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La joven salmantina paseando por Salamanca. LAYA

«La enfermedad era mi única amiga»

Laura narra cómo han sido siete años de lucha silenciosa contra la anorexia haciendo hincapié en que «las personas no están hechas para vivir así»

Clara Delgado

Salamanca

Lunes, 1 de diciembre 2025, 07:40

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«La salud mental sigue siendo un tabú aunque pensemos que ya lo hemos superado». Así comienza su relato Laura (nombre ficticio), una salmantina de 21 años que convive desde hace siete años con una anorexia nerviosa que, como asegura, le ha marcado la adolescencia, la vida familiar y su futuro. Aun así, hoy es capaz de contar su historia para concienciar y para «dar un poco de luz» a quienes están pasando por lo mismo y más en días como el Día Internacional de la lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), celebrado este domingo.

Con apenas 14 años Laura comenzó con las conductas que más adelante serían reconocidas como síntomas del trastorno. «No tenía conciencia de que estaba haciendo daño a mi cuerpo», recuerda. La voz de alarma la dio su pediatra, al ver que la joven había perdido la menstruación durante dos años . Era el preludio de lo que vendría. «Me di cuenta demasiado tarde», confiesa. «No fui consciente de que tenía un problema grave hasta que me ingresaron». Aquel ingreso fue el primero de una larga cadena: estancias de 24 horas, hospitales distintos, casi un año sin ver la calle. «Sentía que me habían encerrado, que pensaban que estaba loca. No entendía nada». A ello se sumó la agorafobia que desarrolló al salir del hospital tras un año sin pisar la calle. «Me habían recuperado físicamente, pero nadie buscó el porqué de todo.

Su testimonio también denuncia las carencias del sistema. Tras el alta de uno de sus ingresos, afirma que no recibió el seguimiento psicológico adecuado. «Me dejaron de la mano de Dios. Solo veía a un psiquiatra cada tres meses, y no era especialista en TCA»

«En mi familia no sabían qué me pasaba. Lo reducían a 'no come', 'hace mucho deporte», explica. Aún así, asegura que el apoyo de su madre ha sido incondicional: «Ha sido mi pilar». En el colegio tampoco tenía con quién compartir sus vivencias: «Siempre he sido la que iba más sola, a la que nadie quería en los grupos. Me cerré en mí misma y cuando la enfermedad entró en mí, ella era mi única amiga».

Tras años de tratamientos, de ingresos y de recaídas, Laura mira hacia atrás con cierta perspectiva. «La enfermedad te hace creer que no vales. Que solo sirves para castigarte. Pero llega un momento en el que te preguntas si de verdad estás hecha para vivir así». Esa pregunta fue su punto de inflexión. Aunque reconoce que todavía lucha cada día, afirma que la parte mental ha mejorado. «No estoy curada, pero estoy más fuerte. Y sobre todo, más consciente», asegura. Hoy estudia un doble grado de Derecho y Criminología.

Además, Laura participa en un pequeño proyecto personal con el que regala bolsas ilustradas con un mensaje: «Al final del cuento decidió quererse». «Hay vida más allá de la enfermedad. Es posible reconstruirse. Es duro, pero no estamos hechos para vivir sufriendo», explica esta salmantina.

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