31 octubre 2020
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La estrategia asturiana que envidian otras regiones para tener a raya al coronavirus

Realizan cribados masivos y se traducen en una incidencia de casos muy baja y, en consecuencia, una capacidad de respuesta en menos de 48 horas

Durante los últimos 14 días el Principado de Asturias ha registrado 797 positivos, que son menos de los que notifica Castilla y León en un ‘mal’ día, como en el que alcanzó los 930 casos.

Pese a ser una de las zonas con mayor atractivo turístico de España, puede presumir de haber tenido el verano más tranquilo de toda la península, hasta el punto de que casi enlazaron un mes completo sin contagios.

La buena marcha de la comunidad se ha convertido en motivo de noticia en diversos medios y es el espejo en el que muchas comunidades querrían mirarse, pero la pregunta es: ¿Cuál es la fórmula que ha llevado a Asturias hasta esta situación?

El gran pilar -al menos los más determinantes- sobre el que se cimenta la estrategia asturiana frente al COVID es el de no escatimar en la realización de pruebas PCR. Desde que comenzó la pandemia la comunidad tiene una ratio de 244 PCR por cada 1.000 habitantes. En comparación, Castilla y León -que es líder en test rápidos- tiene una ratio de 187 pruebas por 1.000 habitantes. El acelerón reciente en el ritmo de pruebas es mayor en Castilla y León (un 10% más de volumen frente a un 7% de Asturias), pero en este caso sale ganando quien tomó las medidas cuando parecía que no eran necesarias y ahora no tiene prisas.

Asturias ha apostado por cantidad y calidad. No solo es la tercera comunidad que más pruebas hace, sino que sobresale también por el criterio que sigue para efectuarlas. La OMS señalaba días atrás al concepto de ‘positividad’: ¿Cuántas PCR hace un territorio por cada positivo encontrado? Según los especialistas, este porcentaje tiene que ser inferior al 5%. Asturias tiene un 2,8% frente al 14,4% de Castilla y León.

Por encima de ese 5% de límite se considera que se está yendo demasiado a lo obvio -personas con síntomas y sus contactos más estrechos- y se descuidan muchos potenciales contagios. Por ejemplo, durante la primera ola de la pandemia el protocolo nacional solo indicaba hacerle PCR a quien tenía síntomas muy claros y, además, con una clínica grave. En consecuencia, la tasa de positividad era muy alta.

Asturias ha obtenido un notable éxito con los denominados ‘llamamientos públicos’: cuando se detecta un brote -sobre todo relacionado con la hostelería- se hacen llamamientos a través de los medios y redes para que las personas que hayan podido estar en contacto con esas zonas se sometan voluntariamente a una PCR. “Fue llamativo un brote que se produjo en Avilés. Una persona contagiada se movió por tres bares de la zona y se detectaron 7 contagios. Como ya era oficialmente un brote se hizo un llamamiento, se presentó muchísima gente y ya se han localizado a más de 50 nuevos afectados a partir de ese brote”, explican a este diario desde La Nueva España.

Otra de las claves del éxito es la rapidez en la comunicación de los resultados. Gracias a que Asturias ha controlado siempre la epidemia y las cifras nunca se han disparado, la capacidad de respuesta del sistema sanitario de la comunidad es óptima: 24 ó 48 horas, máximo, frente a los 7 días que se denuncian a veces en Salamanca desde que se le toma la muestra a un paciente hasta que se le llama para comunicarle el resultado.

Rastreadores

La cantidad de rastreadores específicos con los que cuenta Asturias -respecto al número de habitantes- es inferior a la de Castilla y León, aunque en proporción al número de contagiados es más cómoda. Aún así, desde la autoridades sanitarias avanzan que el equipo de vigilantes se irá reforzando si la situación epidemiológica lo requiere.

También se ha solicitado el refuerzo de más de 80 rastreadores del Ejército, pero mientras tanto se encontraron ideas ‘originales’ y eficientes: “En los momentos de apuros se apostó por contar con 60 médicos recién licenciados antes de que empezaran la residencia y que funcionaron de maravilla. También se han apoyado en trabajadores sociales y psicólogos, pero la clave está en la capacidad de organización y la figura de determinadas eminencias en este campo”, defienden desde Asturias.

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