11 julio 2020
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Fernando Gil (catedrático de Sociología de la Universidad de Salamanca): “Es probable que la vuelta a la normalidad sea una época caracterizada por la avaricia”

Afirma que la sociedad debe aprender de esta crisis y actuar de forma diferente, además de no “guardar” la solidaridad, pese al esfuerzo que conlleva, para momentos críticos

13 may 2020 / 09:28 H.

Fernando Gil, catedrático de Sociología, es uno de lo profesores que ha aprovechado el confinamiento para hacer un análisis de lo que ha vivido la sociedad española en estos casi dos meses de pandemia.

–¿La respuesta de la sociedad española está siendo acorde con el momento que se vive?

-En general sí. El número de personas que no se han comportado con arreglo a las circunstancias, por ejemplo, no respetando las normas de confinamiento, podría decirse que es moderado. No obstante, es cierto que hay países con un comportamiento cívico superior al nuestro. Esto no tiene que ver con el coronavirus solamente. El número de infracciones en las carreteras o de denuncias por molestar al vecino es superior al de países como los del norte de Europa. Los estudios sobre el altruismo entre conductores no son muy halagüeños. Aunque también nuestros vecinos portugueses nos superan en algunos aspectos.

–¿Los ciudadanos saldrán traumatizados de la crisis?

–No. Aunque habrá una minoría que lo somatizará con un aumento de niveles de ansiedad, depresión o agorafobia. Todo cambio radical en las costumbres durante un tiempo considerable implica un cierto grado de sufrimiento, porque somos animales de costumbres. El nivel de impacto depende de muchos factores, como el número de personas con el que se convive, el tipo y cantidad de espacio, etc... En general tenemos más resistencia de la que creemos. De hecho, uno de los problemas que tenemos o que teníamos es que no la poníamos a prueba.

-¿Debe haber buenos y malos en una crisis como la actual?

–Debemos esforzarnos por no ser maniqueos siempre, pero más en situaciones de crisis. Lo más fácil y tentador, cuando estamos asustados o perplejos es buscar culpables. Recordemos que en siglos pasados nuestros antepasados buscaron chivos expiatorios para explicar los males que les afectaban, entre ellos epidemias mortales. Es más fácil echarle la culpa al gobernante que a uno mismo por haber cargado el carro en el supermercado como si se acabara el mundo.

–¿La clase política está a la altura de las circunstancias actuales y de liderazgo que demanda una situación como esta?

–Desgraciadamente no lo está. Quien sepa algo de historia echará de menos la colaboración de todas las fuerzas políticas en épocas de crisis extraordinarias. Si hasta en la guerra hay treguas, ¿cómo es posible que no la haya entre el gobierno y la oposición en estas circunstancias?

–En un vídeo en las redes sociales, habla de que la transparencia en los datos por parte de los políticos no es suficiente. ¿Qué falta?

–Informar por informar no puede ser el objetivo en nuestras sociedades actuales, porque se provoca una saturación, la gente no asimila, y se cae en el peligro de dar importancia a lo que no lo tiene, y viceversa, no se le da a lo que lo tiene. De hecho ese es uno de los grandes retos que tiene planteada la educación formal en la era de internet.

“La clase política no está a la altura. Si hasta en la guerra hay treguas, ¿cómo es posible que no la haya entre el gobierno y la oposición en estas circunstancias?”

–¿Es imposible que el Estado del Bienestar vuelva a ser como antes?

–Algunos observadores opinan que el Covid-19 ha servido para resucitar el valor de los Estados nacionales, que estaba de capa caída. Esto debe matizarse porque donde esos Estados eran débiles y tenían la competencia de estructuras paraestatales ilegales –guerrillas, narcotráfico, sectas religiosas armadas-, estas han aprovechado para hacer proselitismo y mejorar su imagen entre sectores más vulnerables de la población haciendo las veces de Estado, es decir, protegiendo a los ciudadanos olvidados.

–El coronavirus ha aumentado la solidaridad de muchas personas. ¿Cree que ese espíritu se mantendrá?

–No tanto. La solidaridad es como un tesoro muy valioso que tuviéramos guardado y que desempolvamos únicamente en casos de absoluta necesidad. Cuando pasa lo peor, lo guardamos de nuevo, como si tuviéramos miedo de que se gaste. En realidad, lo que ocurre no es que se gasta sino que es desgastante, es decir, hay que frotarla para que surta efecto y eso exige esfuerzo. La diferencia entre ir a una manifestación en solidaridad con ciertas personas y meterse voluntario para trabajar en asociaciones sin fines de lucro con ese mismo colectivo es que, en el primer caso se gasta menos energía. Ir a una manifestación tiene el mismo efecto mágico que frotar la lámpara de Aladino. Con poca energía tienes la conciencia limpia.

–Subraya que el modelo de crecimiento económico infinito no puede continuar aplicándose.

–La prueba lógica está cada vez más clara: el planeta no aguanta el ritmo del crecimiento desenfrenado.

–¿Tras el coronavirus será más fácil que se den comportamientos corruptos o poco éticos?

–Muchos usarán el esquema mental de la veda. Como si se hubiera prohibido mucho tiempo cazar y de repente se abre la veda. Y como el campo estará pletórico de piezas, de gente que quiere gastar sus ahorros para celebrar la vuelta a la “normalidad”, pues la maquinaria recuperará su rendimiento. Es muy probable que la tan cacareada vuelta a la normalidad sea una época de transición caracterizada por la avaricia, la cual conlleva la tentación de la corrupción, sobre todo en culturas donde es un comportamiento tolerado socialmente. Por eso debemos insistir en aprender de la crisis y hacer cambios, como cuando hemos pasado por una fuerte experiencia existencial y decidimos actuar de forma diferente.

“Debemos no ser maniqueos. Es más fácil echarle la culpa al gobernante que a uno mismo por haber cargado el carro en el supermercado como si se acabara el mundo”

–¿Considera que la sociedad española no ha sido educada sobre la muerte?

–Creo que la sociedad ha negado la muerte en esta pandemia, un mecanismo de defensa psicótico. No hablamos de los fallecidos sino de la cifra de fallecidos. Se ha llegado a culpar a los gobernantes por desaconsejar autopsias en caso de fallecidos por el virus, algo que es una medida de sentido común cuando no se disponen de medios especiales, que es en la mayoría de las salas. Pero si se hubiera podido velar en casa en una cápsula cien por cien segura, ¿se habría hecho? ¿Por qué no velamos a los muertos en casa? Sencillamente porque nos queremos quitar el muerto de encima. No solo no queremos pensar en la muerte sino que cuando llega queremos contactar con ella lo mínimo.

–La educación ha cambiado. ¿Será pasajero?

–Está comprobado que cuanto menos contacto presencial, cuanto menos conocimiento personal, menos nos importa el sufrimiento del otro. Además, no todas las familias pueden educar bien a sus hijos, ni por medios ni por conocimientos. Por ambas razones, la educación presencial no debería ser sustituida ni aprovecharse para aumentar la proporción de educación virtual. Lo que hay que hacer es cambiar las condiciones de la educación presencial. Más inversión, menos ratio de alumnos por profesor, más medios.