27 enero 2022
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El milagro de una salmantina en Honduras

La psicóloga Ana Santero viajó hasta allí para en 2004 para dar una familia a menores abandonados y su ‘primera hija’, Elena, acaba de cumplir la mayoría de edad

08 dic 2021 / 16:18 H.
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En el año 2004, la psicóloga salmantina Ana Santero viajaba a Honduras con el objetivo de crear la Casa de los Ángeles con el reto de dar una familia a aquellos niños abandonados que lo habían perdido todo. Elena fue la primera en entrar en ese hogar de acogida y acaba de cumplir una mayoría de edad, en la que la mayor parte de su tiempo la ha vivido en el hogar formado por la salmantina.

El terreno, cercano a Tegucigalpa, es un hogar. En la actualidad, junto a Ana viven otros diez menores (seis chicas y cuatro chicos) entre los 7 y los 18 años que han tenido que hacer frente al confinamiento de la pandemia y a las urgencias económicas, agravadas por el fin de las actividades solidarias. “Ana se accidentó en 2020 y estuvo dos meses en la cama sin poder moverse. Como tiene la fortaleza que tiene, consiguió salir adelante con una silla de ruedas con la que se desplazaba para todo. Daba diez pasos y no aguantaba los dolores, pero seguía yendo a las tiendas y haciendo todo”, detalla María Ángeles Santero, hermana de la cooperante y presidenta de la asociación en Salamanca. La psicóloga salmantina es la única adulta en el hogar de la Casa de los Ángeles. La pandemia provocó que no hubiera ni educadores, ni profesores de apoyo. Solo Ana que tuvo que multiplicarse para que las clases online mantuviesen la educación de los más pequeños.

Cada imprevisto se tornaba en drama. Una sartén encendida incendió la cocina eléctrica y la dejó inservible. “Finalmente, se solucionaba de forma providencial. Al menos siempre ha venido una luz que iluminaba pero han pasado situaciones muy apuradas de ingresos económicos”, detalla. Durante la pandemia al cancelarse todos los eventos llegaron a hacer campañas para que ‘euro a euro’ fueran llegando pequeñas aportaciones que les permitieran vivir sin apuros. Las donaciones altruistas permitieron que no se cayese en un pozo sin fondo.

El rastrillo de la Casa de los Ángeles (calle Zamora, 80) pretende aliviar, en parte, todas las necesidades que puede tener una familia de once miembros. “Hacemos un llamamiento a los salmantinos para que colaboren con este proyecto. Llevamos mucho tiempo sin poder hacerlos y su situación se ve perjudicada por la falta de ingresos”, detalla Santero. El coronavirus no logró atravesar las paredes de la vivienda y no ha llegado a cortar el clima familiar que se respira en la Casa de los Ángeles. “Los niños llegaron todos muy pequeños y llevan muchos años convi viendo, así que es una familia en mayúsculas”, reconoce.

La psicóloga salmantina recibió una especie de “llamada” cuando leyó una carta del Colegio de Psicólogos sobre “Formación en desastres” tras el huracán Mitch. Comprobó que Salamanca no era su sitio y debía estar junto a los que más sufrían: los más pequeños.

Cada mes de diciembre, Honduras y Salamanca se unen en un abrazo a través del popular rastrillo que vuelve a las calles. Los salmantinos también tienen la posibilidad de realizar aportaciones económicas puntuales destinadas a la Casa de los Ángeles e incluso de ‘apadrinar un niño’ a través de colaboraciones periódicas.

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