08 marzo 2021
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Juan Carlos Conde, investigador en Oxford: “Salamanca es un lujo cultural y humano al que no le damos el valor que tiene”

Tras 20 años en el extranjero, este profesor de Filología regresa como investigador distinguido. Ha elegido el Estudio porque, dice, “cuenta con el Departamento de Literatura Medieval más prestigioso del mundo”

Natural de Madrid, Juan Carlos Conde llevaba 15 años en la Universidad de Oxford, donde llegó tras ejercer cinco años como profesor en la Universidad de Indiana (Estados Unidos) y haber trabajado antes en la RAE y la Universidad Complutense. Ahora con casi 59 años regresa a España, y más en concreto al Estudio salmantino, gracias a la convocatoria nacional de las ayudas Beatriz Galindo para la captación de talento investigador. Es un sueño cumplido, aunque la mudanza no será fácil pues, asegura: “Tengo que mover 14.000 libros”.

–¿Por qué decide dejar la Universidad de Oxford para venir al Estudio salmantino?

–Hay una razón de peso y es que mi ámbito de especialidad son los estudios de Literatura Española Medieval y Renacentista y Salamanca es indudablemente, de todo el mundo, la universidad con el departamento más prestigioso, más productivo y de más alto nivel. El grupo de trabajo que reúne el profesor Pedro Manuel Cátedra, y que se articula en torno al Instituto de Estudios Medievales y Renacentistas que dirige, para mí, sin sombra de duda, es un referente mundial y la idea de vincularme a este departamento y a este instituto es sumamente atractiva. El factor desencadenante es la convocatoria de estos contratos de investigador distinguido Beatriz Galindo en los que vi una magnífica oportunidad para intentar dar este paso para venir a Salamanca. Además, después de 15 años en Oxford, considero que he hecho todo lo que podía en ese contexto. Mi carrera ha estado marcada por cambios sucesivos, soy un “culo de mal asiento”.

–¿Ha dado muchos tumbos?

–Empecé a trabajar muy joven, cuando estaba acabando la licenciatura de Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid, en el Seminario de Lexicografía de la Real Academia Española. Estuve allí 16 años, fui también profesor en la Universidad Complutense, luego marché a Indiana, después a Oxford y ahora vengo a Salamanca. Frente a otros colegas cuya trayectoria ha sido mucho más sedentaria, cosa que respeto y que comprendo que es más sensata y racional, me ha gustado cambiar y probar nuevas cosas. Eso es lo que en esencia define mi interés por Salamanca y como trasfondo la presencia de una serie de buenos amigos en la Universidad de Salamanca y lo atractivo de una ciudad a la que he viajado mucho, sobre todo para trabajar en la Biblioteca Histórica, o participar en congresos científicos, y que creo que es un lujo cultural, artístico y humano del que, quizás por esa cosa tan española de no valorar lo nuestro y más lo ajeno, no le damos el valor que tiene. Como entorno histórico y monumental, Salamanca no tiene nada que envidiar a Oxford y en mi terreno profesional, tampoco.

–No es común que al final de su carrera docente un profesor decida cambiar y empezar de nuevo.

–Es una suerte de vuelta a casa, después de 21 años en Estados Unidos y el Reino Unido va apeteciendo volver a escenarios más familiares. Tanto mi mujer como yo lo vemos como la forma de volver a casa, pensábamos hacerlo tan pronto como me jubilara, puesto que creo que la jubilación fuera de tus orígenes puede ser bastante traumática. De alguna forma, a esta edad ya un poco avanzada, esta oportunidad se presenta como una forma de regresar, de cerrar un ciclo de veinte años y de volver a España, aunque nunca antes habíamos vivido en Salamanca, pero supone volver a Castilla, volver a la meseta, que es nuestro paisaje y origen.

“El mundo universitario tiene una tendencia endogámica, pero no pasa solo en España, en Estados Unidos está solucionado, pero en Reino Unido es rampante”

–La estabilización no es el objetivo, puesto que como investigador senior tendría ya una situación estable en Oxford ¿no?

–Yo en Oxford estuve en una plaza permanente desde el principio y desde hace unos años era catedrático de Filología y Literatura Española Medievales. Así que volver es también un poco un salto en el vacío en el sentido de que dejo un puesto estable por un contrato de investigador distinguido de cuatro años, pero los términos de la convocatoria establecen que al final del periodo, si el titular se ha habilitado conforme a la legislación española, se sacará una plaza permanente.

–Su contrato lleva asociado el desarrollo de una línea de investigación, ¿cuál es su proyecto?

–Sí, se trata de enriquecer las líneas de investigación desarrolladas en la Universidad. Yo espero contribuir con líneas consolidadas como son las relativas a los estudios de Literatura Medieval y Renacentista. La línea novedosa que aporto es una que comencé hace cuatro años, que es la historia de los estudios filológicos en el ámbito hispánico. Para embarcarme en ella fue fundamental una beca que recibí en el Reino Unido de una prestigiosa institución, The Leverhulme Trust, con la que comencé el estudio de Américo Castro.

–No llega de nuevas a la Facultad de Filología.

–Sí, ayer precisamente una compañera de departamento me decía en un mensaje la ilusión que le hacía que fuéramos a ser compañeros después de conocernos de jóvenes, cuando éramos estudiantes de doctorado y acudíamos a los congresos hace 25 años o más. Otros son gente más joven a la que he visto crecer y en otros casos, como el de Pedro Cátedra, el conocimiento va más lejos ya que él fue el presidente de mi tribunal de tesis. Desde luego, no tengo el sentimiento de venir a un territorio extraño, sino que en estos días ya me he podido dar un paseo y charlar con más de una docena de amigos y colegas.

–Ayudas como las Beatriz Galindo son fundamentales para captar talento.

–Son fundamentales, sin ellas hubiera sido mucho más complicado venir. Yo nunca he desarrollado una carrera al amparo de un director de tesis, cuando me fui a Indiana no conocía a nadie allí y cuando me fui a Oxford tampoco. Este cambio es muy agradable, aunque nunca he sido alumno de la Universidad de Salamanca.

“Como entorno histórico y monumental, Salamanca no tiene nada que envidiar a Oxford y en mi terreno profesional tampoco”

–¿En España es complicado volver por la endogamia?

–Yo nunca había hecho los trámites de habilitación, si lo hubiera hecho y hubiera estado pendiente, podría haberme presentado a alguna plaza, aunque es verdad que el mundo universitario, en términos generales, tiene una tendencia endogámica, pero no pasa solo en España, en Estados Unidos lo tienen solucionado, pero en Reino Unido la endogamia es rampante, los puestos los ocupan gente de Oxford o de Cambridge y rara vez alguien de fuera. Programas como el Beatriz Galindo tienen la ventaja de renovar la composición de los departamentos.

–¿De momento, estará a medio camino?

–Vuelvo el lunes a Oxford, pero la idea es regresar a Salamanca a mediados de marzo y de forma definitiva en junio o julio. Todo ahora es muy incierto.

–¿Todo dependerá de si cambian las restricciones?

-Las restricciones han ido cambiando. Los requisitos por parte de España son los mismos, solo pueden viajar españoles o residentes con permiso con una PCR negativa, pero el Reino Unido ha puesto la condición de la PCR previa al viaje, una cuarentena y dos PCR en ese periodo, además tiene una lista negra de países, como Portugal, cuyos viajeros tienen que pasar la cuarentena en un hotel al que te llevan desde el aeropuerto.

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