09 agosto 2020
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“La EBAU no puede ser un coladero”. La crítica de un catedrático salmantino al actual formato de la Selectividad

26 jun 2020 / 10:49 H.

José María Hernández, catedrático de Teoría e Historia de la Educación, habla sobre el fin de curso: “El aprobado general nunca es positivo, es un menosprecio a la cultura del esfuerzo”

El experto en Pedagogía José María Hernández, catedrático de la Universidad de Salamanca, reflexiona sobre lo sucedido este curso que acaba de terminar y analiza lo que llegará.

–¿Qué consecuencias va a tener en la educación esta crisis?

–Existen diferentes tipos de respuestas ante el aislamiento social riguroso, dependiendo de la capacidad de resiliencia que cada uno posea o le hayan entrenado a tener. Entre los niños y jóvenes se ha apreciado un déficit, una ausencia de los tiempos y espacios habituales de encuentro social. Al final, todo fenómeno colectivo doloroso se convierte de forma inevitable en una oportunidad también para la reflexión personal, y un motivo de presencia pedagógica en las aulas, lo que técnicamente llamamos los centros de interés. Desde un punto de vista histórico, si nos remontamos a pandemias igualmente graves como las sufridas en 1918, 1887, o la de 1856, por no ir más atrás, nos confirman que del dolor y la muerte tenemos que aprender, y enseñar en la escuela, que tenemos limitaciones colectivas severas, y que hemos de estar preparados lo mejor posible para aceptarlas, resistirlas y superarlas.

–Se está hablando de un aprobado general, ¿es adecuado?

–Por las administraciones se ha recomendado mayor flexibilidad, dadas las circunstancias, pero creo que nadie ha postulado eso que se llama café para todos e igualitarismo a la baja. El discurso del aprobado general nunca es positivo para nadie, ni para los alumnos, que acumulan lagunas; ni los profesores, que ven degradada su función; ni para la sociedad, que al fin es la que paga los platos rotos de la ineficacia del sistema. Es un menosprecio a la cultura y los valores del esfuerzo, y una rebaja real y psicológica para la cultura media de la sociedad.

–¿Y la orden de algunas autonomías para que alumnos con suspensos hagan la EBAU?

–Comprendo que es una respuesta ofrecida en un marco histórico muy especial, pero no puedo compartirla, teniendo presente que estamos hablando de una etapa del sistema educativo que ya no es obligatoria, como es el Bachillerato. La repetición de curso es siempre un fracaso para todos, y hay que evitarla con medios adecuados, pero la EBAU no puede ser un coladero, pues al fin es lo que conduce a la universidad, y si el alumno se arrastra como puede, sin base científica y cultural apropiada, va a llegar a primero de facultad y fracasará. En realidad eso es lo que está ocurriendo al estar dulcificándose tanto el Bachillerato y las EBAU.

–¿Cómo debería comenzar el próximo curso, con refuerzo?

–Pues el próximo curso, si no vienen más contratiempos, será especial para todos. Los maestros y profesores son conscientes de que no puede obviar que ha pasado algo gordo y que ha afectado de forma directa al desarrollo de las programaciones que habían previsto. Tendrán que comprender que hay que recuperar algunas cosas del tiempo perdido, porque de lo contrario van a perjudicar a los niños y adolescentes. También los padres tendrán que asumir que han de dedicar algo más de tiempo a ayudar a avanzar a sus hijos. Todos hemos de ponernos un poco las pilas para estar a tono y ganar terreno.

–¿Se podría ver afectado el rendimiento del alumnado?

–El rendimiento del alumno ya se ha visto afectado, pero no es irreversible, siempre hay segundas oportunidades si se ponen los medios apropiados para equilibrar los vacíos.

–Lo sucedido pilló por sorpresa a profesores, estudiantes y padres, ¿se supo reaccionar?

