21 mayo 2019
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El palacio salmantino que debería abrir al público y lleva 20 años sin hacerlo

La familia propietaria de Orellana, los Pérez de Herrasti, entre ellos la mujer del exministro de Cultura Méndez de Vigo, pone de excusa diversas obras, ahora de humedades, para no permitir visitas

23 abr 2019 / 17:55 H.

Es una de las obras cumbre de la transición entre el Renacimiento y el Barroco del siglo XVI. En pleno centro, en la calle San Pablo, se erige el Palacio de Orellana, un monumento que pese a que fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) hace 19 años, nunca ha podido ser visitado ni por salmantinos ni por turistas. El inmueble, con tapices y piezas singulares de los siglos XV, XVI y XVII e incluso con dos cuadros de Goya, además de un bello patio interior, pertenece desde hace más de 400 años a la familia Pérez de Herrasti, de la que forma parte María Pérez de Herrasti y Urquijo, la mujer de Íñigo Méndez de Vigo, el que fuera ministro de Cultura del último gobierno de Mariano Rajoy.

Desde al menos hace una década, los Pérez de Herrasti se han escudado en obras —primero fue la consolidación de cubiertas, fachadas y torreón, y la reparación de la carpintería— y luego fueron las humedades— para eludir la Ley de Patrimonio. Una normativa que obliga a los “propietarios y demás titulares de derechos reales sobre bienes declarados de Interés Cultural” a “facilitar la visita pública”. La Junta de Castilla y León confirma que en la actualidad, los Pérez de Herrasti han alegado unas obras por humedades.

En los últimos años, el servicio territorial de Cultura envió diversos requerimientos a los propietarios para que salmantinos y turistas puedan apreciar la belleza de su patio interior. En su día, la familia de la mujer del exministro de Cultura se planteó convertir el palacio en una casa-museo, pero se tropezaron con el intento de expropiación del Gobierno socialista. Esta intención de hace una década no se ha consolidado en el tiempo y en la actualidad sigue manteniendo la incertidumbre sobre su apertura al público.

El palacio de Orellana, con 1.400 metros cuadrados edificados, fue mandado construir en el siglo XVI y los expertos estiman que su rasgo distintivo más castellano es la galería alta que se abrió a lo largo del cuerpo del edificio y la torre que, pese a los detalles renacentistas, conserva elementos medievales propios del Palacio de Monterrey.

Curiosamente el Palacio de Monterrey era otro de esos monumentos BIC que no permitían visitas al público. Fue gracias a un convenio firmado entre la Casa de Alba y el Ayuntamiento de Salamanca cuando se pudieron acometer unas reformas en 2017 y abrirlo el pasado año a las visitas gratuitas guiadas semanales que se conciertan en la Oficina de Turismo de la Plaza Mayor.

Por su parte, el Palacio de Orellana ha sido siempre objeto de deseo de las instituciones públicas para ponerlo en valor como sede de ambiciosos proyectos que finalmente no llegaron a fraguar. Con el Gobierno de José María Aznar, en 1997, se pretendió instalar en este inmueble el Centro de Estudios sobre la Guerra Civil, pero ni fructificaron las negociaciones de compra con la familia Pérez de Herrasti ni se llegó a emprender la vía de la expropiación. Tampoco se llegó a plasmar sobre el papel un acuerdo apalabrado por el exalcalde Julián Lanzarote en 1999 que consistía en la cesión de los propietarios por 99 años al Ministerio de Cultura para que lo restaurase y lo convirtiese en el Centro sobre la Guerra Civil.

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