10 julio 2020
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Jesús Rivera (sociólogo y experto en envejecimiento): “Las actividades colectivas se reducirán”

El profesor de la Universidad de Salamanca aboga por un cambio de modelo de residencias para mejorar su eficacia y su capacidad de respuesta ante crisis como la del COVID

07 may 2020 / 09:19 H.

Jesús Rivera, profesor titular de Sociología en la Universidad de Salamanca, ha dedicado su línea de investigación al envejecimiento y a la salud. Sectores muy interrelacionados, más aún con la crisis del coronavirus, en la que otros expertos e incluso las propias administraciones admiten la necesidad de realizar un cambio del modelo de las residencias geriátricas. Una visión que comparte Jesús Rivera, que incluso aboga por una redistribución de los fondos públicos para mejorar la atención en los centros sociales.

–¿Cómo está afectando al colectivo de personas mayores, el más golpeado por la enfermedad en contagios y fallecimientos?

–Ha demostrado que es una población frágil, como dicen los geriatras, pero hasta ahora no habíamos tenido una pandemia de estas características para comprobar ese estado de fragilidad. Además, se han visto capas de vulnerabilidad en algunos ámbitos como las residencias o los mayores que viven solos, muchas mujeres sobre todo. También es cierto que la situación ha despertado redes de solidaridad con estas personas.

–¿Los mayores pueden salir traumatizados de una experiencia como la actual?

–La experiencia y la historia nos dice que esta generación de personas, sobre todo a partir de los 75-80 años, han superado una posguerra, etapas de carestía y penurias económicas, por lo que seguramente estén preparados para este tipo de situaciones. No obstante, ni siquiera los psicólogos saben qué puede pasar el día de mañana con el desconfinamiento en personas que hayan tenido que estar solas o convivir con gente con la que no se llevaba bien. Pero teóricamente no debemos pensar que las personas mayores van a sufrir más que el resto. Hay que tener en cuenta que muchas de ellas han estado arropadas por su familia, el vecindario... A pesar de que no podían convivir con otras personas, si tenían a gente pendientes de ella, a lo que han ayudado también las nuevas tecnologías.

–¿El temor a salir de casa puede llevarles a modificar su estilo de vida y que acabe perjudicando su salud?

–Es un riesgo pero, de momento, en las franjas para pasear para mayores de 70 años se está viendo a muchas personas saliendo. El miedo va a ser generalizado en toda la población, pero no creo que especialmente vaya a afectar a los mayores. Habrá más precaución, más medios de protección como mascarillas o guantes y se reducirán las reuniones, los viajes u otro tipo de actividad colectiva, como la gimnasia, muy importantes para la socialización de las personas mayores y para su salud. Ahí probablemente se notará y redundará de manera negativa en su calidad de vida.

–¿Habrá más familias que a partir de ahora descarten llevar a sus mayores a residencias?

–Las residencias en España han estado siempre muy estigmatizadas. A la gente no le gusta llevar a sus familiares a una residencia. Tenemos un porcentaje de personas en estos centros muy escaso, que no llega al 4%, mientras que en los países de nuestro entorno varía de un 6% a un 8%. Lo sucedido con el coronavirus posiblemente potenciará o consolidará ese rechazo que existe en España, a diferencia de lo que ocurre en otras partes de Europa. Probablemente también haya que replantearse cómo tienen que ser las residencias. En Reino Unido o los países del norte de Europa se trata de un modelo en el que los centros están más medicalizadas, ponen un mayor énfasis en lo sanitario. Hay más enfermeras, médicos... Eso hace que, ante una crisis de este tipo, estén más protegidos. En cambio, las residencias en nuestro país tienen un carácter más social, aunque haya ancianos enfermos. Eso les ha desprovisto de medios suficientes para atajar de otra manera esta crisis.

–Se habla precisamente de cambiar el modelo de residencias. ¿El futuro tiene que ir a centros más medicalizados como en otros países de Europa?

–Debería haber una división entre instituciones que acogen a personas válidas y las residencias con mayores con enfermedades limitantes. Eso permitiría a los centros trabajar estrategias diferentes. Las medicalizadas estarían destinadas a esas personas con más problemas de salud, mientras que las otras tendrían un enfoque más encaminado a mantener la calidad de vida, la movilidad... El futuro creo que pasa por esa división. Los propios trabajadores de residencias reconocen que la convivencia de gente válida con la que no lo es se ve afectada, porque al final los primeros pueden acabar deprimiéndose. Se generarían unos mecanismos de atención más eficaces, con una mejor organización y un trabajo más adaptado.

–¿El cambio de modelo implicaría un mayor esfuerzo económico de las administraciones y de las familias?

–No. Debería implicar una redistribución del dinero que se emplea en la sanidad y en los servicios sociales. Deberíamos poner menos dinero en los hospitales, que se llevan el 70% de los presupuestos de las consejerías de salud, e invertirlo más en cuestiones como residencias o ayuda domiciliaria a mayores, que ayudan a prevenir. En España, hay un 20% de la población que es mayor, que se acerca al 25% en Castilla y León, por lo que necesitamos infraestructuras adecuadas para atenderla, con su idiosincrasia y patologías. Con el dinero que existe, sería posible repartirlo de otra manera, para que los mayores estén mejor y evitar situaciones como las vividas en el coronavirus o, al menos, minimizar sus consecuencias.

–¿Habría que cambiar entonces la atención a la dependencia?

–En la propia Ley de la Dependencia existen contradicciones. En teoría surgió para potenciar los cuidados formales, los centros de día, las residencias o las ayudas domiciliarias, pero al final se produce una demanda de pagos a los cuidadores informales. Hay que asumir que en España todavía tenemos una mentalidad comunitaria y de familia, en la que las personas mayores quieren seguir viviendo en su domicilio, por lo que debería tenerse en cuenta para mejorar la Ley de Dependencia e ir hacia una mayor profesionalización. También hay que impulsar los centros de día. Hace 15 o 20 años no se entendían, se pensaba que eran una guardería, pero ahora ha calado que en esos centros se trabaja muy bien, lo que ha ayudado a que las familias vean sus ventajas. Hay que potenciarlos, porque actualmente existen pocos, además de ser los más adecuados para pueblos pequeños.

–¿Y a los cuidadores de personas mayores, como les ha afectado el coronavirus?

–Probablemente hayan surgido más conflictos, sobre todo si la cuidadora está confinada con el mayor. De todas formas, la mayoría de cuidadoras que no son familiares suelen ser mujeres latinoamericanas, con una mayor capacidad de empatizar con esas personas por cultura, lo que les hace más resistentes ante situaciones de este tipo.

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