–Por supuesto que ha sido una situación imprevista, anómala, radical, nueva que ha sorprendido a todos los sectores. Nunca habíamos vivido algo así. Pero también es cierto que la respuesta de la inmensa mayoría de los profesores y las familias ha sido excepcional y a veces heroica, dadas las circunstancias. Se ha respondido como se ha podido. En el confinamiento han existido muchos sectores profesionales calificados de héroes, y se les ha aplaudido, pero uno de ellos que parece que no ha salido tanto en los medios es el de los profesores, son miles los maestros y profesores que han estado al pie del cañón en condiciones poco favorables y a veces hasta adversas técnicamente. Esto hay que decirlo también y reivindicarlo.

–¿Y en las universidades?

–En la universidad nos ha pasado algo parecido, aunque tal vez no con tanta crudeza, dada la autonomía de los estudiantes. Creo que se ha hecho lo que buenamente se ha podido, porque nadie estaba preparado para algo así. Pero seamos claros, una cosa es acreditar que no se pierde el curso, y hemos adaptado todo lo indecible a las circunstancias de los estudiantes, y otra bien diferente es pensar que este es un modelo alternativo a la formación presencial en la universidad. La formación universitaria no puede reducirse a una pantalla, aunque sea a veces un excelente complemento. Luego está todo el tema complejo de las prácticas formativas, en laboratorios, empresas, centros escolares, centros sociales. Los alumnos universitarios de este curso, aceptémoslo, tendrán un grave déficit de prácticas.

–Está sobre la mesa el próximo curso, se habla de ratios de 20 alumnos por profesor y aulas al aire libre, ¿es factible desde el punto de vista pedagógico?

–La disminución del número de alumnos en el aula es siempre un factor de calidad, en cualquier sistema educativo del mundo, y desde luego que lo aplaudo, pero yo creo que lo que aquí se plantea es la viabilidad real sin incrementar el número de profesores, como imagino que pretenden las administraciones educativas, dada la carestía que representa la contratación masiva de nuevos profesores. Por tanto, dependiendo de las directrices finales que se trasladen desde la administración, o desde los rectorados de la universidades, cada equipo docente tendrá que buscar las fórmulas posibles adaptadas a cada centro.

–¿Vale para todas las edades?

–La enseñanza es ante todo un proceso adaptativo, al contexto y a la edad de los escolares, por lo tanto, sobran aquí los uniformismos y rigideces organizativas. Los equipos docentes de cada colegio serán quienes deban ser escuchados para organizar bien los tiempos y espacios para los muchos niños que a veces tienen a su cargo. Aquí las administraciones educativas deben tener mano izquierda para exigir a los profesores lo que sea plausible y razonable, pero no más, dadas estas circunstancias.

–En los países del norte de Europa están más acostumbrados a las clases en la naturaleza ¿no?.

–El marco de la naturaleza es para el movimiento de la Escuela Nueva, que arranca desde finales del siglo XIX y llega hasta nosotros, el ámbito privilegiado de la educación, siempre que sea posible. Pero conviene no generalizar, sabiendo que un uso razonable de la naturaleza es recomendable en la escuela, en todos sus niveles, sin exagerar. Lo que más diferencia los modelos educativos del norte respecto a los nuestros es el valor social que se concede al maestro, incluido el salario, el proceso de selección y las condiciones de trabajo. Esa es la gran lección para todos del sistema educativo.

–Se habla también de cambiar los recreos.

–Los espacios físicos y temporales de socialización de los escolares y estudiantes, sean muy pequeños o ya universitarios, son básicos para la socialización y el encuentro entre iguales, y este es un objetivo central de la institución escolar en todo tiempo y lugar. Por otra parte, el recreo o la cafetería, los pasillos, las conversaciones y juegos, según los casos, son imprescindibles en los procesos de aprendizaje, porque existe lo que se llama la fatiga escolar y el umbral de aprendizaje del alumno. Hay que cortar y regular los tiempos. Esto lo saben muy bien los equipos docentes y los inspectores desde hace tiempo, por lo que queda claro que el recreo y el descanso en un centro escolar es también un tiempo educativo.

–¿Hay que dejar a los niños disfrutar de las vacaciones o seguir reforzando?

–Los procesos educativos nunca descansan, por eso las vacaciones son siempre muy aprovechables. Lo que no significa que deban convertirse en una ampliación de la escuela o el instituto, aunque también conviene no abandonar del todo los vínculos con la lectura y otros aprendizajes.