21 octubre 2019
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El testimonio de un transexual salmantino de 18 años: “Vivía una vida que realmente no quería”

Lucas, transexual de 18 años, se liberó cuando contó a su familia que no se sentía a gusto con el género femenino con el que nació. No oculta su ilusión porque pronto iniciará el tratamiento hormonal

25 mar 2019 / 22:19 H.

Hace cuatro meses que recogió su nuevo DNI. Por primera vez en sus 18 años de vida, el nombre y la imagen que allí aparecían correspondían a su identidad de género. Lucas cortó el viejo DNI, ése con nombre femenino y foto con pelo largo, y lo tiró a la basura. “No me gusta ver fotos de mi adolescencia porque no me veo bien o no me veo feliz”, revela este joven transexual que hace año y medio hizo la confesión más importante de su vida a su hermana. Tras recibir su aprobación, al día siguiente se dirigió a su madre: “Mamá, dudo de mi género y no me siento a gusto con el género que se me había asignado cuando había nacido”.

Desde bien pequeño, Lucas —que prefiere omitir su antiguo nombre femenino— “mandaba señales” a su familia. Jugar al fútbol ha sido su pasión. Le gustaba estar con chicos y odiaba que le pusieran vestidos. ¿Cuándo tomas conciencia de tu identidad de género?, preguntamos. “No es algo que te levantes un día y digas: soy un chico. Es algo que te vas dando cuenta. De pequeño, obviamente, no le das importancia. Vas a lo tuyo, a jugar. Pero en la adolescencia ya percibes algunas cosas y llega un punto en el que no funcionas. No estás a gusto contigo ni con los demás y es muy frustrante. Es difícil y complicado y hasta que le pones nombre pasa mucho tiempo. Ves otros casos en internet y que no es una cosa rara. Entonces decides dar el paso y si tienes a gente que te apoya, todo va rodado”. Ése ha sido el caso de Lucas.

Familia, compañeros de clase, profesores e incluso jefes le han mostrado su apoyo. “He tenido mucha suerte. Me ha tocado la lotería en ese sentido”, subraya este joven salmantino que demuestra una gran madurez cuando habla.

“Cuando voy a ducharme procuro no pasar por el espejo ni mirarme. Tampoco me gusta verme en fotos de adolescente”

Lucas no había tenido una buena racha hasta ahora. Cuando cursaba 3º de la ESO y “socializaba como chica” decidió “salir del armario” como lesbiana porque le gustaban las chicas. Se cortó el pelo y empezó a usar ropa masculina. “Lo desvié por ahí, pero era mentira y me di cuenta muchos meses después”, revela. Sin embargo, sentía desmotivación por los estudios; por el futuro. ¿El motivo real? “Vivía una vida que realmente no quería”, responde Lucas, que digirió en soledad un mes de debates internos antes de dar el paso y confirmar su transexualidad a sus más allegados. Fue cuando se sintió liberado. “Al principio decía: espero no confundirme. Ahora me alegro de haberlo hecho. Y menos mal”, sentencia.

Su madre acudió a Chrysallis, la Asociación de Familias de Menores Transexuales, que en Castilla y León apoya a 40 familias asociadas con niños desde los 3 hasta los 20 años. “Hemos atendido también a bastantes jóvenes cuyas familias no quieren aceptar que su hijo o hija es trans. Conocemos casos en los que es la propia familia quien deja en total desamparo a estos jóvenes, llegando a echarles de casa. Es muy triste por la impotencia de no poder ayudar. Necesitamos esa ley que les ampare ya”, reclama Raquel Ruiz, de Chrysallis.

La mejor pauta que la asociación da a las familias es que dejen expresar a sus hijos y les faciliten un espacio seguro donde poder ser. “Hay personas que desde los tres años reivindican con fuerza esa identidad, otras tardan años en manifestarlo, y otras quizá nunca lo hagan. Depende de la información de que se disponga, de las herramientas a su disposición para expresarse, del entorno, de lo libres que se sientan para poder expresar lo que les pasa...”, explica Raquel Ruiz.

