30 octubre 2020
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El crudo testimonio de una peluquera salmantina: “Estoy tirando de mis ahorros”

Olaya confiesa que no podría mantener su negocio abierto con otra cuarentena. “Ahora no trabajamos ni las tres cuartas partes y encima pagamos IVA de lujo”

Olaya es una empresaria de raza. Gracias a sus ahorros mantiene su peluquería abierta con tres trabajadores, a los que sacó del ERTE al principio del estado de alarma, cuando al dejarles abrir tenía una lista de espera de hasta dos meses para cortarse el pelo. Pero aquel espejismo se esfumó. Ahora la gente tiene miedo y piensa menos en arreglarse el pelo, pero los gastos siguen siendo los mismos.

“No podría aguantar otra cuarentena, ya no me quedan ahorros para afrontarla”, reconoce. “Apenas he tenido ayudas. No me han rebajado el alquiler, tengo dos hijos y hasta tuve que adelantarle el sueldo a una de las trabajadoras porque le retrasaron el pago del ERTE”. Así es Olaya, la cara visible de un sector en el que muchos empresarios han tenido que solicitar créditos ICO para tener liquidez o que no han podido sacar a sus trabajadores del ERTE y tienen que llevar ellos solos el negocio para mantenerse a flote, “haciendo muchas horas y pagando lo mismo”.

Lidia con clientes muertos de miedo y con negacionistas: “¡Tenemos que decirles que se suban la mascarilla!”

Los negocios como el de Olaya se sienten al límite y maltratados. “No hemos tenido los privilegios de otros sectores y encima nos mantienen el IVA del 21% como si fuéramos un sector de lujo, cuando durante el estado de alarma quedó demostrado que somos un sector esencial”. Insiste en que son unos de los pocos gremios en los que no se han detectado contagios, a pesar de tener un contacto muy estrecho con los clientes. “Tuvimos que comprar geles, mascarillas y pantallas aún sin saber qué protocolos de protección teníamos porque no los publicaron hasta tres días después de permitirnos abrir”, lamenta la empresaria. Ella, como muchos de sus compañeros, optó por reiniciar la actividad tras el estado de alarma con los protocolos publicados, “aunque hemos tenido que pagar por esos días sin actividad igualmente”. Ahora lidia con el miedo de los clientes, con su incertidumbre e incluso con los negacionistas. “Inexplicablemente tenemos que decirles a algunos que se pongan la mascarilla porque a la menor se la bajan”, asegura la mujer. Ahora es la portavoz de la nueva Asociación de Peluquerías de Salamanca PESAL. Pertenecen a la confederación CES y todo apunta a que no pasarán desapercibidas. Su batalla en esta guerra: lograr rebajar el IVA al 10%, ya que se subió en 2011 al 21%.

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