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Dos indigentes duermen por la mañana en una de las calles próximas a la estación de autobuses de Salamanca, en el barrio de San Bernardo. L. G.
Intranquilidad entre los vecinos de San Bernardo: los sintecho invaden sus calles

Intranquilidad entre los vecinos de San Bernardo: los sintecho invaden sus calles

Hartazgo generalizado entre sus residentes, que solicitan que haya una mayor vigilancia en sus calles, donde estas personas beben, orinan y duermen | Las quejas de este barrio se suman a las que se han dado en otras zonas de la capital como Carmelitas o el Campo de San Francisco

Elena Martín

Salamanca

Martes, 22 de agosto 2023, 06:00

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Consumir alcohol en aceras y parques, lavar en fuentes sus prendas de ropa, orinar en la calle o dormir encima de colchones tirados en las aceras por las que transitan. Estas son algunas de las conductas que mantienen en vilo a los vecinos del barrio de San Bernardo, que, en la última semana, han notado cómo ha crecido la afluencia de sintecho por sus calles. Son actitudes incívicas que, desde hace un tiempo, vienen soportando tanto ellos como todas las personas que transitan por la zona, próxima a uno de los lugares de congregación de turistas, clave para la ciudad: la estación de autobuses.

Las altas temperaturas no son un impedimento para algunos grupos de indigentes que copan parques o bancos. Tampoco les importa dormir en los colchones que tiran al lado de los portales de las calles colindantes a los edificios en los que viven y que entorpecen el paso de la gente con normalidad. No tienen conductas incívicas, pero generan cierto desasosiego entre los residentes del barrio, siendo muchos de ellos mayores. En especial, se sienten perturbados cuando tienen que salir a la calle y lo hacen sin compañía, sintiendo inquietud cuando vienen de hacer la compra. Por este motivo, solicitan al Ayuntamiento y a sus servicios sociales que refuercen la vigilancia y su protocolo de actuación por la zona con diversas patrullas de la Policía Local, de la que aseguran que «se pasea a veces, aunque no a pie».

Las personas mayores no son las únicas que se ven afectadas por la presencia de estos sintecho. Los padres o los cuidadores de los niños que juegan en los parques de las zonas próximas a los edificios se sienten increpados al ver cómo desempeñan sus tareas cotidianas convirtiendo estos espacios en un foco de conflicto latente con los vecinos. A esta situación, a la cual califican de «insostenible» muchos de ellos, se suma el hecho de que aquellas personas que merodean por las inmediaciones de la estación de autobuses pidiendo dinero «muestran algunos comportamientos violentos cuando se les niega la ayuda», tal y como relata uno de los vecinos de la zona.

Un lastre para los negocios

Además de la intranquilidad que sienten los vecinos que ya han mostrado su malestar tanto por la calle como a través de las redes sociales, hay que mencionar la zozobra que los dueños de los negocios del barrio muestran en su día a día cuando van a abrir sus puertas, al lado de las que estas personas se ubican con frecuencia, llegando incluso a entrar en muchos de ellos.

Un sinvivir que llega a otros barrios

Las quejas que han transmitido los vecinos del barrio de San Bernardo se suman a las que ya se han escuchado por otras zonas de la capital, en las que se ha vuelto frecuente el hecho de ver a personas sintecho en sus fuentes o parques. Cualquier persona que transite por la mañana o por la tarde por el Campo de San Francisco puede ser testigo de las hileras de ropa interior y de prendas que estas personas colocan en los muros y en los bancos del parque para que se saquen con rapidez, generando olores desagradables en los barrios colindantes y haciendo de esta situación algo «insostenible» cada día.

El Campo de San Francisco acumula distintos enseres de los sintecho que lo frecuentan cada día.
El Campo de San Francisco acumula distintos enseres de los sintecho que lo frecuentan cada día. ARCHIVO
Imagen de las prendas de ropa colocadas sobre los muros del Campo de San Francisco.
Imagen de las prendas de ropa colocadas sobre los muros del Campo de San Francisco. ARCHIVO

En Carmelitas, por ejemplo, es rutina toparse con algunos sintecho que lavan su ropa en las fuentes, donde también se refrescan dejando a un lado su 'equipaje itinerante' hasta que llega la noche y reposan en escaleras o sobre el césped. Todos ellos forman parte de un grupo que habita a las puertas de uno de los supermercados del paseo desde hace más de dos años. «Hemos tenido que prohibir que se les venda alcohol. Entraban al supermercado a la hora de comer y se ponían violentos con algunas trabajadoras llegando incluso a insultarlas, lo cual, en la mayoría de ocasiones, derivaba en alguna llamada a la Policía Local», confesaba hace apenas unos días a LA GACETA uno de sus trabajadores.

En la misma línea, otro de los trabajadores mostraba su malestar porque «empiezan a beber cerveza y vino de cartón desde las 9:00 horas», llegando a convertirse la situación en insostenible en torno al mediodía para madres, padres e incluso niños.

La basura se apodera de las calles

Los enseres que las personas sintecho que frecuentan estas zonas de la capital dejan por las calles para 'coger sitio' para dormir y hacer sus necesidades no son los únicos elementos con los que los vecinos se topan. La basura y los residuos orgánicos se apoderan, cada vez más, de la vía pública. Algunos cartones de leche, bolsas, colillas e incluso algunos elementos de plástico en los que llevan a cabo sus comidas -muchos de los cuales se pueden observar en la foto de arriba- forman parte de una amplia lista de desechos que los basureros se ven obligados a recoger cada mañana.

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