13 agosto 2022
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La salmantina Araceli Mangas al Gobierno: “Hay 4.400 camas UCI, cuando deberían ser unas 15.000”

La Catedrática de Derecho Internacional Público señala que “el dinero del pacto europeo no es triunfo de España, sino del tándem franco-alemán”

26 jul 2020 / 13:57 H.
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PALABRAS CLAVE

Natural de la localidad salmantina de Ledesma, Araceli Mangas Martín es una de las voces más autorizadas del Derecho Internacional Público. La catedrática de la Universidad Complutense de Madrid desde 2011 —durante los 25 años anteriores ocupó la Cátedra de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en la Universidad de Salamanca— arroja luz sobre el pacto histórico suscrito por los líderes europeos esta semana por el que España recibirá una ayuda de 140.000 millones de euros. Araceli Mangas considera que el reparto del fondo económico es un triunfo del tándem franco-alemán, no del presidente de España que fue recibido entre aplausos por los miembros de su equipo, y se congratula de que el pacto pueda servir para controlar a los partidos políticos cuando están en el gobierno. Además, la catedrática destaca la generosidad de Europa al buscar una solución que saque del “marasmo” a España e Italia.

–De día histórico, de pacto histórico de la Unión Europea han calificado los líderes internacionales el acuerdo alcanzado para frenar la crisis del COVID-19. ¿Es así?

–Es un pacto transcendental para recuperar las economías, en especial, las de los dos estados más dañados por la pandemia, Italia y España. El día se olvidará, pero este año, no.

–¿Una de las cuestiones más destacadas es que por primera vez los 27 se endeudarán para financiar un estímulo económico sin precedentes?

–Precisamente, si el pacto podrá ser un hito importante en la Unión Europea no es por la cantidad ni la finalidad, sino por la impactante novedad de recurrir la propia UE al mercado de capitales global para endeudarse para ayudar a los Estados que peor gestión de la crisis de la pandemia han hecho. No deja de ser revelador que la tragedia se haya cebado con Italia y España, estados que tienen profundas carencias estructurales político-administrativas que les hace permanecer en el abismo ante cualquier crisis, sea económica, sea financiera o sea sanitaria.

–¿Qué le parece la partida que recibirá España?

–Es la segunda en cantidad, después de Italia. Pero no es que el Gobierno haya luchado por esa cifra. Los dos Estados que tuvieron la idea, Alemania y Francia, junto la presidenta de la Comisión Europea que armó el proyecto, la alemana Ursula von der Leyen, ya establecieron el reparto. No es un triunfo de España, sino la visión política del tándem franco-alemán. Lo que se ha modificado por los estados no despilfarradores y mal llamados frugales, es decir, los estados sin corrupción sistémica de los partidos y con buena gobernanza (Holanda, Suecia, Austria, Finlandia...) es rebajar de forma considerable la partida de las subvenciones o transferencias a fondo perdido (500.000 millones de euros) a solo 390.000. El resto es a devolver a lo largo de varias décadas hasta finales de 2058.

–¿Cuál es la letra pequeña del acuerdo, el precio que tendrá que pagar España?

–Si el precio es el control sobre nuestros desbocados partidos políticos cuando están en el gobierno, será una garantía que haya cartulinas “amarillas” o incluso “rojas” para los gastos suntuarios de los partidos políticos en el gobierno. España debe mejorar en primer lugar sus estructuras sanitarias: tenemos un índice bajo de camas hospitalarias; además, solo tenemos 4.400 camas UCI, cuando deberíamos tener unas 15.000 habida cuenta nuestra población (Alemania tiene 29.000); cada año, sin necesidad de pandemia, unos 8.000 españoles son hospitalizados por los pasillos durante la gripe estacional; durante la pandemia más de 20.000 españoles fueron enviados a la muerte sin atención médica; nuestro personal sanitario está explotado, casi esclavizado, incluso con 22 años de gobiernos socialistas y 14 de gobiernos populares. Bienvenidos los controles europeos, pues los internos no sirven de nada, ni los judiciales.

–A nivel de Europa ¿este acuerdo refuerza la unión o ha profundizado en las divisiones existentes?

–Las divisiones existen; hay percepciones muy distintas sobre la Unión Europea misma. No hay una única ortodoxia sobre el proyecto de integración. La adhesión absoluta sin fisuras —como pide Sánchez— no puede tener lugar en una democracia, y menos aún en un sistema tan complejo y en un proyecto político tan genuino como es la UE. Por otra parte, la desconfianza del Norte de Europa hacia el Sur responde a una corriente arraigada, con prejuicios, sí, pero fundada en razones de peso. Nuestras estructuras de gobernanza política y económica-social tienen excesivas y seculares deficiencias; hay mucho gasto suntuario y poca productividad. El primer ministro holandés va a su trabajo en bici, sin escoltas ni caravanas de coches de alta gama, su vivienda no tiene un regimiento de policías para vigilársela y no saben qué son las gestorías, pues la relación con la Administración es sencilla y digital.

–¿Al final no habrá veto?

–Confiemos que se formalice y se materialice en el Marco Financiero Plurianual. Lo que sí podrá haber, cuando se presenten planes y proyectos, son debate y frenos.

–¿Está más cerca la unión fiscal? Por primera vez habrá emisiones de deuda conjunta ¿no?

–Lo que hará la Comisión es acudir a los mercados internacionales para obtener esa importante cantidad contrayendo empréstitos (préstamos) en los mercados de capitales en nombre de la Unión Europea. Todos responderemos solidariamente.

–¿Y es, como han dicho algunos dirigentes, el acuerdo más importante desde la creación del euro?

–Yo creo que solo en parte, y si se mira desde la estricta óptica económica. Desde 1992 se han hecho grandes avances en la integración en muchos frentes. Incluso, durante la gran crisis de 2008-2016, los del Compact Fiscal, los paquetes de reformas bancarias y las compras de deudas del Banco Central Europeo han sido históricas, es decir, transcendentales para salir de aquella crisis y evitar el colapso de muchos estados europeos, como Grecia, España, Irlanda, Malta e Italia, entre otros países.

–¿Francia y Alemania han reforzado su papel de liderazgo, no?

–Sí, Angela Merkel y Emmanuel Macron; en especial, la canciller alemana fue clarividente ya desde el mes de marzo. Se dio cuenta de la dimensión de la crisis por la torpeza de algunos gobiernos europeos al no controlar a tiempo la pandemia y tener que estrangular la economía y a las clases medias y menos favorecidas. Aun así, a pesar de ser culpa los gobernantes de España e Italia, la Unión Europea solo pensó en soluciones con reformas estructurales que saquen del marasmo a estos dos países.

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