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El escritor Fernando Savater, autor del prólogo de 'Inocentes. Las otras víctimas de la ETA', junto al escritor y exguardia civil mirobrigense Juan José Mateos.
«Hay historias de víctimas de ETA que la gente no conoce y que tuvieron muchísimo peso»

ENTREVISTA AL ESCRITOR JUAN JOSÉ MATEOS

«Hay historias de víctimas de ETA que la gente no conoce y que tuvieron muchísimo peso»

El mirobrigense ha escrito un libro en el que refleja las historias de los que fueron los héroes anónimos en tiempos de ETA

Elena Martín

Salamanca

Lunes, 15 de abril 2024, 15:07

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20 de julio de 1996. Aeropuerto de Reus. Juan José Mateos siempre recordará el día, el lugar y la hora en la que su vida dio un giro de 180º. Se encontraba de servicio. Tenía 22 años, acababa de terminar sus prácticas y 20 días antes había elegido su destino para ejercer. Un artefacto mataba a una mujer de la limpieza y hería a más de 30 personas. Y, desafortunadamente, la onda expansiva le pilló provocando que tuviese que pasar por quirófano hasta en tres ocasiones, dejándole, además, sordo de los dos oídos.

Tras estar mucho tiempo 'fuera de combate' recuperándose, en ese mismo año, accedió al Grupo de Acción Rápida (GAR), donde se mantuvo durante seis años, pero que, por el agravamiento de dichas secuelas, finalmente tuvo que abandonar.

Después de contar en 'Pikoletos' su historia con el objetivo de poner en valor el enorme trabajo desempeñado por los agentes del GAR en aquellos años tan complicados de lucha contra el terrorismo, ahora, el mirobrigense Juan José Mateos publica 'Inocentes. Las otras víctimas de la ETA', donde se rinde homenaje a los miles de compatriotas que resultaron heridos por la metralla y se relatan las historias de los héroes anónimos que resistieron y mantuvieron la dignidad de los fallecidos.

Usted ha sufrido en sus propias carnes lo que es ser víctima de un atentado... ¿Cómo recuerda aquello?

—Sí. Fui víctima de un atentado a los 20 días de entrar en la Guardia Civil y sufrí heridas graves. Cuando vives una experiencia así y pasas por varias operaciones, tu futuro se queda en blanco. Afortunadamente, yo pude seguir hacia adelante. Tres años después de sufrir el atentado, accedí al GAR. En realidad, yo tuve muchísima suerte. Podría haber salido peor parado. De hecho, la chica con la que iba murió. Fue una experiencia traumática.

¿Cómo recuerda aquella época tan terrible, en la que ETA mató a tantísima gente?

—Estar en el GAR me permitió conocer, de forma directa, la forma en la que actuaba ETA y las consecuencias de sus actuaciones. La situación que vivían las familias era distinta porque les sobrepasaba la presión. A la mínima, ETA te asesinaba, te mutilaba o te excluía socialmente.

¿Quiénes son los inocentes de los que habla en su nuevo libro?

—El peso de todo lo que hizo ETA se traduce en las más de 850 personas a las que asesinó. Luego están las personas que fueron mutiladas o que resultaron heridas, que pueden ser más de 20.000. También hay que contar a las muchas personas que fueron secuestradas y extorsionadas. O a las que fueron amenazdas. En el libro, las personas inocentes son todas las que me han contado el calvario que vivieron. Hay maridos, padres, madres... Y lo peor es que se ha intentado blanquear todo lo que ha hecho ETA. Para que 'Inocentes. Las otras víctimas de la ETA' fuese posible, tuve que estar en contacto con muchas viudas o con muchos huérfanos, tuve que visitarles... También hago un homenaje a las mujeres porque hay muchas que, quedándose viudas o sin hijos, no recibieron ayudas. Nadie ocupa el vacío que existe después de un atentado. El día del funeral, los políticos van a hacerse la típica foto, pero, después, se olvidan de ellas y, hasta muchos años después, no reciben una indemnización. 'Inocentes. Las otras víctimas de la ETA' versa sobre las historias de amor que fueron truncadas por ETA y sobre las operaciones antiterroristas reales e inéditas que se abordaron para acabar con el terrorismo.

Hablar con toda esa gente le habrá resultado extremadamente emotivo...

—Es algo que llevo haciendo muchos años. Como trabajé en la policía judicial, conseguí unas fuentes sólidas entre las que figuran viudas, huérfanos...

¿Alguna historia le ha impactado especialmente?

—Sí. Una de las que más me impactaron fue la que sucedió cuando intentaron asesinar a la cúpula del Partido Popular vasco en Zarautz. ETA colocó una bomba camuflada en un panteón. Cuando la policía autonómica la detonó, varios féretros salieron despedidos. Por aquel entonces, a Juana Bengoechea, parlamentaria del partido, a quien también intentaron asesinar en varias ocasiones, le habían llegado varias cartas, le habían hecho varias llamadas... Hay muchas historias que la gente no conoce y todas ellas tienen muchísimo peso. La gente conoce a las víctimas más mediáticas, pero, en este libro, quise reflejar lo desconocido o algunas actuaciones de las que la gente sabe poco como las muchas veces en las que ETA lanzó granadas en un cuartel. Aquella época fue brutal.

¿Recomendaría a las nuevas generaciones leerse el libro? ¿Cree que son conscientes de lo que se vivió en aquella época?

—Hay comunidades autónomas en las que no son conscientes de que ETA fue la principal preocupación de los españoles durante mucho tiempo. Es una infamia que se quiera borrar todo lo que se vivió y que se enaltezca el terrorismo. Eso es algo que siempre hace el gobierno vasco, que parece no querer trasladar a los jóvenes todo lo que sucedió.

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