24 julio 2021
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El salmantino penalista, intelectual relevante y concejal

Dorado Montero, tras su estancia en Italia, modernizó la atmósfera intelectual de finales del siglo XIX y principios del XX, aunque el Padre Cámara firmó un decreto condenando sus doctrinas como herejía

11 may 2021 / 16:37 H.

El salmantino Pedro García Dorado Montero (1861-1919) es uno de los intelectuales más destacados de la Universidad española de finales del siglo XIX y comienzos del XX, como señala Juan Andrés Blanco Rodríguez, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad, en un número editado por la Revista de Estudios de la Diputación y disponible online.

Gerardo Sánchez-Granjel Santander apunta que Dorado Montero nació en el seno de una humilde familia de labriegos: “Sufrió un accidente en su infancia que le produjo un grave deterioro físico, al perder prácticamente la mano derecha, pero le liberó de ser siervo de la tierra. Su inteligencia, descubierta por quienes se ocuparon de su educación, le permitió realizar estudios, siempre con becas: los universitarios en Salamanca, donde cursó las carreras de Derecho y Filosofía y Letras, licenciándose, respectivamente, en 1882 y 1883 con expedientes brillantes, según relata en el Diccionario Biográfico de la Real Academia de Historia, accesible también en internet.

Acabados sus estudios de doctorado en Madrid, prosigue Juan Andrés Blanco Rodríguez, Dorado consigue una beca para continuar su preparación en Bolonia en el Colegio de San Clemente, donde “tomará contacto con la cultura occidental más avanzada”. En Italia se interesará por la Psicología, la Economía, la Ciencia Política, la Antropología y el pensamiento jurídico italiano adscrito al positivismo.

Tras su vuelta de Italia, el interés por la relación entre Derecho y Sociología le llevará a poner en marcha una revista especializada, en colaboración con Adolfo Posada, catedrático de la Universidad de Oviedo, aunque solo publicaron seis números entre enero y junio de 1895, por falta de apoyo económico. Como penalista abordará cuestiones como la naturaleza del delito, la función de la pena y la responsabilidad del delincuente.

Dorado Montero vivirá apegado a Salamanca. Para residir en la ciudad permutó su cátedra de Derecho Político de Granada por la de Derecho Penal en Salamanca en el curso 1892-1893, iniciando una actividad docente que se prolongó hasta su muerte. “Su origen campesino, su inclinación y la precaria salud de la que goza desde los años 90 apenas le permiten salir de la provincia charra. Particular apego muestra hacia el campo, de donde procede, y donde pasa largos meses cada año”, se lee en la Revista de Estudios de la Diputación de Salamanca.

Un retrato fotográfico del intelectual y busto del jurista en la Facultad de Derecho.
Un retrato fotográfico del intelectual y busto del jurista en la Facultad de Derecho.

“Sin salir de Salamanca”, escribe Juan Andrés Blanco Rodríguez, “Dorado ejerce una notable labor como intelectual comprometido con sus propias ideas”.

El 12 de mayo de 1895 es nombrado concejal del Ayuntamiento de Salamanca dentro de la candidatura republicana que encabeza su buen amigo Luis Rodríguez Miguel, que será elegido alcalde. Dorado se integró en la Comisión de Instrucción Pública, dada su preocupación por la situación de la enseñanza en su tierra. Fue edil hasta 1899, pero no tuvo una actividad muy destacada, “aceptando generalmente las posiciones de sus compañeros de candidatura”, se apunta en la Revista de Estudios de la Diputación de Salamanca.

En enero de 1897, como recuerda Juan Andrés Blanco Rodríguez, un grupo de once alumnos de Dorado, “posiblemente manejados por el sector integrista salmantino”, presenta una denuncia en el obispado de Salamanca, considerando sus doctrinas “erróneas y contrarias a la religión católica”. El Padre Cámara firma a continuación un decreto condenando las doctrinas positivistas y materialistas como herejía.

Todos sus alumnos, menos uno, dejan de asistir a clase hasta final de curso. Además, fue suspendido de empleo y sueldo por el decano de Derecho, aunque finalmente fue repuesto en su cátedra por el rector Mamés Esperabé. El incidente contribuyó más a su aislamiento en el claustro universitario y con la sociedad salmantina, aunque colaborará con los socialistas con conferencias y también destacarán sus artículos en los números especiales de “El Socialista” con ocasión del Primero de Mayo.

“El 26 de febrero de 1919 muere este intelectual salmantino contradictorio, hipercrítico en ocasiones y en buena medida utópico en algunos de sus planteamientos como penalista y pensador político. Pero Dorado Montero tiene una notable significación y su obra constituye un laudable esfuerzo por renovar y modernizar la atmósfera intelectual de España de finales del XIX y principios del XX, incorporándola a las nuevas corrientes de pensamiento que se imponían en Europa”, subraya el catedrático Juan Andrés Blanco Rodríguez.

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