19 septiembre 2020
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El drama de los jóvenes investigadores salmantinos

El confinamiento vació laboratorios y bibliotecas y machacó a los contratados posdoctorales de la Universidad. Así ven su futuro

07 ago 2020 / 20:39 H.

La crisis del coronavirus ha puesto en boca de todos la palabra ciencia. Las investigaciones relacionadas con el COVID-19 han ocupado las portadas de los periódicos y la imagen que la opinión pública tiene de los científicos es, en general, mucho más positiva que hace unos meses. Pero el coronavirus también ha tenido consecuencias negativas en el ámbito científico, y más en concreto, entre los investigadores jóvenes.

El confinamiento restringió el acceso a los laboratorios y las bibliotecas, impidiendo que los investigadores predoctorales y postdoctorales pudiesen avanzar en sus actividades, un parón difícil de soportar por un colectivo que, según denuncian, sufre una importante precariedad laboral, encadenando contratos temporales, con sueldos mileuristas y una carga laboral que, en algunos casos, excede, con mucho, las funciones para las que fueron contratados.

Esta difícil situación se ha agravado con la pandemia. “El tiempo de pausa no podrá recuperarse completamente tras la vuelta a la actividad normal”, alertan desde las asociaciones Salamanca Innova, Investigación Activa de la Universidad de Valladolid (Iniciativa) y la Asociación de Investigadores en Formación de la Universidad de León, por lo que piden una prórroga de todos los contratos de todas las administraciones y con independencia del tiempo que les quede para finalizar su relación contractual. El Gobierno sí anunció una prórroga de tres meses solo para investigadores en su último año de contrato, pero preocupa la situación de aquellos contratados a través de las convocatorias de la Junta de Castilla y León, ya que el Gobierno Regional, de momento, no ha llevado a cabo la ampliación,

En la Universidad de Salamanca hay 56 contratados posdoctorales a los que hay que sumar otros 249 predoctores y 85 contratados con cargo a diversos proyectos. Un número muy importante de investigadores para los que lo sucedido es la puntilla a una situación más que complicada. Los posdoctores encadenan contratos de dos, tres o cuatro años sin saber si en la siguiente convocatoria tendrán suerte o después de una década dedicado a la ciencia tendrán que decantarse por otra actividad profesional.

El drama de los jóvenes investigadores salmantinos

Camilo José Morado Díaz (investigador posdoctoral en el Instituto de Neurociencias): “Como salen tan pocas plazas, la competencia es feroz”

La campaña #SinCienciaNoHayFuturo ha visibilizado las situaciones injustas a las que se enfrentan numerosos jóvenes investigadores como Camilo José Morado Díaz. “3 años de investigación predoctoral, 4 años de tesis doctoral, 2 postdocs en centros distintos y me voy a la calle en octubre. Y no es mala suerte, casi todos estamos exactamente igual. Necesitamos un esfuerzo mayor por la investigación”. Estas fueron las palabras con las que hace unas semanas el joven investigador dio a conocer en las redes sociales su complicada situación. “Solo pretendía poner un ejemplo de lo precaria que es la situación actual de los investigadores de nuestro país sumándome a la campaña de protesta virtual”, explica Carmelo José, investigador en el Instituto de Neurociencias.

Estudió Biología en la Universidad de Sevilla y atraído por la investigación estuvo tres años en el Departamento de Fisiología. Después consiguió un contrato predoctoral asociado a proyectos de excelencia de la Junta de Andalucía y así pudo realizar la tesis doctoral en Neurociencias, estudiando el efecto reparador del implante de células madre en lesiones del sistema nervioso central.

“Publiqué varios artículos y capítulos de libro y realicé dos estancias, en la Universidad de Viena y en el Instituto Mario Negri de Milán”, recuerda y explica: “En poco tiempo encontré un laboratorio en la Universidad de Cádiz donde me contrataron durante menos de un año para investigar sobre los efectos protectores de un fármaco en las motoneuronas de modelos animales de esclerosis lateral amiotrófica. No era mucho tiempo, por lo que tuve que echar muchas horas de más, pero me vino bien para aprender nuevas técnicas, ayudar a terminar un proyecto”. A continuación se trasladó a Salamanca. “Mi mujer, también investigadora, consiguió un contrato postdoctoral de la Junta de Castilla y León en el Instituto de Neurociencias (INCYL), en Salamanca. Aquí me concedieron un contrato postdoctoral Juan de la Cierva de formación para trabajar con un grupo que estudia la capacidad predictiva del cerebro con estímulos auditivos. Debido a los plazos del Ministerio, estuve un año completo en el paro. En ese tiempo trate de conseguir algún puesto temporal en empresas privadas locales, pero nada, así que me dediqué a hacer cursos formativos”.

Terminando el contrato Juan de la Cierva —ya ha publicado un artículo con los resultados y tiene otros dos en preparación—solicitó otros contratos postdoctorales, pero no ha habido suerte. “Como salen a concurso tan pocas plazas de profesorado, la competencia es feroz y nos enfrentamos a candidatos con muchos más años de experiencia y currículos mejores”, lamenta y apunta que tiene la acreditación de ayudante doctor de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA).

