09 diciembre 2019
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El Pozo de Nieve desnuda sus secretos a los salmantinos

Plazas y Patios permite conocer uno de los lugares más desconocidos de la ciudad

14 jul 2019 / 19:01 H.

Las ruinas del Convento de San Andrés, lugar que incluso llegó a albergar una fábrica textil, acogen en la actualidad el Pozo de Nieve. Una joya arqueológica de la ciudad de la que decenas de salmantinos y turistas pudieron disfrutar este sábado gracias al programa “Salamanca, Plazas y Patios”.

Su nombre se debe a que, antiguamente, la función de este pozo excavado en roca madre —de 1738 y de más de siete metros de profundidad— era almacenar la nieve compactada que traían los ‘arrieros’ desde la Sierra de Béjar y que se usaba para dos fines: conservar los alimentos y su uso terapéutico.

Tras el derribo del convento, que se había construido en sustitución de otro anterior desaparecido tras la conocida riada de San Policarpo de 1626, los restos del mismo se comienzan a vender mediante subasta como restos de cantera. Aún se conserva, entre otros restos, una pequeña galería con bóveda de pizarra de la que ayer pudieron disfrutar los visitantes.

La extensa red galerías subterráneas que se pueden contemplar constituye otro de los secretos que alberga el monumento. Tras un descenso de 14 metros y el acceso a través de un recorrido de 35 metros entre estrechos pasadizos (anteriores al siglo XIV) se puede contemplar una cueva con numerosas estalactitas. Además, desde este enclave se observan los restos de la muralla de la ciudad.

“Nos ha parecido muy interesante. Es la segunda vez que venimos y hemos querido repetir”, comentaban a la salida de la visita Lourdes García, David Cañavero, Candela Arnau y Sergio Cañavero. “Además, la otra vez que vinimos, realizamos la visita con otro guía y han contado detalles diferentes. Son cosas muy curiosas”, añadían.

“Me ha gustado mucho, ha estado bastante bien y ha sido divertida. Muy interesante para conocer la historia de la ciudad”, explicaba Jesús Dorado, otro turista que este sábado disfrutó de la visita. “Nos ha gustado, pero ha sido demasiado larga, en media hora se puede ver perfectamente – frente a la hora y media que dura el recorrido –. Es la primera vez que venimos porque además hay problemas para conseguir las invitaciones que se necesitan para poder visitarlo, se acaban rápido”, comentaban otras dos visitantes.

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