01 diciembre 2021
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José Gallo, jefe de la base aérea de Matacán: “La escuela de drones gana peso internacional”

Ha iniciado su mandato con “ilusión y humildad” y detalla los retos continuistas que tiene por delante para mantener la calidad en la enseñanza y ser referentes en UAS (drones)

25 oct 2021 / 08:09 H.
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PALABRAS CLAVE

Se cumplen tres meses desde que el coronel madrileño de 52 años, José Gallo, se pusiera al mando de la Base Aérea y Grupo de Escuelas de Matacán. Licenciado en Geografía e Historia y graduado en Ciencia Política y de la Administración, Gallo comenzó su carrera militar como piloto del F-18 y C-101 y aunque ahora su tarea se centra más en los despachos no ha perdido su pasión por volar. Con el mono de aviador recibe a este periódico y confiesa que desde que se instaló en Matacán al menos ha podido subirse cuatro veces a los mandos de un C-101. Con “ilusión y humildad” afronta su nueva etapa, la primera en un centro docente, “consciente de la importancia que tiene la formación y perfeccionamiento para el futuro del Ejército del Aire”.

–¿Cuáles son sus retos?

–Mis retos son continuistas en cuanto a la labor docente, que es la razón de ser de la escuela. También consolidar la escuela de UAS (drones), está en crecimiento. De hecho, vamos a recibir alumnos de las Fuerzas Armadas portuguesas, y ése es uno de los terceros objetivos: la internacionalización de la escuela de UAS y el resto de escuelas. El cuarto objetivo sería continuar con las magníficas relaciones con la sociedad civil y las instituciones.

–La Base aspira a crear un Centro de Excelencia de drones, ¿cómo está ese proyecto?

–En su día hubo una propuesta del Senado para convertir la Escuela de UAS en un Centro de referencia cívico-militar. Esa iniciativa está en marcha, y se ha informado al mando de qué supondría dar ese salto. Consistiría no sólo en dar servicio a las Fuerzas Armadas sino a cualquier persona de la Administración del Estado. También se hablaba de generar un polo de desarrollo tecnológico en las instalaciones aeroportuarias y que fuera una sinergia para todos. Estamos esperando a que se tome una decisión al respecto porque implica más medios materiales y humanos y depende de la situación económica.

–La escuela militar de UAS-drones, ¿qué peso tiene Matacán a nivel internacional?

–Es la escuela que más futuro tiene porque el futuro de la aeronáutica son los sistemas no tripulados. A nivel internacional, a principios de año hemos tenido una colaboración con la Agencia de Defensa Europea y empresas que suministraron simuladores conectados en línea en diversos países para unificar conceptos y doctrina común para los países. Nosotros desarrollamos y lideramos un escenario desértico junto a República Checa y Reino Unido y fue un éxito. La escuela de UAS cada vez más tomando más peso a nivel internacional y una prueba de ello es que las Fuerzas Armadas portuguesas han pensado en nosotros para formarles.

–En su reciente visita a la Base, la ministra de Defensa, Margarita Robles, destacó el ejemplo de innovación y tecnología de la Base. ¿Cuáles son los últimos avances?

–Se está desarrollando un nuevo simulador que no existía: el Simulador Integral Genérico Aeronáutico, que puede servir tanto escuela de UAS, como a la de transporte aéreo y de controladores y complementará las enseñanzas.

–Los aviones C-101 de los años 80 que usa la ‘Patrulla Águila’ y también Matacán para el adiestramiento terminan su vida útil entre este año y el que viene, ¿hay previsión de sustituirlos?

–Eso se ha comenzado a hacer en la Academia General del Aire de San Javier, en Murcia, con avionetas de turbohélice. Pero en Matacán no está prevista la sustitución a corto plazo. Los aviones tienen el final de su vida útil relativamente cerca pero hasta que no se den de baja no hay razón para no seguir empleándolos.

–Y los ocho grandes aviones de transporte T-19 que se usan para las clases de piloto de transporte, ¿todavía tienen vida útil?

–Sí. Lo único novedoso es que se ha adjudicado ya a una empresa la sustitución de los navegadores de los aviones, que están obsoletos, por otros más nuevos, más precisos y que permitan una certificación para navegar en cualquier espacio europeo y una enseñanza de mayor calidad. Se supone que en 2022 desarrollan prototipo y una vez aprobado empezarían con la instalación en 2022 y 2023.

–En la última visita de la ministra, su predecesor le pidió más medios humanos y materiales, ¿ha habido respuesta?

–El planeamiento de material es más largo que el de personal. Hemos comunicado al mando las necesidades que tenemos de adquisición y sustitución de los sistemas tripulados y no tripulados y simuladores. Pero la llegada no es a corto plazo. Lo que más urge es la sustitución del simulador de tránsito aéreo que tiene 13 años y ya no hay repuestos. También necesitamos complementar los sistemas no tripulados (drones). Tenemos el Raven, mientras que el Fullmark y Tucan nos los prestan de forma experimental. Ahora la enseñanza está muy basada en el simulador y aunque es muy similar a volarlos, nuestro objetivo sería tener drones de los distintos tipos y tamaños: mini, small, táctico y tipo Predator.

–Las jubilaciones han dejado la sección de mantenimiento de aeronaves mermada, ¿cuál es la situación actual?

–Ya se ha revertido la tendencia a la baja que había de personal aunque aún estamos por debajo del nivel óptimo. Pero eso no afecta a las revisiones de las aeronaves e incluso se apoya a otras unidades en España. Hemos recibido más efectivos de tropa pero es verdad que la experiencia de los que se han jubilado es difícil de sustituir.

–En cuanto a controladores aéreos militares muchos emigran a la empresa civil, ¿tienen personal suficiente en la torre de control?

–Es cierto que el personal está muy cualificado y encuentran trabajo en el ámbito civil. Ahora tenemos personal suficiente para dar el servicio, aunque no siempre ha sido así porque ha sido deficitario.

–Los últimos accidentes en otras unidades del Ejército del Aire refuerzan la importancia de la seguridad en vuelo.

–Siempre que hay accidente a la familia aeronáutica nos afecta mucho. La seguridad en vuelo es lo más importante. Antes de una misión se evalúan los riesgos y si son altos lo tendría que autorizar alguna autoridad. A veces es una cuestión de suerte, porque hay aspectos no controlables, pero sí se pueden minimizar los riesgos.

–¿Hay alumnos pilotos que abandonan por la exigencia?

–En la enseñanza aeronáutica no vale pasar de curso con asignaturas pendientes. La experiencia nos dice que si hay personas que no cumplen con los objetivos en el plazo establecido, cuando se enfrenten a situaciones exigentes no reaccionarán adecuadamente. Hay unos estándares que cumplir y las personas que no cumplen causan bajas. Pero en esta escuela no hay problema de bajas.

–¿Hay proyectos de misiones o colaboraciones en el extranjero?

–Hay personal que a nivel individual ha sido seleccionado para ir a Senegal y Yibuti. Y es posible que se retome el programa de asesoramiento de mantenimiento al Ejército del Aire de Senegal.

–¿Los rastreadores militares siguen trabajando?

–Su trabajo finalizó en junio pero estamos dispuestos a activarla. Supuso un esfuerzo para la Base pero la gente reaccionó muy bien.

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