23 agosto 2019
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¿Hubo castrati en la Catedral de Salamanca?

“Caponcito” era un cantor tiple que aparece en un libro de actas capitulares

13 ago 2019 / 18:12 H.

Gozaban de una gran popularidad entre los siglos XVI y XIX. Farinelli fue uno de los más famosos y aún inspira espectáculos como el teatro musical dirigido estos días por Manuel Gutiérrez Aragón, con Miguel Rellán y Carlos Mena como protagonistas. Cabe preguntarse si hubo castrati en la Catedral de Salamanca. Josefa Montero cree que al menos existió interés por ellos, aunque “se medio ocultaba”. En una ocasión halló en un libro de actas capitulares una discusión del Cabildo. “Lo llamaban caponcito”, recuerda, “y decían que había que aprovechar que esas voces no cambian. Y que era natural. Pudiera ser un accidente. Pero cuando te dicen que un adulto es un cantor tiple... En una época estuvieron cotizadísimos, como los futbolistas de ahora, porque eran pocos”.

El siglo XVIII pudo ser el de mayor esplendor musical de la Catedral. “Había una gran orquesta, con violines, oboes, trompas... un conjunto de grandes de cantores y unos niños de coro que también cantaban. Eran más de una treintena de personas. La música solemnizaba el culto y una de las prioridades era tener los mejores músicos”, dice Josefa Montero. La actividad musical era muy intensa, a tono con en el calendario litúrgico. Y a todo ello se sumaban tedeums (himnos de acción de gracias a la providencia) o rogativas.

Con tanta actividad, la Catedral conserva en la actualidad 4.000 obras musicales y partituras, desde la Edad Media a nuestros días. Están catalogadas por un equipo dirigido por Josefa Montero, una mujer de ciencias (estudió Químicas y Farmacia), aunque también aprobó las oposiciones como catedrática de Música en institutos. Hace 20 años una afonía la llevó al archivo de la Catedral a buscar una partitura de Juan Martín y desde entonces no ha dejado de investigar, rodeada de composiciones de músicos como Sebastián de Vivanco, Tomás Micieces ‘El Menor o Antonio Yanguas. Juan Martín Ramos (1709-1789) es el compositor más prolífico que ha pasado por la seo.

Se crió en la Catedral, donde ingresó como niño de coro y acabó sacando la oposición de maestro de capilla. Fue maestro de Manuel José Doyagüe (1755-1842). Ambos fueron muy longevos para la época. “Imagino”, apostilla Josefa Montero, “que pasaban un frío pavoroso. Había quejas de los canónigos si los músicos se arrimaban a los braseros y hay algunos que piden permiso para usar peluca o pelo postizo”. Doyagüe solo salió en Salamanca en dos ocasiones. En una de ellas le ofreció un tedeum a Fernando VII cuando estaba embarazada la reina Isabel de Braganza (compuesto en realidad cinco años atrás para festejar la batalla de Los Arapiles) y una gran misa que la musicóloga salmantina transcribió para su tesis. Le gustaría que la misa, al menos, se grabara para la posteridad, dice Josefa Montero, que ya se encuentra manos a la obra con el Miserere de la próxima Semana Santa.

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