Su contrato acaba en octubre y, aunque está pendiente de otras solicitudes de convocatorias postdoctorales, se teme que volverá al paro por otro tiempo indefinido o tendrá que irse al extranjero. “Este es el caso de la mayoría de los investigadores españoles: años de formación y financiación pública, produciendo adecuadamente, y sin futuro en un país por falta de inversión suficiente en algo tan rentable como la investigación. La investigación tiene muchos problemas más, pero si seguimos estrangulándola, nos quedaremos sin futuro”, concluye.

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María Capilla Mata Pérez (contratada posdoctoral en el CIALE): “En ciencia nunca se para de buscar opciones para seguir”

Natural de Jaén, María Capilla Mata Pérez trabaja en el Centro Hispano-Luso de Investigaciones Agrarias con un contrato posdoctoral de la Junta de Castilla y León.

Tras la tesis obtuvo una beca de la Fundación Alfonso Martín Escudero para iniciar una estancia posdoctoral en el grupo de Steven Spoel, en la Universidad de Edimburgo. En abril de 2019 se trasladó a Salamanca con un contrato posdoctoral de la Junta que está a punto de expirar. “Tuve la suerte de incorporarme a un grupo puntero en el campo del óxido nítrico en plantas, con un supervisor que permite la creatividad, la iniciativa y la flexibilidad en cuanto a horarios. Esto hace que realizar ciencia sea una auténtica gozada”, reconoce la joven investigadora.

Sobre las consecuencias negativas del confinamiento en los proyectos de investigación, María Capilla Mata comenta: “El confinamiento nos ha brindado la oportunidad de detenernos a reunir resultados para poder publicarlos, algo de lo que carecemos los que pasamos una gran parte del tiempo en la poyata del laboratorio, del tiempo para leer artículos científicos y pensar en los resultados que tenemos listos para su publicación. Además, he supervisado dos trabajos fin de máster que he tenido que corregir durante el confinamiento. En este sentido, esta etapa ha sido altamente productiva a nivel científico”, afirma.

Pero el confinamiento ha tenido también consecuencias negativas para María Capilla Mata: “Ha supuesto un retraso importante en los diferentes ensayos previstos. Es por ello que si la Junta considerara una prórroga de los contratos, sería altamente beneficioso para todas las partes implicadas. Dado que mi contrato finaliza en diciembre y, hasta la fecha no tengo asegurada ninguna continuidad, la prórroga sería enormemente bienvenida”.

Ante la situación, la joven investigadora está buscando alternativas. “En mi caso, he solicitado este año un contrato ‘Juan de la Cierva incorporación’ (está la primera en la lista de reserva)”, comenta. También su supervisor ha pedido de nuevo otro proyecto de la Junta con contrato posdoctoral asociado y también está a la espera de solicitar nuevos contratos en septiembre de este año. “En ciencia, nunca se para de buscar opciones para continuar”, asegura.

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Irene López (Instituto de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología): “La estabilidad brilla por su ausencia”

Hasta diciembre, Irene López está contratada en el Instituto de Estudios de la Ciencia y la Tecnología como investigadora posdoctoral a través de uno de los programas propios de la Universidad de Salamanca. Le han prorrogado cinco meses el contrato, un alivio temporal.

“Son cinco meses más cierta estabilidad laboral, la cual brilla por su ausencia en la carrera investigadora. Más allá de lo puramente laboral, también ha supuesto sentir que la Universidad de Salamanca reconozca y respalde mi labor como investigadora y que haya un esfuerzo por equiparar a los investigadores de su programa propio con el resto de investigadores de convocatorias nacionales. En la práctica eso se ha traducido en que estuviéramos en igualdad de condiciones para poder terminar unas tareas de investigación que en su mayor parte habían quedado en suspenso debido al estado de alarma”, explica Irene López, que investiga sobre la relación entre ciencia y sociedad.

“Mis planes de futuro incluyen dos temas prioritarios: en primer lugar, seguir investigando porque me apasiona y porque a estas alturas no hay otra cosa que sepa hacer mejor. Y en segundo lugar, conseguir cierta estabilidad laboral después de nueve años dedicada a la labor investigadora, solapando contratos que comienzan y que cuando terminan no sabes qué va a ser de tu vida. Esa incertidumbre hace que se pierdan muchas vocaciones por el camino. Muchas veces hacemos hincapié en cómo afecta esta precariedad a nuestra vida personal, que sin duda afecta notablemente, pero es que también a nivel profesional esta incertidumbre laboral es un lastre importante: nos encontramos redactando proyectos para poder sufragar nuestros propios contratos y perdemos un tiempo precioso de nuestra carrera investigadora intentando conseguir nuestro propio sueldo de alguno de estos proyectos”, explica y lamenta también que tengan que saltar de un tema de investigación a otro por falta de fondos.

La precariedad y la indefinición de nuestra carrera científica sigue lastrando en gran medida a los jóvenes investigadores, es una batalla de largo recorrido que tocará seguir librando porque no preveo grandes cambios a corto plazo”, concluye.

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