27 enero 2021
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El vital papel de la Educación Especial, en el testimonio de una familia salmantina: “Mis hijas llegaban frustradas del colegio”

Álvaro y Pilar relatan cómo cambió la vida a sus hijos con autismo el paso a centros de educación especial: “Si los cierran, será un absoluto desastre”

Álvaro Pérez comenzó a comprobar que sus dos hijas mellizas no llegaban como todos los días del colegio. “Los dos últimos cursos se les notaba frustradas y enfadadas”. Mireya y Lorena, diagnosticadas con TEA (Trastorno del Espectro del Autismo) fueron a la educación ordinaria hasta los 11 años en que su padre decidió cambiarlas al centro especial de ‘La Cañada’. “La decisión me costó muchísimo, pero una vez que hice el cambio todo han sido ventajas. A pesar de que los tutores lo intentaban, no tenían ni la formación ni los medios que tenemos ahora”, detalla. Uno de los principales cambios lo vivió en la sonrisa de sus hijas. “Están más contentas y ya desde el fin de semana están deseando ir”, detalla. En la clase de las pequeñas solo hay tres niños más.

Por ello, no entiende que la Ley Celaá se plantee disminuir el peso de la educación especial. “Aunque tengan buenas intenciones, si los cierran o buscan una integración forzada va a ser un desastre. Mis hijas necesitan atención desde la comida a cualquier otro aspecto como hacer las tareas o que estén sentadas en una silla”, detalla. Aboga porque se den más recursos a los centros de educación especial para que mejore la situación de los niños.

“Soy partidaria de la libertad y que cada padre pueda elegir la opción que desee, pero que no nos la arrebaten”

Pilar Lázaro tomó la decisión mucho antes con su hijo Raúl, aunque también le costó tomar una decisión de la que nunca se ha arrepentido. “Empieza a descolgarse y te vas dando cuenta de que no encaja y que no hay profesionales que puedan prestarle toda la atención que requieren”. El objetivo ya no eran los rendimientos académicos, sino el aprendizaje de cualquier elemento necesario en la vida. “Nos marcamos unas metas para el curso que se van cumpliendo poco a poco: que aprendan a comer, vestirse o simplemente para pedir ayuda cuando les duele algo”, incide Lázaro que recuerda a modo de ejemplo la odisea para descubrir que uno de los dolores de su hijo estaba provocado por un calcetín mal doblado por las costuras o cómo Raúl aprendió a esperar situaciones básicas como el servicio de una comida en un restaurante o que el camarero pusiera un café en un bar sin que preparara un escándalo. “Su sitio está en el centro de educación especial porque hay grandes profesionales y se deberían reforzar mucho más”, reconoce ante la polémica actual que ha suscitado la Ley Celaá.

Pilar Lázaro juega junto a su hijo Raúl.
Pilar Lázaro juega junto a su hijo Raúl.

No obstante, Lázaro recuerda que cada niño es diferente y por ello es completamente partidaria de la “libertad de los padres para elegir”. “Todo el mundo debería conocer lo que se hace en los centros de educación especial para eliminar prejuicios. Me da mucha pena que algo que ha costado tanto conseguir se pudiera venir abajo. Soy partidaria de la libertad y que cada padre pueda elegir la opción que desee, pero que no nos arrebaten esa libertad”, recuerda.

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