Lucas inició el proceso médico en febrero del pasado año. El médico de cabecera le derivó al psicólogo y la endocrina. El joven transexual sólo tiene palabras de agradecimiento y alabanzas para sus doctores por el trato. Algo que sin embargo, no se da en otras provincias de Castilla y León, según denuncia Chrysallis. “Por desgracia lo primero que te tienen que hacer es un informe de disforia de género, que si no lo cumples no puedes hormonarte”, explica el joven transexual que, en su caso, tuvo claro que quería optar al tratamiento de hormonas y pasar por una masectomía (cirugía para extirparse los senos).

“En la adolescencia ya percibes cosas y llega un punto en el que no estás a gusto contigo ni con los demás y es frustrante”

Como Lucas, muchos chicos transexuales usan a diario el ‘binder’, un incómodo compresor que aplana sus pechos pero que causa dolores de espalda, de cuello... por no hablar del calor que da en verano. “Cuando voy a ducharme procuro no pasar por el espejo ni mirarme”, confiesa Lucas que está deseando iniciar el tratamiento hormonal. Un proceso que iba a iniciar hace dos semanas pero que se ha retrasado por nuevas pruebas y análisis. Otro escollo a afrontar en este largo, ansiado pero esperanzador proceso. “Si algo me está enseñando todo esto es a tener paciencia porque todo acaba llegando. Ahora es difícil pero nada comparado con lo que era antes”.

Tras dos años de hormonas, la Sanidad pública realiza la masectomía —el Hospital de Salamanca sí lo hace— aunque con lista de espera, por eso Lucas se plantea adelantarlo en una clínica privada en Madrid o Barcelona. “Cuando me opere haré una gran fiesta. Tengo muchas ganas. Espero que luego todo sea paz y armonía”, confía.

Desde octubre en España los transexuales pueden solicitar en el Registro el cambio de nombre para modificar DNI, tarjeta sanitaria, libro de familia, títulos académicos... Así lo hizo Lucas, cuyo DNI aún marca, sin embargo, su sexo femenino. “No dejan cambiarlo hasta que no llevas 2 años con tratamiento hormonal”, se queja.

En su grupo de Whatsapp con otros chicos trans comparte inquietudes: “Todo lo que hacemos es para sentirnos bien con nosotros mismos y también para sentirnos aceptados por los demás. Intentamos seguir esos roles de género de chico sin pecho, con pene, alto, delgado, con barba...”, reconoce Lucas, que está deseando transformar con las hormonas su voz femenina.

“Un día fui a una peluquería barbería. Tenía el pelo corto. Nada más entrar dije: ¡Hola!. ‘No cortamos el pelo a chicas’, me respondieron. Me quedé bloqueado y me fui. Me entristeció mucho”, cuenta Lucas, que evita exponerse y reconoce que ha dejado de hacer algunas cosas “para evitar problemas”.

“He dejado de jugar al fútbol para evitar problemas. Si voy al baño de chicas mal, y si voy al de chicos, te ponen mala cara”

El fútbol es uno de los hobbies sacrificados por ser transexual. “He jugado al fútbol toda mi vida, pero no me planteo volver a hacerlo porque no sé si meterme en un equipo de chicas o de chicos. Yo jugaría con chicos pero no quiero problemas. Es muy triste sí, pero quiero tranquilidad. Busco otras cosas y me compré una bici. Tampoco voy a la piscina porque me ven con el ‘binder’ y me tratan en femenino”, relata Lucas, a quien algo tan rutinario como entrar en un probador de una tienda, un baño o un vestuario público le genera mucha “angustia”. “Si voy al baño de chicas, mal y si voy al de chicos también mal porque te ponen mala cara. Estás en continua alerta y es muy agobiante, por eso procuro no ir al baño cuando salgo de fiesta”.

Cuenta que alguna noche, varios chicos se le han acercado para hacerle comentarios ofensivos. “Trogloditas hay en todos los lados”, responde Lucas, a quien le asustan las posiciones transfóbicas de Vox: “Me angustia que haya gente joven con esa mentalidad. No digo que sean ignorantes sino que no tienen respeto ni empatía”.

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