12 febrero 2022
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El duro testimonio de un celador contagiado del Hospital: “Al principio se nos negó el uso de protecciones porque no había para todos"

Diego Porteros permanece aislado tras contraer el COVID-19: “Nos sentíamos marginados porque éramos los primeros en dar la cara y no teníamos nada para protegernos"

13 abr 2020 / 16:39 H.
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Diego Porteros lleva trabajando como celador en el Hospital desde el año 2002. Nunca antes había vivido una crisis sanitaria similar y un nivel asistencial tan alto como el que vivió durante las primeras semanas en las que se desató la pandemia en Salamanca. Fueron momentos de caos y confusión en los que fue contagiado. "Empecé con fiebre y una fatiga muy grande al hacer cualquier ejercicio y me asusté y me hicieron la prueba", expresa sobre el contagio tras el que tuvo que iniciar un periodo de aislamiento que está llevando en su domicilio.

Eran la primera línea de batalla para mover a los enfermos y aún así no recibieron toda la protección en unos días que ahora suenan lejanos. "Nadie se imaginaba lo que se nos iba a venir encima", relata. Las primeras órdenes que recibieron se basaban en los guantes y el hidrogel. "Nada de uso de mascarillas para no alarmar a los pacientes y a los acompañantes", era una de las directrices que recibieron. Días más tarde, las órdenes cambiaron y se pidió el uso generalizado. "Surgió la picaresca y hubo gente que se llevó las suyas a casa y las jefas de unidad tuvieron que esconderlas para que no arrasaran", lamenta. "En más de una ocasión", expresa, "se nos negaba el tener una mascarilla para realizar nuestro trabajo con el consecuente enfrentamiento entre los encargados de turno de los celadores con las enfermeras o supervisoras de la planta".

Y es que reconoce que en aquellos primeros días, sintió que el colectivo de celadores estaba "marginado" a pesar de ser los primeros "que daban la cara con los pacientes" ya que tenían un contacto directo con ellos a la hora de trasladarlos como es el uso de batas desechables, en vez de las quirúrgicas o EPI que establecía el protocolo. "No había material para todos", era la respuesta más repetida. Ahora tras conversaciones con sus compañeros, reconoce que las cosas han cambiado aunque subraya que en el Hospital Virgen de la Vega, donde se atiende a los pacientes no COVID sigue sin haber las suficientes protecciones necesarias para todos los profesionales sanitarios.

En cuanto esté recuperado, quiere volver a ayudar sus compañeros con el deseo de que "no se racanee en mascarillas, ni en elementos de protección indispensables". Mantiene la sonrisa en casa y se dedica a enviar mensajes de apoyo a sus compañeros: "Volveré", repite.

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