04 marzo 2021
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El duro pronóstico de González Rumayor: “No es descartable que los ingresos se dupliquen cada siete días”

“La presión hospitalaria se verá aliviada claramente cuando en pocas semanas se haya completado la primera etapa de la vacunación”, señala

González Rumayor es el director de I+D+i de Atrys Health, una empresa que hasta la pandemia se dedicaba al servicio de diagnóstico y pronóstico de tumores y telemedicina. Ahora ha puesto todo su conocimiento al servicio de la lucha contra la pandemia utilizando el Big Data y el desarrollo de algoritmos con los que avanza que a corto plazo el virus acabará con las diferencias entre regiones para igualarnos a peor. Para evitar la agonía considera que hay que tomar decisiones rápidas y contundentes.

–Su compañía presta servicios sanitarios con aportaciones tan novedosas como la biopsia líquida, ¿cómo ha modificado la pandemia de COVID la estrategia de trabajo?

–Desde los primeros días de la declaración de la pandemia por la OMS, decidimos, sin abandonar nuestra actividad habitual, dedicar gran parte de nuestros esfuerzos a reforzar el diagnóstico COVID. Ello nos ha obligado a adaptar nuestros flujos de trabajo en los laboratorios de diagnóstico. Hemos establecido una unidad COVID que desarrolla asesoramientos personalizados a compañías que quieran garantizar la seguridad de sus empleados y realizamos diagnóstico precoz de sintomáticos y rastreo de contactos.

–El COVID abre oportunidades para afrontar retos y nuevas líneas de acción en salud y biotecnología. ¿Cuál es el papel de los algoritmos y el Big Data en este nuevo escenario?

–Desde hace ya bastante tiempo se viene hablando del papel del Big Data en la medicina. Sus contribuciones al desarrollo de algoritmos diagnósticos o al avance de la medicina genómica son indudables y serán decisivas y definitorias de la nueva medicina de precisión. Pero además, la pandemia nos está ofreciendo en tiempo real un claro ejemplo de la posible contribución de estas herramientas en el área de la salud pública. Sabemos que el virus se propaga bajo principios físicos y biológicos de forma similar a la mayoría de los virus respiratorios, y que tiene unas tasas de infectividad más o menos conocidas en las diferentes variantes que van apareciendo. También conocemos que determinadas variables socioeconómicas y demográficas afectan a la expansión del virus. Sin embargo, aún no somos capaces de explicar los diferentes comportamientos en los distintos países y regiones en diferentes tiempos. Por ejemplo, dos regiones limítrofes con Castilla y León, como son Extremadura y Asturias han arrojado unos datos muy contenidos desde el fin de la primera ola, y sin embargo han surgido con enorme fuerza tras la segunda. Esto mismo ha ocurrido en países como Portugal o Irlanda, y no se dispone de una explicación clara de estas variaciones. La integración de datos provenientes de variables de orígenes muy diferentes nos va a permitir desarrollar modelos matemáticos explicativos de estos comportamientos diferenciales que sean extensivos a cualquier situación en cualquier momento. A partir de ahí, la construcción de modelos predictivos precisos se muestra como una tarea abordable que permitirá el diseño de medidas y políticas sanitarias ajustadas a cada circunstancia.

–¿Cuáles son sus predicciones sobre la tercera ola en Salamanca?

–Si bien no tenemos datos específicos de Salamanca, sí es cierto que prevemos una homogeneización del comportamiento de la pandemia en todo el territorio nacional, de forma que las diferencias observadas en meses anteriores tienden a desparecer, lamentablemente con una tendencia a igualar a todos en los peores escenarios. Hace ya varios meses que trabajamos con los datos de hospitalización para ver las tendencias y poder predecir el comportamiento de una forma más independiente de la variabilidad de la intensidad del testeo que, como todos sabemos, varía en los distintos países y regiones. Tomar como variable principal la hospitalización nos permite, además, ajustar más la predicción en la disponibilidad de recursos. Teniendo en cuenta estos datos, nuestras predicciones apuntan a que un escenario en el que el número de hospitalizaciones se duplique cada siete días no es descartable. Esto conduciría en poco tiempo a un colapso del sistema sanitario de características no inferiores al de la primera ola.

