17 mayo 2022
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El lamento de un transportista salmantino: “La gente no quiere subirse a un camión y que te traten como a una mierda”

Alberto Martín lleva casi 30 años de transportista. Reconoce que la situación ha ido agravándose, por lo que la huelga es inevitable: “O paramos y nos dan una solución o hay que abandonar”

13 dic 2021 / 10:00 H.
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Alberto Martín lleva desde 1993 trabajando como transportista. Casi tres décadas al frente de un volante, además de dirigiendo su empresa Transalberan. Pese a que durante ese tiempo el sector ha vivido momentos difíciles, afirma que la situación del transporte se ha ido degradando hasta tal punto que la única salida que les queda es la huelga si no se atienden sus demandas.O paramos y nos dan una solución o hay que abandonar”, afirma de forma contundente.

Como ejemplo de la realidad que viven, Alberto relata cómo es una de sus jornada. “Me he levantado a las cuatro y media de la mañana para salir de Salamanca a Badajoz. Una vez allí, he tenido que descargar, con lo que he terminado a las once. A mediodía uno ya está muerto. Pero luego me queda cargar de nuevo y volver a Salamanca. Esto no debería ser así. Nosotros solo nos debemos limitar a conducir, a llevar la mercancía a su destino”, explica.

Una de las quejas de los transportistas es que en los últimos años se ha convertido en habitual que las empresas que contratan sus servicios les obliguen a cargar y descargar la mercancía, lo que aumenta su trabajo y sin recibir una compensación económica por ello. “Se ha convertido en la norma generalizada”, denuncia Alberto. Más responsabilidad y esfuerzo, por el mismo precio. “Si se rompe algo, también somos los responsables. No estamos protegidos. Somos el último monigote”, se lamenta el transportista salmantino, que acusa a las empresas que recurren a este método de “ahorrarse personal” a su costa.

“Tener que cargar y descargar es la norma. Y hay muchos problemas para repercutir la subida del gasóleo”

Alberto Martín considera que la única solución consiste en que el Gobierno prohiba que sea el transportista el que se encargue de la carga y descarga, como ha hecho Portugal hace medio año. Por ahora, el Ministerio de Transportes ha manifestado su intención de regular este servicio en una futura norma, pero no prohibirlo expresamente, lo que no convence al sector. Tampoco contempla la obligatoriedad de incluir en los contratos una cláusula para ajustar los costes del transporte al precio de los carburantes, el otro caballo de batalla del colectivo. “Hay muchos problemas para repercutir los costes en el servicio. Yo tengo esa cláusula con una de las empresas con las que más trabajo, pero debería ser obligatorio para todo el mundo. De la otra forma, todo el golpe lo recibe el transportista”, indica.

La situación ha llevado a Alberto a plantearse el futuro. “Si no cambia, acabaré dejándolo. No tienes motivación alguna”, afirma. Él, de momento, ha reducido su flota de camiones de 8 a 6. “¿Para qué mantener tantos? Además, está el problema de encontrar conductores. La gente no quiere subirse a un camión y que te traten como a una mierda”, se queja. Alberto recuerda que se trata de un trabajo duro, en el que se pasan muchos días fuera de casa, a lo que se suma la exigencia del CAP y la imposibilidad de pagar el sueldo que realmente merecen. “Si a nosotros nos subieran los portes, todo el mundo ganaría”, sentencia.

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