16 febrero 2020
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La historia de Cristóbal. De grabar la guerra de Irak a sacerdote en Salamanca

Antes de ser sacerdote, el director de la Casa Espiritualidad de Salamanca, Cristóbal Jiménez, cubrió como corresponsal los infiernos bélicos de Kosovo, Bosnia o las graves inundaciones de Mozambique

29 ene 2020 / 09:12 H.

Cristóbal Jiménez aún escucha el llanto de los niños. Las imágenes se desdibujan en la memoria, pero el eco del sonido de las lágrimas al caer aún permanece vivo en el recuerdo del corresponsal de guerra y después sacerdote jesuita, encargado de dirigir la Casa de Espiritualidad de Salamanca.

Y es que mucho antes de que le llegara la vocación tardía jesuita a los 31 años, ya había recorrido con su micrófono gran parte del mundo como periodista. “Pasaba de los palacios del mundo a los infiernos de la vida en un contraste de cubrir los viajes diplomáticos donde nos cuidaban mucho a la tarea de corresponsal de guerra donde vivías la situación de Kosovo, Bosnia, Oriente Próximo o los países africanos”, detalla. Su llegada al mundo de la radio se produjo en la Cadena Ser de la mano de Iñaki Gabilondo en el ‘Hoy por Hoy’ y en ‘Hora 25’ de Carlos Llamas mucho antes de que hubiera concluido la carrera de Periodismo. Su aprendizaje bajo las órdenes del líder de las ondas guipuzcoano le marcaría toda la vida. También sus enseñanzas. “Nos solía decir que la vida es como una obra de teatro sin ensayos porque te la juegas todo en el directo. Si tuviera muchas vidas, seguramente no hubiera sido jesuita sino que probaría una cosa y luego otra, pero el descubrimiento de que la vida te la juegas aquí me ayudó en mi vocación”, detalla.

“Como corresponsal de guerra aprendí mucho de periodistas como Vicente Romero y Arturo Pérez Reverte”

“Ferreras: Mañana te vas a Irak”. Tras la etapa de redacción en ambos programas radiofónicos, Jiménez se encargó de cubrir los viajes de los Reyes, Juan Carlos y Sofía, así como etapa del entonces presidente del Gobierno, José María Aznar. Frente al misterio que suelen encerrar esos desplazamientos para la mayoría de la gente, el jesuita considera que los viajes reales “eran muy encorsetados” y los periodistas tenían muy difícil salirse de los guiones preestablecidos. “Ahora los viajes de la Casa Real se mezclan con otras cosas, pero entonces era información institucional muy poco interesante”, bromea. El actual jefe de Informativos de La Sexta, Arturo García Ferreras, entonces en la Cadena Ser, le hizo una pregunta que le cambiaría la vida: “Me dijo que si estaba contento con lo que hacía y yo le respondí que pensaba que el periodismo debía ser más útil que para hacer viajes institucionales poco interesantes”. A partir de ese momento, Ferreras le invitó a iniciarse en el periodismo de guerra o en realidades tan duras como las catástrofes.

“Me sorprendió hablar con Nelson Mandela que decía que «no podíamos ser esclavos del pasado» después de su vida”

El primer viaje a la Guerra. El segundo conflicto en la Guerra de Irak fue el estreno para Jiménez como corresponsal de guerra. Cuando recuerda siempre tiene “sentimientos mezclados” y recuerda aquel joven que con menos de 30 años se enfrentaba a la guerra “con la inmediatez y la ingenuidad de no ver los riesgos para uno mismo”. Allí aprendió de los mejores. Recuerda con especial cariño a Vicente Romero y a Arturo Pérez Reverte de lo que aprendió gracias a que no tenía la competitividad de sus compañeros de televisión. Jiménez veía la crudeza de la guerra sobre todo en los más pequeños y las imágenes dramáticas de contemplar la muerte en un primer plano. “Me impactaba mucho el trato a niños en orfanatos en la Europa del Este o la dureza de la muerte de ver a una madre delante de un cadáver de sus dos hijos que habían muerto”. Más que las imágenes recuerda los sonidos y sus silencios. “Hay en orfanatos que ya no hay gritos y llantos cuando son conscientes que no consiguen nada porque nadie les atiende. El silencio de algunos espacios era impresionante”. También le impactó la labor de los misioneros que se encontraban en los sitios más recónditos del planeta. “Me cuestionaba mucho ver en qué apoyaban la esperanza los misioneros para estar allí que no tenían las ONG”, expresa.

“Había orfanatos en los que impresionaba el silencio porque los niños habían dejado de gritar debido a que nadie les atendía”

Las inundaciones de Mozambique y la vocación. A lo largo de su experiencia como corresponsal de guerra, Jiménez confiesa que le marcó “la labor de héroes anónimos que colaboraban siempre en mitad de las desgracias”. Sobre nombres conocidos, le impresionó la figura de Nelson Mandela que tomando un café con él tras las inundaciones de Mozambique le confesó que “no podíamos ser esclavos del pasado”. “Que lo diga alguien al que arrebataron la parte más vital de su vida por el color de su piel es un valor distinto”, indica. También a la madre Teresa de Calcuta a la que conoció en un viaje oficial a la India. “Fuimos a visitarla y entre todos los periodistas le dimos entre todos 10 dólares y la madre Teresa se echó a los pies como si hubiese sido un maletín lleno”, recuerda.

Fue después de las inundaciones cuando decidió hacerse jesuita. No tenía más de 31 años cuando decidió dar un giro de 360 grados a su vida. Y encontró el apoyo donde menos lo esperaba. “La gente que no era de Iglesia me ofreció mucha comprensión y respeto, confiesa. ¿Por qué jesuita? “Estudié con ellos hasta la universidad en Tudela y me atrae el respeto a la diversidad. Aquí cabemos todos el de derechas, el de izquierdas, el conservador, el progresista... y eso me gusta porque la Compañía es diferente y una invitación a estar en la frontera no solo geográfica sino también intelectual”. Empezó la labor de Noviciado en Zaragoza y etapas posteriores de formación donde el gusanillo del periodismo no paraba de golpear. Comenzó a dar clases de Bachillerato en Pamplona y tuvo la oportunidad de atender durante un año a los mexicanos que huyen hacia la frontera en la casa de los jesuitas. “Me impactó mucho ver a los migrantes que huyen de la pobreza de América Latina”. Desde hace tres años dirige la Casa de la Espiritualidad en Salamanca donde trata de enseñar “la buena noticia”.

“De los jesuitas me atrajo el respeto a la diversidad. Aquí cabemos todos: el de derechas, izquierdas, el conservador”

En una conferencia que ofreció en la Casa de la Iglesia, Jiménez mostró sus dos caras como periodista y sacerdote sobre la realidad de la Iglesia y los medios de comunicación. “Necesitan conocerse mutuamente. Los medios no entienden los tiempos de la Iglesia y ésta su labor crítica y vigilante de una institución” No obstante, señala que la llegada del Papa Francisco ha supuesto un “aire distinto”. “El Papa Francisco no tiene miedo a algo que muchas veces tenemos que es: bueno si me equivoco pediré perdón y rectificaré. Y eso yo creo que los medios lo valoran también porque hay un mensaje rápido y luego si tiene que matizar o pedir perdón porque no es lo que quería decir o rectificar yo creo que es de agradecer”.

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