–¿Qué decisiones se pueden adoptar en función de la predicción de impacto?

–En este momento sería necesario aplicar de forma inmediata medidas muy contundentes durante el menor tiempo posible. El tiempo depende de la contundencia. Las medidas no contundentes prolongan la situación en condiciones de mínima supervivencia y abocan a estos sectores a una larga agonía. No nos podemos permitir instalarnos en una situación peor a la de la primera ola. Es verdad que sabemos luchar clínicamente mejor contra el virus, y que disponemos de más y mejores recursos materiales, pero también es verdad que el nivel de extenuación de nuestros profesionales es extremo.

–Salamanca ha sido una de las provincias más castigadas desde el inicio de la pandemia, ¿qué factores han propiciado esto?

–Hoy todavía no tenemos las claves que nos permitan saber las causas concretas de las diferentes incidencias en las distintas regiones o incluso países, más allá de la reciente aparición de variantes más infectivas, que no es el caso de la Salamanca de hace tres semanas. Estamos aprendiendo sobre el terreno a medida que evoluciona la pandemia. Los principios biológicos de los modos, vías y tiempos de infección son ya sobradamente conocidos y son exactamente iguales en todas las regiones. Es un virus de alta de transmisión asociada a la relación social de proximidad y es aquí donde está la clave de las diferencias. Para disminuir la incidencia acumulada es clave la detección de asintomáticos, el rastreo de contactos, y sobre todo, el aislamiento efectivo de contagiados. De nada sirve tener diagnósticos de asintomáticos y rastreo de contactos si no hay medidas eficaces que aseguren el aislamiento efectivo de los contagios. Esto es especialmente importante en el caso de asintomáticos, que en muchos casos se consideran erróneamente a sí mismos como no contagiosos. Si el porcentaje de asintomáticos es elevado, el riesgo de tener elevadas tasas de incidencia es mayor por no ser fácil adoptar las medidas necesarias de aislamiento. El último estudio de prevalencia indica que Salamanca está tres puntos por encima de la media de España y que la detección de incidencia del virus por PCR y antígenos está al menos cuatro puntos por debajo de la detectada en serología. Es decir, hay un porcentaje residual de asintomáticos no detectado ni, por tanto, aislado y rastreado en sus contactos.

–Las vacunas modificarán el escenario de los contagios ¿Cómo afectará a estas predicciones la campaña?

–Indudablemente la vacunación es, hoy por hoy la única herramienta eficaz en la lucha contra el virus. La estrategia de vacunación con grupos priorizados no tendrá en el corto plazo un efecto importante en la disminución de la incidencia acumulada, pero sin embargo sí tendrá un efecto en las hospitalizaciones. Más que el efecto de protección frente a la infección, es interesante el efecto de las vacunas en asegurar un pronóstico leve de la infección en caso de que se contraiga. Al vacunar prioritariamente a la población más vulnerable, estamos sacando de la ecuación precisamente a aquella población que aumenta la carga en las hospitalizaciones y los ingresos en UCI. Por tanto, con independencia de las tasas de transmisión del virus, y de la incidencia acumulada, la presión asistencial se verá aliviada claramente cuando se haya completado esta primera etapa de vacunación, en el plazo de unas pocas semanas.

–¿Tienen cálculos de a qué ritmo deberíamos inmunizar para alcanzar la nueva normalidad?

–Nueva normalidad es un término lo suficientemente ambiguo cómo para no poder contestar la pregunta. Si entendemos por nueva normalidad una situación regulatoria similar a la que se estableció el 21 de junio tras el fin del primer estado de alarma, con el ritmo marcado por el Ministerio parece que pueda alcanzarse ese estado antes del fin del estado de alarma previsto para el mes de mayo. Sin embargo, si hablamos de abandonar medidas como la retirada de mascarillas obligatorias o determinadas restricciones de aforo en diferentes medios, no parece posible que al ritmo previsto pueda llegar antes del fin de verano.

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