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El activista pakistaní Ehsan Ullah Khan, en la conferencia que ofreció el pasado jueves sobre la esclavitud infantil en el Centro Municipal Integrado Julián Sánchez 'El Charro'. OBES
«La esclavitud no terminará mientras los países sigan usando productos hechos por niños»

ENTREVISTA AL ACTIVISTA PAKISTANÍ EHSAN ULLAH KHAN

«La esclavitud no terminará mientras los países sigan usando productos hechos por niños»

El jueves ofreció una conferencia en el Centro Municipal Integrado Julián Sánchez 'El Charro' sobre la esclavitud infantil

Elena Martín

Salamanca

Lunes, 29 de abril 2024, 12:21

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Ataviado con su característica túnica blanca. Con una sonrisa de oreja a oreja. Así entró el activista pakistaní Ehsan Ullah Khan (Gwadar, Pakistán, 1947) por la puerta del auditorio del Centro Municipal Integrado Julián Sánchez 'El Charro' el pasado jueves para conversar con adultos y niños sobre toda una lacra social. En realidad, siempre que visita Salamanca lo hace y, hablando con LA GACETA, muestra su faceta más altruista. Y más si es para abanderar la lucha contra la esclavitud infantil. Lejos queda el 16 de abril de 1995, cuando, en Pakistán, el pequeño esclavo Iqbal Masih fue asesinado por la mafia cuando iba a la iglesia con su familia.

En su historia de lucha, él fue todo un héroe. Le liberó y le acompañó en una gran batalla que, todavía a día de hoy, lidera de forma incesante. Es por ese motivo por el que no deja de alzar la voz contra la injusticia que se da en la industria textil. De hecho, a sus 77 años, puede pasarse horas y horas mirando los escaparates de las tiendas, leyendo varios 'Made in' en todas las etiquetas que cuelgan de los ropajes expuestos para, después, denunciar que acabar con esos trozos de cartón es una de las causas por las que lleva trabajando algo más de medio siglo: se niega a que alguien esté trabajando en condiciones de esclavitud y, si ese alguien es un niño, todavía más.

¿Cómo está la esclavitud en la actualidad?

—La esclavitud sigue presente a día de hoy en todo el mundo. Prueba de ello es que, en los países occidentales, se siguen usando productos que han sido hechos por esclavos. Me refiero a la ropa, a los ordenadores, a los coches... Pese a ello, tengo la esperanza de que, no tardando mucho, desaparezca.

¿Son las multinacionales culpables de esta situación?

—Sí. No solo son culpables, sino que son criminales porque están violando los derechos humanos y todos los principios relacionados con la Constitución, con los gobiernos y con los tratados con los que se pretende luchar contra cualquier tipo de opresión. Mi esperanza ha crecido a raíz del pasado 13 de marzo, cuando la Unión Europea impulsó una ley para regular el trabajo forzado.

Es un tema que, en España, parece lejano...

—Sí, aunque lo podemos ver en el día a día. La normativa aprobada está muy bien, pero la sociedad ha de ser consciente de que muchos de los productos que utilizamos están hechos por niños que están sufriendo esclavitud.

¿Qué responsabilidad tienen las empresas europeas y españolas en la explotación que usted denuncia?

—La industria de la moda, la industria del automóvil y otras muchas industrias dependen directamente del trabajo que hacen muchos niños que, en la actualidad, sufren esclavitud infantil. El problema viene directamente de los gobiernos europeos y de sus trabajadores. En España, todo lo que recibe la industria de la moda viene de países asiáticos y africanos. Esto también pasa con las tecnologías, que proceden directamente de la República Democrática del Congo.

Usted participó en la liberación de miles de adultos y niños esclavos en su país, estando entre ellos Iqbal Masih. ¿Qué recuerdo tiene de él?

—Iqbal Masih era un niño como muchos otros que están atrapados por las mafias que les esclavizan. Todavía recuerdo cuando le liberé. Fue muy difícil. Cuando fui partícipe de esas liberaciones, pude ser testigo de las torturas que sufrían estos niños y de la segregación a la que les sometían. Iqbal fue un ejemplo de educación y de superación, además de un ejemplo de lucha.

Su activismo le ha llevado a recibir varias amenazas, a entrar en la cárcel y a un exilio. ¿Cuál es su situación ahora? ¿Tiene miedo a que alguien intente matarle?

—No. No tengo ningún miedo. Sé que existen algunas fuerzas escondidas que no quieren que exista. Por ejemplo, las personas que gobiernan en Pakistán no quieren que pise por mi país. Pese a ello, yo sigo orgulloso del trabajo que sigo realizando para erradicar la esclavitud infantil en el mundo. Es algo en lo que llevo metido muchísimo tiempo y seguiré ahí. Con esta sonrisa en la cara, te confirmo que no le temo a nada. No le temo a nadie. Mucha gente me dice que no debería meterme con Inditex, pero yo siempre respondo lo mismo. Si ellos siguen con su trabajo, yo voy a seguir con el mío. Nadie lo va a impedir.

¿Dónde se concentra la esclavitud infantil en el siglo XXI?

—Los países que más sufren esta lacra son los asiáticos, los americanos y los africanos. Hay países en los que esta esclavitud infantil se ha convertido en toda una pesadilla. Es el ejemplo de Bangladesh.

¿Qué cree que pueden hacer los gobiernos para erradicar esta situación?

—Deberían implementar un precepto que fuese apoyado por los consumidores. La gente tiene que ser consciente de lo que existe tras sus compras. Todo lo que consumen procede de países como Pakistán o Bangladesh. Allí, los niños trabajan gratis y en malas condiciones. Los gobiernos han de trabajar de forma más seria en el ámbito legal. Han de aprovechar las leyes internacionales para avanzar.

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