02 diciembre 2020
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La dura vida de esta salmantina de 72 años que ha vivido el confinamiento en soledad

María Jesús López es huérfana de padre desde los 14 años, y hace cinco perdió a su madre con la que vivía

María Jesús López tuvo la gran suerte de poder disfrutar de la vida al lado de su madre hasta que ésta cumplió los 103 años de edad, sin achaques de salud y con la mente intacta. Hace cinco años que la perdió y esta salmantina de 72 años reconoce que los tres meses más duros de su vida en soledad los vivió durante el confinamiento impuesto en el primer estado de alarma. Huérfana de padre desde los 14 años, María Jesús asumió desde que era adolescente que tenía que trabajar para ayudar a su madre a salir adelante y poder pagar la casa donde residían. Con 45 años cotizados, se jubiló a los 60 años con una exigua pensión. Sin familia propia, ni hermanos y con todos sus tíos fallecidos, María Jesús confiesa que en los meses de aislamiento obligado en pandemia ha estado “un poco depresiva”. El fallecimiento de un matrimonio vecino por COVID tampoco ayudó.

“El confinamiento me ha afectado bastante y he perdido algo de memoria. Se pasa mal sola, sobre todo cuando te vas a la cama y no paras de dar vueltas a la cabeza. He tenido mucha fe en el corazón de Jesús, que no te desampara, para superarlo”, admite María Jesús, que cada semana recibe una llamada de aliento de María José Castro, responsable del programa de mayores de Cáritas Diocesana que mantiene un seguimiento de cada uno de sus usuarios para conocer sus necesidades.

El otro ángel de la guarda de María Jesús es Clara, una prima carnal de su madre, de 90 años, que se ha convertido en su “segunda madre” y la ha acogido como a una hija junto a los suyos. En la “nueva normalidad”, María Jesús explica que ya sólo pasa por su casa para dejar la compra, comer y dormir. El resto del día lo pasa con Clara y su familia. “Con ella me desahogo, le encanta hablar y vamos a rezar el rosario. Me han dado la vida. Dios cierra una puerta pero abre una ventana”, resume esta salmantina, que también destaca los beneficios que le han aportado los encuentros en la parroquia de María Mediadora organizados por Cáritas que ahora se han trasladado a pequeña escala al aire libre y con trabajo para llevar a casa y mantener la mente activa.

Y aunque María Jesús echa de menos las charlas, las oraciones, los ejercicios de gimnasia, los cafés con pastas o la obra de teatro de Navidad que compartía con amigas y amigos en los grupos de Cáritas antes de la pandemia, ahora sabe lo importante que es para su salud no estar parada y seguir activa dentro de lo que se pueda y de las restricciones en esta “inesperada nueva vida”.

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