27 enero 2021
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La apasionante historia de la salmantina que dejó una millonaria y solidaria herencia

Inés Luna Terrero, hija del empresario que trajo la energía eléctrica a Salamanca, heredó un inmenso patrimonio y como murió sin hijos, una fundación otorga becas de enseñanza

Miguel Primo de Rivera mandaba llamar “a la charrita” Inés Luna Terrero (1885-1953), cuando se deprimía, como recordó Jesús Málaga en la presentación de su último libro sobre Salamanca. Pero la rica heredera que se adelantó a su tiempo fue algo más que la amante del dictador. Basilio Martín Patino se inspiró para “Espejos en la niebla” en el amor apasionado y adolescente de la rica heredera por el apuesto y pobre Froilán Velasco, hijo de sus renteros. El idilio no pudo ser y se expulsó a toda la familia de El Cuartón, la finca situada en plena dehesa entre bosques y encinas cerca de Vitigudino, que contaba con comodidades, como agua corriente y luz eléctrica, ricas pinturas, esculturas, lámparas de Venecia, alfombras exóticas más biblioteca, piscina y sauna. Inés bautizó el palacete como “Liberty House” (la Casa de la Libertad).

La Junta de Castilla y León cuenta con una exposición virtual dedicada a la acaudalada heredera, donde se apunta que la libertad de “la Bebé”, como la llamaban, procedía en parte de la fortuna de la que dispuso por herencia, que le permitió vivir a capricho, viajar y derrochar. “Pero también de su personalidad, que no se arredraba por nada, y mucho menos por lo que pudiera pensar aquella sociedad, que no entendía que una mujer hiciera lo que le viniera en gana. Fue una mujer rica, elegante, permaneció soltera, llevaba escopeta y sabía tirar, vivió sin pudor a todo lujo en medio de la dehesa salmantina, frecuentó los casinos, vistió con pantalones y hasta sin ellos (la leyenda urbana cuenta que montaba a caballo desnuda), se puso al volante de su automóvil en un entorno que aún se movía en carro... También viajó, leyó, cultivó su mente y su espíritu. Hablaba siete idiomas, era perseverante e independiente. No encontró su sitio porque quizá no era el momento ni el lugar”.

Las fotografías de la familia Luna Terrero se conservan en el Archivo Histórico Provincial de Salamanca. Entre las instantáneas figuran retratos de los viajes de Inés Luna Terrero a Francia, Inglaterra e Italia, así como por España, Centroeuropa o destinos más exóticos, como Túnez o Argelia. Las fotos de su casa de Madrid y del palacete de “El Cuartón” en Salamanca ponen de manifiesto su gusto por la ostentación.

Como hija única heredó de sus padres, Carlos Luna Beovide e Inés Terrero, un ingente patrimonio con propiedades por toda la provincia de Salamanca y su capital, así como en Valladolid y Madrid, según se explica en la exposición virtual estableció su residencia en la Finca El Cuartón (Traguntia), “lo que supuso un choque frontal con las costumbres de la época. La propia casa era fiel reflejo de su existencia burguesa y extravagante. Rodeada de jardines, rezumaba una modernidad a la que no estaba acostumbrada aquella Salamanca provinciana. Quizás por ello su relación con la sociedad salmantina fue escasa, haciendo de Madrid y de su residencia en la calle Zurbano el centro de su vida social”, se explica en la muestra.

En la web de la Fundación Inés Luna Terrero, que tiene su sede en la calle Arroyo de Santo Domingo para conceder becas de estudios, se añade que era muy aficionada a las fiestas o a fumar tabaco y otras hierbas. Contaba con la compañía de una miss Inglesa y con una gran pasión por el ganado bravo, que le hizo formar ganaderías y acoger a toreros famosos como los hermanos Bienvenida. Cuando la Bebé murió por un cáncer de mama, y sin testamento, el Estado dedicó parte de sus bienes a crear la Fundación Inés Luna Terrero.

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