08 diciembre 2021
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‘La crónica francesa’, el Wes Anderson más excéntrico (y apasionante) en Cines Van Dyck

Hay que ver más de una vez esta comedia episódica para poder apreciar su riqueza de detalles. Con su inimitable estilo, el director de ‘Gran Hotel Budapest’

25 oct 2021 / 13:47 H.
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El autor de joyas como Gran Hotel Budapest, Fantastic Mr. Fox o Moonrise Kingdom alcanza en su décima película la cima de su estilo. Eso, si nos referimos a Wes Anderson (1969), equivale a tal riqueza de detalles que casi es imposible apreciarlos a la primera. Miles de decorados, una estética preciosista, un ritmo frenético y cargado de gags con su peculiar sentido del humor. En cualquiera de sus escenas hay más trabajo artístico, más talento, rigor y minuciosidad que en muchas carreras completas. La crónica francesa es un regalo para los sentidos, y ya puede disfrutarse en Cines Van Dyck (los lunes también en versión original por 4€).

‘La crónica francesa’, el Wes Anderson más excéntrico (y apasionante) en Cines Van Dyck

En esta comedia fragmentaria, relatada en breves viñetas, el texano rinde homenaje al periodismo y a la cultura francesa, el país donde reside. Trata de The French Dispatch, una revista (ficticia, aunque muy similar a The New Yorker) publicada en París a mediados de siglo. Su editor (Bill Murray, rostro habitual) dirige a un equipo de reporteros idealistas (Tilda Swinton, Owen Wilson) a los que inculca rigor, hedonismo y atrevimiento. Cubren todo tipo de asuntos, del sorprendente talento artístico de un asesino en serie (Benicio del Toro) que retrata a su carcelera (Léa Seydoux) y hace ganar millones a un arriesgado galerista (Adrien Brody), hasta las manifestaciones estudiantiles del 68, comandadas por un bohemio Timothée Chalamet, quien se enamora de la veterana redactora Frances McDormand; pasando por el don para la gastronomía de un agente de la ley, involucrado en una peligrosa misión de rescate (con Edward Norton).

En todos estos relatos Anderson despliega su pasión por la puesta en escena, su exuberancia visual (colores pastel, simetrías en los encuadres, que parecen lienzos), su virtuoso juego de formatos, su amor por lo artesano, su excéntrica escritura, su reparto coral, su gusto por las digresiones y paréntesis, sus guiños al cine de Jacques Tati, Godard o Lubitsch. Con los años, lejos de renunciar a su personalidad inimitable, la ha potenciado. Podrá irritar a sus detractores, pero conviene abrir bien los ojos para apreciar su grandeza. Y no será de extrañar que aspire a los Oscar. Gran Hotel Budapest alzó cuatro: dirección artística, vestuario, maquillaje, banda sonora de Alexandre Desplat, que repite aquí.

‘La crónica francesa’, el Wes Anderson más excéntrico (y apasionante) en Cines Van Dyck
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