24 mayo 2019
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El desgarrador testimonio de la madre de una niña víctima de acoso escolar: “Llegué a vigilarla en el recreo”

Cuenta el “infierno” vivido por la pequeña con solo 8 años: psicólogos, partes de lesiones, pesadillas nocturnas y un radical cambio de carácter

08 abr 2019 / 09:03 H.

Es reticente a narrar su historia, pero lo hace para que los niños, y sobre todo los centros educativos, tomen conciencia de que es un problema que hay que atajar de raíz. Pilar —nombre ficticio para no revelar su identidad— es madre de una niña de tan solo nueve años, una menor que ya con ocho comenzó a sufrir los insultos y las amenazas de sus compañeros de clase, unas palabras que pronto se convirtieron en agresiones físicas y que ha llevado a la pequeña a vivir un “infierno” de inseguridades y cambios de humor.

“Nos dimos cuenta de lo que estaba ocurriendo porque la niña venía todos los días diciendo me ha pegado este, me ha pegado el otro, me han insultado... Al principio no le das importancia hasta que vemos que sale llorando, con magulladuras, golpes en las piernas, moratones...”, relata. Decidieron solicitar no una, sino varias entrevistas tanto como con la tutora como con la directora de este colegio público de la capital. “Presentamos hasta partes médicos de lesiones”. Sin embargo, Pilar veía que la situación no cesaba y que ni una sola persona, ni siquiera el AMPA del centro, tomaba algún tipo de medida para poner fin a los ataques. “Una de las veces tuvo una lesión en la cadera porque la empujaron contra un radiador y estuvo un mes casi en semibaja médica. Ya nos hartamos y decidimos activar el protocolo”, narra esta madre, quien ve “alucinante” que tuviera que ser ella la que lo hiciera —y por escrito— y no un profesional del centro. “El problema es que el protocolo no sirve de mucho porque los que forman parte de la comisión que se crea al efecto son profesionales del propio centro. Dictaminaron que no había acoso, que eran malas relaciones”.

En una situación de desesperación, intentó hablar con los padres de los agresores pero tampoco consiguió nada y todos ellos negaron la mayor. “Ver lo que está pasando casi todos los días y que nadie haga nada... Como madre es frustrante, es horrible”, cuenta. Y es que mientras Pilar trataba de buscar una solución, su niña continuaba siendo objeto de las diversiones de la clase. “Para ellos era un juego. Los agresores al principio eran unos cuantos pero al final terminan contaminando al resto de la clase. El juego era perseguirla por todo el patio. El 80% del aula lo hacía y cuando la encontraban a empujarla contra la pared”, recuerda.

Así, poco a poco y sin saber por qué, la pequeña se vio enfrentada a la mayoría de sus compañeros. “Yo le decía que no se juntara con ellos sino con sus amigos reales pero ella es muy sociable y solo me decía: ‘Mamá yo quiero vivir normal’”. Y lo peor de todo, lamenta, es que el problema no se terminaba al salir del aula. “Ha tenido que estar con psicólogos, bajó las notas, se convirtió en una niña introvertida, desconfiada y tuvo unos transtornos de sueño impresionantes: se despertaba a las seis de la mañana llorando, negándose a ir al colegio y con unas pesadillas horribles”, cuenta. “Una vez para que ella fuera a clase me tocó prometerla que yo iría al colegio a cuidarla y llegó un punto que me fui a vigilarla al recreo”, manifiesta Pilar.

Pero ni por esas nadie movió un dedo. “Decidimos sacarla este año porque era inaguantable. Ahora en el colegio nuevo está maravillosamente”, dice emocionada. “Ha sido un cambio radical. Sé que no va a olvidar esto pero espero que por lo menos en parte salga reforzada”, concluye.