08 marzo 2021
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El salmantino al que el COVID ha eliminado el colesterol y ahora dona plasma

Sorprendentemente, tras superar la enfermedad en abril de 2020 los niveles de grasa en sangre de Javier Benito han caído a la mitad

El caso de Javier Benito es digno de estudio para los profesionales sanitarios. “Los médicos se quedaron sorprendidos”, nos reconoce este vigilante de seguridad salmantino porque 10 meses después de el COVID le llevase a ingresar en el Hospital de Salamanca, el impacto en su cuerpo dista mucho al de la mayoría de pacientes que han superado esta enfermedad. Ni rastro del colesterol que siempre le ha acompañado desde hace años y, a pesar de llegar a trabajar hasta cuatro noches seguidas, ahora descansando menos tiempo se levanta más repuesto que antes. Quizás esto tenga que ver con la cantidad de anticuerpos que todavía mantiene -10 meses después- y, por eso, Javier ha aprovechado su posición “privilegiada”, así lo reconoce él, para donar plasma para acelerar la recuperación de aquellos donantes que están en UCI, algo que hace desde el pasado mes de octubre.

“Cuando me la última analítica, a finales de enero o así, el médico vio algo que salía de ojo: el colesterol, que siempre lo había tenido en niveles de 218, había bajado hasta casi la mitad”, explica. Una circunstancia excepcional para la que los médicos no han encontrado todavía respuesta. “Este virus reacciona de una manera diferente en cada persona”, le han dicho sus doctores a Javier. Pero esto no es lo único extraño que el COVID ha provocado en este vigilante de seguridad. “Ahora me levanto más descansado, incluso habiendo trabajado hasta cuatro noches seguidas”, nos revela Javier. “Son cosas muy raras, pero esto también le pasa a otro compañero que se contagió de COVID”, explica.

El de Javier es una excepción al paradigma general, porque lo más habitual es que las secuelas del COVID en el cuerpo de aquellos que lo han pasado sean negativas, es el caso de su mujer, que casi un año después de estar infectada, hay días que no tiene ni gusto ni olfato, pero sí tiene anticuerpos. “Hay cosas que si no las ve, no sabe lo que es. Pero esto varía por días”, manifiesta Javier. No obstante, él reconoce que todavía tiene algunos dolores puntuales en su codo y también siente molestias en el pecho.

En relación a ayudar a los demás con su plasma, Javier reconoce que no se lo pensó en absoluto cuando se lo comentaron durante su estancia en el Hospital. “Es algo que hago una vez al mes. Sacan la sangre, la centrifugan y se quedan con el plasma que luego emplean en acelerar la recuperación de pacientes que se encuentran en la UCI”, aclara este salmantino.

Javier ingresó en el Hospital el 12 de abril de 2020 con neumonía bilateral, durante la primera ola, una semana después de haber confirmado su contagio. 10 días fue lo que duró su estancia en la sexta planta del Clínico. “Uno de los recuerdos más terribles que tengo fue cuando me dieron de alta. El personal sanitario de aplaudía al irte, pero sales fuera del Hospital y se hace el silencio. Ese momento de salir a la calle y no ver a nadie fue terrible”, describe Javier.

Sobre cómo llegó a infectarse, Javier cuenta que su mujer, que trabaja en la residencia de mayores de la Diputación, se contagió y aunque en casa estaban con mascarilla y fueron muy cuidadosos porque se aisló de forma inmediata, Javier no pudo librarse del COVID. “Estuve una semana con malestar, dos tardes con fiebres puntuales, pero ahí empezó la tos y ya me mandaron a Urgencias”.

A pesar de haber pasado el virus, de tener anticuerpos casi un año después, al igual que s su mujer -ella ya ha recibido las dos dosis de la vacuna-, confiesa que son muy cuidadosos. “Desde marzo he visto una sola vez a mis padres”, sentencia.

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