16 mayo 2022
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La estremecedora experiencia de una salmantina víctima de violencia machista: “Mi hija ha vuelto a ser una niña”

Lucía sufrió 14 años de violencia machista que presenciaron sus hijos, por eso ha participado en “Liberando nudos” y cuenta cómo ha mejorado la relación materno-filial

17 nov 2021 / 17:56 H.
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Durante 14 años, Lucía vivió una relación con su pareja basada en los celos de él, el control, los insultos diarios hacia ella, las humillaciones, vejaciones y reacciones violentas. Algo que no se calmó con la llegada de dos hijos. Dos pequeños que vivían con el miedo constante a su padre y con ansiedad, igual que su madre, y que se escondían debajo de la cama con los oídos tapados cuando su progenitor maltrataba a su madre. La niña desde muy pequeña asumió el rol de cuidadora, responsable de la protección hacia su madre y hermano. Es uno de los diferentes roles que asumen los hijos en casos de violencia de género, como el de confidente de la madre, de confidente del agresor al que justifican, de asistente del agresor ejerciendo violencia contra su madre física o emocionalmente, rol de niño perfecto para ocultar sus necesidades, rol de mediador o de chivo expiatorio.

“Mi hija me decía, deja de llorar mamá, no estés triste, vamos a comer... Tiraba de mí y era la que estaba al pie del cañón. Por las noches me veía llorar y se despertaba para ver si estaba bien”, explica Lucía, que tras vivir episodios violentos y darse cuenta de que debía de proteger también a sus hijos, decidió denunciar en la comisaría su caso. Ahora ella se encarga de la custodia total de los niños, mientras que el maltratador los ve un día y medio cada quince días. “Mi hija va obligada y desde el día antes, cada vez que le toca estar con su padre, ya está llorando. Cuando vuelven del fin de semana siempre te pones alerta para ver cómo vienen, si el padre se ha metido conmigo y cómo le puedo restar importancia”, explica Lucía, que en su proceso ha recibido el apoyo vital de la asociación Plaza Mayor y su psicóloga Jésica Joaquín, también a través del proyecto “Liberando nudos”.

“Cuando la niña iba a Infantil, las profesoras decían que era una niña triste, pero no sabían lo que había en casa. La niña estaba amargada porque me veía a mí amargada. Veía a otros padres y sabía que algo pasaba y no estaba bien porque otros papás no se volvían locos con las mamás como el suyo. Ahora es otra, ha vuelto a ser una niña, es feliz, juega y se divierte. Aquí he aprendido a llevar las riendas y que la niña se dedique a jugar y a divertirse. Es fundamental que los niños sean niños”, asevera esta mujer.

“Tras pasar por ‘Liberando nudos’ he notado una mejoría del diez mil por cien en mis hijos. El niño aún se sigue tapando los oídos si oye un grito en la calle o un ruido alto porque le recuerda a lo vivido de todos los días gritos y gritos, pero ya no llora, ni se asusta o se mete debajo de la cama”, cuenta la madre, que ha pasado de estar anulada sin salir de una cama a “comerse el mundo” con gran “vitalidad”.

“Me siento culpable de que mis hijos vieran aquella violencia pero en aquel momento yo no estaba preparada para salir, era sumisa total, como los niños que callaban”, recuerda Lucía, que con el paso de los meses y tras salir del infierno ha comenzado a reponerse gracias a sus hijos . “El vínculo se ha estrechado aún más y somos una familia de tres. Mi hija me dice que yo me casé y me salió mal, pero ahora estamos muy bien”, explica Lucía, que se ha dado cuenta de lo importante que es escuchar a los hijos y detectar los efectos de la violencia en sus comportamientos para ayudarles.

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