con esto”.

Y si pudiera elegir una mirada, entre todas, sin duda sería la mirada de alegría y alivio que refleja, “lo he logrado, por fin me voy a casa”.

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