02 julio 2022
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La desgarradora historia de madres frente a la adversidad

Zaira y Hilda relatan sus duras historias de crianza, un camino plagado de baches pero con la recompensa impagable de ver crecer a sus hijos

06 may 2022 / 19:59 H.
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Zaira había idealizado su futuro con un hogar, un trabajo, su pareja y un niño. Un embarazo imprevisto a los 23 años le rompió todos sus esquemas. “Aunque fue un shock, mi pareja y yo decidimos seguir adelante, pero él no estaba preparado y poco después huyó. Mi padre tampoco lo veía bien, decía que era mi culpa y yo caí en depresión en pleno embarazo y en pandemia”, relata la joven, mientras sostiene en brazos a su pequeño, un niño muy vivo y risueño que ya tiene dos años.

Zaira vive por y para su hijo. Ella es el refugio de su pequeño. Es quien le calma. Es a quien pide ayuda. El pasado domingo celebró el Día de la Madre con “el príncipe de la casa” y con su familia con una barbacoa. Pero hasta llegar aquí ha superado con valentía un sinfín de baches. Sobrellevar una depresión, con ayuda de psicólogos y psiquiatras, y sin medicación en pleno embarazo. Y también descubrir y aprender cada día en una maternidad primeriza en solitario. Su pareja se desentendió: tan sólo le pasa una exigua pensión mensual con alguna visita al niño, explica.

Cuando Zaira dio a luz y se vio junto a su bebé en la cama de hospital, su mente hizo “click”. “Mi cabeza cambió radical. Yo me decía: ‘He tenido un hijo y es mío. La depresión desapareció. Todos los pensamientos eran para él. Tenemos un vínculo muy fuerte. Su vida gira en torno a mí y todo cobra sentido”, subraya Zaira, que a las cuatro semanas de salir del hospital, derivada por la ginecóloga y una asistenta social, recaló en la fundación Red Madre de Salamanca.

Esta asociación de ayuda a las madres le ha ofrecido en este tiempo un importante apoyo psicológico, asesoramiento con la lactancia y para solicitar ayudas económicas y también le aporta pañales, potitos, ropa y todo el material que puede necesitar su hijo. La depresión en el embarazo le obligó a abandonar su estudios de auxiliar de enfermería y su hermana menor, que le acogió en su casa, se convirtió entonces en su principal apoyo. La “tata” es en un pilar fundamental para sacar adelante al niño. “Hace de padre, de madre, de hermana, de tía. Lo es todo”, agradece Zaira que sólo quiere que su hijo “crezca feliz, con unos valores para llegar a algo en la vida”.

“Ser madre es muy duro. No le voy a quitar mérito a los padres, pero los hijos son de la madre, que es la que se levanta cada noche, la que le acompaña a los médicos y la que se preocupa de todo”, subraya Zaira, que opina que “ser madre joven es peor”. “Casi todo mi entorno no tiene hijos. Después del embarazo, las amigas se esfumaron. Yo no puedo seguir su ritmo de fiesta. Yo tengo una responsabilidad que es mi hijo. Y me da igual si no voy a la discoteca. No puedo permitirme salir si mi hijo va a sufrir porque yo no estoy. Tengo muy claro que mi prioridad es mi hijo”, insiste esta joven madre, que ya ha recuperado la calma, también sus estudios, que compagina con prácticas y con sus tareas como madre. También ha recuperado a su familia. “Mi padre se dio cuenta del error”, cuenta.

En la sede de Red Madre en el barrio Garrido, Zaira coincide con Hilda, otra madre coraje, aunque con una historia bien distinta.

La desgarradora historia de madres frente a la adversidad

Cuando el segundo hijo de Hilda tenía tan sólo un mes de vida, esta mujer, su marido y su otro hijo mayor se subieron a un avión en mayo de 2019, con la promesa de un futuro mejor en España y una oferta de trabajo en Salamanca que resultó ser una estafa. Un fraude por el que pagaron 4.000 euros. Hilda, ingeniera industrial, dejó su vida y un buen trabajo en Perú y al llegar a Salamanca se vio sola, en la calle, con las maletas y dos hijos, uno de ellos recién nacido.

Una imagen que no puede borrar de su memoria y que solo el hecho de recordarla le angustia. “Me vi en la plaza España, con las dos maletas y los niños. Era un dolor terrible, sentir que había traído a mis hijos a España para quedarnos en la calle. Habíamos vendido todo en Perú y no había marcha atrás. Sentíamos angustia e impotencia. Te ves con las puertas cerradas y sin papeles”, relata. En la calle, unos ciudadanos le recomendaron acudir al Comedor de los Pobres, donde conoció a una compatriota que le acogió un tiempo en su hogar, antes de comenzar a tocar puertas en las ONGs. Una de esas puertas fue la de Loreto Cibanal, la responsable de Red Madre Salamanca.

“No tengo familia aquí. Ella me escucha, ha sido mi psicóloga. Conoce mi semblante y me aporta valor para seguir adelante por mis hijos. Me ayuda con leche, pañales y ropa y me hace todo más llevadero. Es un alivio emocional cuando estás tan lejos de tu familia. Red Madre es un espacio de esperanza para las madres. Para mí ha sido un lugar de acogida”, agradece Hilda, que en el verano de 2020 vivió el segundo bache: su hijo adolescente sufrió un derrame cerebral, por el que ha sido operado en cinco ocasiones y todavía sigue una exhaustiva rehabilitación ya que tiene una pierna afectada.

Esta madre se ha dedicado estos dos años a cuidar de sus dos hijos, mientras su marido trabaja para mantener a la familia. “Salamanca se ha convertido en mi segundo hogar, tengo amistades españolas y no me siento sola a pesar de tener a mis seres queridos lejos. En España mis hijos crecen seguros, algo que no tendrían en Perú, donde hay inseguridad por las matanzas, violaciones, raptos, la delincuencia y la corrupción”, valora Hilda, que en breve cumplirá tres años de estancia en España y podrá tener todos sus papeles en regla.

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