03 abril 2020
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La ‘mina azul’ que fluye bajo el suelo de Salamanca

El desarrollo urbanístico de la ciudad “enterró” los antiguos afluentes del Tormes

17 feb 2020 / 09:20 H.

La orografía de la capital del Tormes es, en gran medida, el resultado de la erosión de las aguas que la surcaron. En el río que divide la ciudad desembocaban numerosos arroyos, riachuelos y regatos de aguas permanentes o temporales. De ellos, solo el Arroyo del Zurguén mantiene un caudal permanente, pero el rastro de algunos de los que han desaparecido aún se percibe. El actual parque del Baldío, próximo a La Aldehuela, se encuentra sobre uno de los antiguos cursos del agua que recorrían el municipio. Y la vegetación continúa creciendo junto al trazado de los regatos de Cantimporras y Peña Solana, en la zona de Buenos Aires y Tejares.

Aunque muchos de los pequeños afluentes del Tormes han quedado en el olvido, algunos permanecen en la memoria colectiva porque su curso ha marcado el desarrollo urbanístico de la ciudad. Es el caso del Arroyo de los Milagros, que definió la actual Vaguada de la Palma, y sus escorrentías definieron San Blas, Ramón y Cajal o la Cuesta de Oviedo. Si este regato limitaba la antigua Salamanca por el oeste, en el Este se encontraba el Arroyo de Santo Domingo, que hoy da nombre a la calle que separa Los Dominicos y Las Dueñas y que atraviesa el Puente del Soto, construido en el siglo XVI con piedra de Villamayor.

En la zona del Marín y Huerta Otea están documentados varios regatos que atravesaban el que hoy es el acceso Oeste a la ciudad, así como varios pozos y fuentes. Hasta hace tan solo unas décadas muchos salmantinos continuaban acudiendo a buscar agua a la de La Platina, situada en el entorno del cementerio.

En Pizarrales y el Barrio Blanco cada vez que se produce un reventón en las redes municipales de abastecimiento recuerdan cuál es el trazado del Regato del Anís, ya que el agua fluye por la calle que ha heredado ese nombre hasta la plaza de Vidal. El nacimiento de nuevos barrios y la urbanización de calles que antes se encontraban sin pavimentar borraron el rastro de esos riachuelos de los que se abastecían los salmantinos a principios del pasado siglo. El objetivo del Ayuntamiento es ahora localizar lo que de ellos queda bajo calles, aceras y edificios para buscar la forma de darle a esos recursos hídricos un uso sostenible ante un futuro en el que las lluvias serán más escasas.

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