11 julio 2020
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Jesús Galende, decano de la Facultad de Economía: “Una rebaja de impuestos sería deseable como mecanismo de activación económica”

El catedrático de la Universidad de Salamanca considera que la falta de reformas estructurales de la economía tras la crisis de 2008 han mermado los recursos del Estado para afrontar con garantías la recesión provocada por el COVID-19

29 abr 2020 / 09:08 H.

Jesús Galende es catedrático de Organización de Empresas y decano de la Facultad de Economía y Empresa, además de dirigir el Programa de Desarrollo Directivo en el IME Business School, también dentro de la Universidad de Salamanca. Una voz autorizada para conocer lo que le espera a la empresa al mundo de la empresa en la crisis provocada por el COVID-19.

-¿Esta crisis es peor que la vivida en 2008?

-Esta crisis es totalmente diferente. La del 2008 se originó por causas internas, fue una crisis financiera en toda regla, provocada por los excesos de nuestro modelo económico. La actual tiene causas externas, es una crisis sanitaria, que a su vez ha provocado un parón económico.

-El Gobierno defiende que la evolución económica será una V. Un brutal descenso de la actividad, al que seguirá una rápida recuperación.

-Comparto el brutal descenso, paralizar la actividad económica durante semanas tiene un coste indudable y más si es en medio mundo a la vez. La recuperación llevará más tiempo, en función de las semanas que estemos paralizados o de que surjan nuevos brotes. Nuestro Gobierno se encuentra ante una encrucijada: o tomar medidas sanitarias, aun perjudicando la economía, o tomar medidas económicas, perjudicando la sanidad. Siempre es menos arriesgado apostar por la salud, y más cuando esto del dinero suena tan mal para algunos, pero tendremos que pagar la factura. Echo en falta que en el Gobierno haya visibles no solo asesores sanitarios, sino también asesores económicos que transmitan alguna certeza.

-¿La crisis puede dejar secuelas permanentes?

-El tiempo de paralización de la actividad económica será determinante directo de que las secuelas sean coyunturales, y con ello de rápida recuperación, o estructurales, lo que supondría un daño más permanente. Yo espero que aprendamos de esta situación que es necesario un modelo económico más justo y sostenible, no basado en un crecimiento infinito. Sería plausible una regulación gubernamental más justa en relación a los productos foráneos que no cumplen con las mínimas normativas ambientales, sanitarias y laborales, competencia desleal que destruye la industria nacional y aumenta la dependencia externa, que se vuelve crítica en el momento menos pensado. Por el lado de los consumidores, un mayor aprecio por lo nuestro en sus decisiones de compra. Opino que la actual crisis va incluida en el mismo paquete del reto medioambiental, verdadera amenaza a largo plazo, que debemos aprovechar para afrontar. Sería una secuela permanente, pero positiva.

“La mejor medida económica es dar certezas y generar confianza, y que no tengamos la impresión de que las medidas se improvisan, suponen volantazos y llegan tarde”

-¿Las administraciones, especialmente el Gobierno, están ejecutando las medidas necesarias?

-No soy de los que echa la culpa al Gobierno de todo lo malo que nos pasa, diciendo en cambio que cuando todo va bien es gracias al mercado. Pero, obviamente, tiene un importante papel. Lo peor para la economía es la incertidumbre. La mejor medida económica es dar certezas y generar confianza, y que no tengamos la impresión de que las medidas se improvisan, suponen volantazos y llegan tarde. No perdamos de vista que el origen de la crisis es sanitario. Y mientras no controlemos el origen, no hay planificación económica que valga. Hasta que tengamos inmunidad de grupo o vacuna queda mucho tiempo, por lo que hay que actuar para controlar la pandemia con instrumentos de diagnóstico, de protección de trabajadores y seguimiento de infectados. Estas medidas sanitarias son las mejores medidas económicas para rebajar la incertidumbre, lo que a su vez incentivará la inversión y la recuperación económica. Resulta necesario un apoyo a los sectores más desfavorecidos por el parón. Una rebaja de impuestos sería deseable como mecanismo de activación económica, pero con las arcas vacías es mucho más complicado. No se hicieron los deberes a la salida de la crisis del 2008, no se abordaron reformas económicas estructurales y ahora estamos en una evidente situación de escasez de recursos.

-¿La UE está adoptando las decisiones económicas adecuadas para la recuperación?

-Europa está siendo una decepción. Pero es comprensible. Si hay tensiones entre las propias regiones españolas, cómo no la va a haber entre los países europeos. El sentimiento europeo, más allá de la palabrería, es débil, sobre todo cuando hablamos del bolsillo. Resulta totalmente razonable que Alemania u Holanda no quieran pagar la factura española o italiana cuando ven que no hicimos nuestros deberes económicos cuando pudimos y en qué gastamos el dinero. Y si la pagan, no puede ser gratis, porque saben que aprenderemos que siempre estarán ahí para pagar nuestros excesos. Aun así, es un apoyo enorme para España el marco europeo.

“Resulta razonable que Alemania u Holanda no quieran pagar la factura española o italiana cuando ven que no hicimos nuestros deberes económicos cuando pudimos”

-Muchas empresas desaparecieron en la anterior crisis. ¿Ahora están mejor preparadas?

-La anterior crisis era financiera y ello influyó directamente sobre la viabilidad de muchas entidades. Ahora el problema era distinto en su origen. Si el parón económico se prolonga, originará de nuevo problemas financieros que sí pueden afectar a su viabilidad, sobre todo la de pymes y autónomos, colectivos a los que habría que prestar la mayor atención. La ventaja es que los bancos están ahora mejor preparados para colaborar en esto, y no sería inteligente perder clientes viables a medio plazo.

-¿Salamanca está mejor o peor situada ante la crisis?

-Nuestra provincia está muy terciarizada y es dependiente de negocios relacionados con el turismo, sector que será de los últimos en reactivarse. Por tanto, el peligro de que los daños sean estructurales es evidente. El turismo nacional se recuperará antes, esto es una ventaja. Los negocios deben reinvertarse y plantearse cómo pueden ofrecer sus servicios respetando la distancia social, en una ciudad en que precisamente su reclamo es no mantenerla. Para hoteles y restaurantes será más fácil. Para los dedicados al ocio nocturno, más complicado, en tanto no tengamos vacuna o inmunidad de grupo.

“Los negocios deben reinvertarse y plantearse cómo pueden ofrecer sus servicios respetando la distancia social, en una ciudad en que su reclamo es no mantenerla”

-¿Cuáles son las fortalezas de Salamanca para crecer tras la pandemia?

-La primera es la posibilidad de teletrabajar, que hace que la localización cerca de los centros productivos no sea tan necesaria, pudiendo combinarse con la calidad de vida que ofrecemos. La segunda es la importancia del producto nacional, que es el que nos ha sacado de apuros. En el sector agroalimentario tenemos ahora más oportunidades, si sabemos avanzar en la cadena de valor de la industria. La tercera es por supuesto la educación de calidad. Tenemos a la Universidad de Salamanca que también ha dado la talla en esta crisis. Debemos sabe aprovechar su potencial en investigación, formación y prestación de servicios. Una mejor formación económica del empresariado hace mucho más fácil salir adelante en momentos críticos.